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ENSAYO

Pedro Corral: Desertores. Los españoles que no quisieron la Guerra Civil

domingo 24 de septiembre de 2017, 15:35h
Pedro Corral: Desertores. Los españoles que no quisieron la Guerra Civil

Almuzara. Córdoba, 2017. 379 páginas. 19 €.

Por Carlos Abella

Este es un libro incómodo, porque desmitifica heroísmos supuestos de ambos bandos de la guerra civil española y porque pone sobre la mesa la íntima percepción de cualquier ser humano ante el hecho de participar en una guerra en la que además de matar tienes que hacerlo de gentes de tu mismo país, región, provincia, ciudad, o pueblo. Por eso fue una guerra civil.

Pedro Corral (San Sebastián, 1963) es un escritor valiente, audaz, y convencido de que nada ha perjudicado más a la verdad de la guerra civil que la percepción posterior de que fue una guerra de buenos, “los republicanos”, contra malos, “los franquistas”.

Para desmontar esa potente propaganda histórica de toda la izquierda, Corral ha tratado –con éxito- de relativizar el entusiasmo y la adicción de muchos de los integrantes de cada bando de la guerra civil, aspecto que no se había abordado pues descubrir esa laguna venía a disminuir la monolítica y épica imagen que los propagandistas pretendían trasladar a la historia para distinguir entre los “convencidos” – según ellos los que luchaban por defender la legalidad republicana- y a quienes defendieron el ejército “nacional”, desde la convicción liberal, conservadora, falangista, católica o monárquica a los que se pretendía – y a eso han dedicado miles de páginas algunos historiadores o quienes han pretendido desvirtuar años después desde la política - quitar todo tipo de romanticismo, reduciendo su adicción a la presencia en sus filas de los refuerzos de alemanes e italianos, de legionarios y de “moros”, en una palabra a “mercenarios”, situando en cambio la presencia de las Brigadas Internacionales como fruto de la solidaridad ideológica e internacional.

El autor subraya: “Que en el vasto océano editorial a que ha dado lugar el conflicto de 1936-1939 nunca se hubiera tratado a fondo un aspecto tan propio de todas las guerras como es la deserción indica claramente hasta qué punto sigue pesando la propaganda de ambos bandos sobre nuestra forma de recordar y enjuiciar la Guerra Civil” .

El descubrimiento y la revelación de este fenómeno ha incomodado a los historiadores que durante años se han dedicado a relatar la guerra y sus peripecias como si hubiera sido producto exclusivo -insisto exclusivo- de la confrontación entre adictos a cada una de las ideas en juego. Y Corral acredita que no fue asi y que como en toda vivencia, hubo miles de españoles que ni querían ir a la guerra y que una vez en ella otros miles trataron de huir de sus cometidos o que -precisa Corral- “no secundaban la guerra o incluso que eran contrarios a ella" y es que los desertores no responden a un perfil preciso.

Corral ha contado con el testimonio vivo de muchos que consiguieron borrar de su historial la deserción o de otros que la reivindican como una prueba de su valor, de su astucia o de su miedo. En su introducción, Corral reivindica que “la deserción es un acto de valentía y lealtad extrema y también un acto de ingenio”, desvelando que “la imaginación del español fue portentosa. Encontraron miles de fórmulas para no ir a filas”.

En la presentación de este libro, el gran periodista Santiago González hizo una acertada definición de desertor: “Un desertor es un personaje aborrecido por los suyos y despreciado por los enemigos, que lo aceptan solo por razones prácticas, para debilitar al adversario. Detrás de esa verdad oculta de los desertores está el quid de la cuestión: los españoles no latían de entusiasmo por alistarse en ninguno de los dos bandos”.

Según las investigaciones de Corral “en el otoño de 1936, los voluntarios en armas en la zona gubernamental no superaban los 120.000, mientras que en la sublevada no pasaban de los 100.000. …cifras realmente exiguas si se tiene en cuenta que España tenía entonces una población cercana a los 24 millones de personas. Por esta razón, los dos bandos hubieron de recurrir desde las primeras semanas del conflicto a la recluta forzosa para nutrir sus ejércitos. Los gobiernos de la República movilizaron a lo largo de toda la guerra un total de 26 reemplazos, los incluidos entre 1915 y 1941, desde mozos de dieciocho años a reservistas de cuarenta y cuatro.

El bando franquista llamó a filas durante toda la contienda a 15 reemplazos, los comprendidos entre 1927 y 1941, es decir, reclutas entre los dieciocho y los treinta y tres años. Los efectivos potenciales que representaban todos estos llamamientos a filas sumaban 5.000.000 de hombres. Sin embargo, ambos ejércitos solo sumaron cerca de 2.500.000 en toda la contienda. Lo que significa que una cifra similar se las ingenió de todas las formas posibles para evitar la marcha al frente. Es decir, uno de cada dos individuos en edad de ir a filas evitó su incorporación a la lucha fratricida…”

Como conclusión, el libro es extenso pues tiene 347 páginas, -sin contar las notas y la bibliografía-, y se divide en seis apartados: “La fuga”, “Ni un paso al frente”, “La forja de un desertor”, “La guerra dentro de la guerra”, “Juicios y represalias contra los desertores” y “Las otras deserciones: automutilación y confraternización”, en los que ofrece ejemplos con nombres y apellidos de los casos de miles de españoles de toda condición que prefirieron ocultarse ante su cita con las armas, cambiar de bando en plena noche, o simular enfermedades o incluso heridas hechas por sí mismo para ser relevado de permanecer en el frente expuesto a las balas enemigas. Pero al concluir su lectura, el lector conocerá mejor el contrasentido de nuestra Guerra Civil.

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