El ex jugador ha criticado esta era de equipos plagados de estrellas.
Michael Jordan ha roto su estudiado silencio ofreciendo una entrevista para la publicación Cigar aficionado en la que ha cargado contra el presente de la NBA. Lo que ya había susurrado previamente en los últimos meses y años ha quedado constatado, de forma vehemente, este viernes: al astro que propulsó el baloncesto de Estados Unidos hasta la dimensión universal y legendaria no le gusta que su deporte esté dividido entre los equipos que acumulan estrellas y el resto. Las plantillas de Golden State Warriors y de Cleveland Cavaliers -que han jugado tres Finales consecutivas, hito pionero- y los pomposos fichajes de este verano restan interés, según el icono de los Bulls.
El cinco veces MVP de la NBA y ganador del anillo en seis ocasiones, considerado como el mejor de todos los tiempos, es un ser humano extremadamente competitivo. Esta acepción se denudaba de manera explícita sobre la cancha, pero, fuera de ella, también. Lo hizo en su 'competitivo' discurso con el que recibió su entrada en el Salón de la Fama -vacilando y picando a algunos de sus compañeros de época-, no del todo entendido por el contexto de homenaje que recibía aquel día.
Y también ha rebosado esa faceta cuando los actual campeones del baloncesto estadounidense rompían el récord de 72-10 que poseía Jordan junto a Pippen, Rodman y compañía -incluido Steve Kerr, técnico de la bella máquina que lideran Curry y Durant-. Cuando los californianos llegaron a marcar una nueva gesta, sellando el 73-9 en la temporada regular de 2015-16, deslizó que si no cerraban ese curso mágico con el anillo, el récord perdería fuelle. Él lo consiguió en Chicago durante la 1995-96. Récord de victorias y campeonato.
Y a comienzos de 2017 volvió a recordarle esa circunstancia -los Warriors perderían contra los Cavs de Lebron en una dramáticas Finales- al dueño de la franquicia de Golden State. Joe Lacob ha desvelado la incómoda conversación en cuestión: "Durante las negociaciones del nuevo convenio, estaba en un comité y almorcé un día con varios propietarios, entre ellos Michael Jordan (que dirige a los decrépitos Hornets). Éramos seis y de hecho uno era Dan Gilbert, de los Cavaliers. Estábamos tomando algo tranquilamente cuando Jordan vino y me dijo: ‘¿Sabes? El 73-9 no vale una mierda’. Yo me quedé mirándole y prefería no darle más importancia. Simplemente le dije que tenía razón, que se nos escapó el anillo y que teníamos que mejorar para que no fuera así".
Hace seis días Klay Thompson, componente destacado de los Warriors que suman dos anillos en los últimos tres años, expuso que el objetivo de su vestuario era imitar la dinastía creada por Jordan en los Bulls. Y este viernes ha tenido su contestación pertinente, porque su trono no se toca. Por lo menos no lo tocan aquellos que han tomado su relevo. Porque con respecto a sus antecesores ilustres -Bill Russell, Wilt Chamberlain, Jerry West- se limita a declarar que "uno nunca puede decir quién es el mejor de todos los tiempos, porque todos jugamos en épocas diferentes".
Sin embargo, sí considera acertado relativizar el éxito de los de la bahía de San Francisco, argumentando su explicación en el contexto de bonanza económica que atraviesa la Liga y que ha conllevado cierta concentración de estrellas en un puñado de equipos. Sobre todo, esta tendencia se ha agudizado este verano, con la reunión de Westbrook, Carmelo Anthony y Pual George en Oklahoma, de Chris Paul y James Harden en Houston, de Wade, Lebron, Isaiah Thomas, Derrick Rose y Kevin Love en Cleveland y de Curry, Durant, Thompson y Draymond Green en Oakland.
“Se está dañando a la Liga desde un punto de vista de competitividad. Vamos a tener uno o dos equipos que van a ser grandes y 28 que van a ser una basura. O que van a pasarlo muy mal para sobrevivir en el plano empresarial”, ha denunciado, para, a continuación, diagnosticar que “las estrellas se están poniendo de acuerdo para juntarse en equipos determinados y estas estrellas ya no acaban en mercados pequeños, por lo que debemos darle más importancia al draft porque sabemos que de otra forma no podremos conseguir que los LeBron de este mundo acaben en Charlotte”. Eso sí, al fin y al cabo, su prestigiosa voz no ha hecho otra cosa que sumarse al debate sobre los superequipos y su coherencia con la política tradicional del reparto del talento de la NBA.