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TRIBUNA

Independenazis

domingo 24 de septiembre de 2017, 19:54h

Hitler vociferaba: los judíos arruinan Alemania. Chillan los independenazis: España nos roba. Aquél mandó incendiar el Reichstag. Estos han abatido al Parlament. El totalitarismo engaña para justificar su relato redentor y su barbarie. Acosar a alcaldes defensores de la ley revela esa insidiosa falta de respeto hacia el adversario político que impera en Cataluña desde hace años. Destrozar vehículos policiales evidencia esa loca prepotencia de quien se cree legitimado por una historia hecha a su medida. Atacar el comercio de quien disiente es un siniestro revival en versión estelada de la esvástica campeando durante La noche de los cristales rotos. Tras años adoctrinando en las escuelas mediante libros de texto que falsifican vergonzosamente los hechos hasta lo irrisorio, el secesionismo usa a sus Hitlerjugend para tomar la calle e, incluso, la Universidad, doctorándose los estudiantes como soldados políticos, tal y como se les exigía bajo el nacional socialismo. Y para cerrar un irresponsable círculo infernal, centenares de sacerdotes ansían una supuesta Iglesia catalana, emulando aquél Cristianismo alemán, títere del III Reich y preocupándose más por el territorio y la frontera que por salvar almas. ¿Y son estos quienes quieren dialogar? Claman democracia y avasallan a la oposición. Invocan la ley los mismos que la vulneran. Presumen de pacíficos cuando imponen una guerra de nervios. Inventan su derecho a decidir allí donde el ordenamiento no lo contempla. Y así revientan la legalidad. Una revolución consiste en alterar una Constitución a través de medios no previstos por ella.

Quien se sitúa fuera de la ley, delinque, y acaba convertido en delincuente y con probable destino en prisión; preso común, no político. Error conceptual inexplicable en un profesor universitario de Ciencias políticas, metido a demagogo populista. Pablo Iglesias debiera volver a la tarima docente a explicar a sus alumnos dos golpes de Estado contra la democracia española: el 23-F en el Congreso de los Diputados y el 8-S en el Parlament. Pero como el de todos los izquierdistas radicales, el drama de Iglesias es que está enfermo de sectarismo y demagogia. Y el aquejado más crónico es Rufián, tipo achulado que dispone de dos equipaciones cuando salta a la tribuna del Parlamento: la negra del fascismo y la parda nazi. Su crispación totalitaria siempre sintoniza con ambos colores. Esta turba no persigue la independencia de Cataluña, sino la destrucción de España, la quiebra de un Estado democrático y de Derecho.

Los catalanes están hoy en manos de agitadores más que de gobernantes. ¿Quién se ocupa de los problemas de la gente? ¿Dónde están las élites catalanas? ¿Dónde quedó aquél catalanismo inspirado y dirigido por Francesc Cambó que, rechazando al separatismo y al marxismo, pretendía influir en la dirección de la política española. ¿No se dan cuenta algunos que en Cataluña pero también en el resto de España los tontos y los malvados van aumentando y tornándose en amenaza? Es la libertad la que hace que, a pesar de pertenecer a orillas diferentes, muchas personas se encuentren más cerca que nunca. Entre demócratas no se va a la guerra. Sí cabe solución si previamente cabe concordia y sentido común. En Historia de un alemán, Sebastián Haffner afirma: Ni Austria ni Checoslovaquia, el primer territorio ocupado por los nazis fue Alemania. Y Alemania dejó de ser Alemania. Los independenazis pretenden que Cataluña deje de ser Cataluña.

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