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AUNQUE LA LLUVIA DA UNA TREGUA

Remiten las llamas en Galicia y la lluvia apaga los fuegos de Asturias

Remiten las llamas en Galicia y la lluvia apaga los fuegos de Asturias
EL IMPARCIAL/Efe
martes 17 de octubre de 2017, 10:03h

Galicia ha comenzado ya a evaluar los daños de la desoladora ola de incendios que ha atravesado la comunidad de norte a sur en los últimos días, mientras los servicios de extinción tratan de extinguir las últimas llamas y rescoldos que aún permanecen activos. Poco más de una decena de fuegos permanecen sin estar estabilizados a estas horas en Galicia, aunque algunos llevan quemando terreno desde hace varios días.

Es el caso de los incendios que afectan a la localidad lucense de Cervantes, en pleno corazón de Os Ancares, donde las llamas han consumido zonas de alto valor ecológico y natural, con castaños centenarios que han sido pasto del avance de las llamas y han puesto en peligro hábitats de animales amenazados como el oso pardo o el urogallo. Allí se han desplazado un centenar de soldados de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que, con la ayuda de la lluvia que ha caído en varios momentos del día, tratan de extinguir junto con otros efectivos uno de los incendios más duraderos de la actual ola de fuegos.

Mientras tanto, el cuerpo de bomberos sigue presente en la localidad orensana de Carballeda de Avía, vigilando que no vuelvan a brotar llamas en un municipio que ha sufrido los rigores de los incendios en cerca del 70% de su superficie y en la práctica totalidad de sus núcleos poblacionales.

Algunas de las paisanas más ancianas de la zona comentan con asombro que, en su larga vida, nunca vieron cosa semejante a las -describen- "tormentas de fuego" provenientes del próximo incendio de Melón que en la tarde y noche del domingo arrasaron, en cuestión de horas, los montes cercanos y alguna vivienda, causando incluso la muerte a un vecino de esta localidad que trataba de socorrer a su ganado. A este hombre se le daba hoy el último adiós en una iglesia rodeada de tierra inerte, quemada, en la que únicamente permanecen en pie los pinos y eucaliptos que han soportado el paso de las llamas.

Similar estampa presenta la localidad pontevedresa de As Neves, limítrofe con Portugal, país del que procedieron los fuegos que, tras cruzar un río Miño de caudal paupérrimo, quemaron desde el mediodía del domingo hasta -calculan las autoridades locales- el 90% del terreno forestal del municipio. Aquí la destrucción de los núcleos habitados alcanza cotas inusitadas, con una veintena de viviendas consumidas por las llamas y una multitud de graneros, almacenes o vehículos agrícolas también inutilizados.

Sin embargo, lo más destacado del paso de los incendios en As Neves es el estado del aserradero local, destruido por completo por el fuego y convertido ahora en un escenario post apocalíptico, donde se amontona la maquinaria calcinada junto a cientos de troncos de madera ennegrecidos y a una nave industrial de inmensas dimensiones derruida, con unas cubiertas metálicas dobladas y retorcidas por el calor.

Los propietarios, desolados ante la magnitud del suceso que ha terminado con el lugar donde trabajaban hasta hace nada un total de 24 empleados, no han querido hacer declaraciones a los medios, mientras que los vecinos de As Neves se muestran incrédulos ante la rapidez y virulencia de lo acontecido.

Vicente González, vecino de A Porqueira, aldea donde se alcanzaron mayores cotas de destrucción, relata que en apenas unas horas el fuego arrasó todos los alrededores, a velocidades inusitadas y nunca vistas antes, subraya, pese a que vive en una zona donde es habitual que arda todos los años.

El sur de Galicia, el interior de Pontevedra y gran parte de Ourense guarda hoy todavía el penetrante y persistente olor a ceniza en el aire, vestigio del paso de las llamas que han dejado un sendero negro de destrucción por donde han pasado. A la espera de encontrar culpables y dirimir responsabilidades, los vecinos de las zonas de Galicia afectadas tratan, pues, de pasar página y mirar adelante, a la vez que comienzan a salir las primeras y agónicas estimaciones de los daños reales causados por el fuego.

Lluvia salvadora en Asturias

Las intensas labores de extinción y el cambio de las condiciones climatológicas, con la llegada de lluvias y el descenso de las temperaturas, ha permitido reducir a sólo dos los incendios activos en Asturias, a los que hay que sumar otros nueve controlados, frente a los más de treinta registrados el lunes. Los trabajos de extinción se centran aún en los dos fuegos que permanecen activos, el de Sobrerilla, en Teverga, y uno ya muy reducido en Serandinas, en Boal, según datos facilitados por el Gobierno del Principado.

Los otros nueve focos, ya controlados, es decir aislados y sin avance, se encuentran en Allande (Forniellas, Corondeño y Rebollo), Cangas del Narcea (Llamas de Mouro), Castropol (Leirio y Arnao), Ibias (Serorio), Tineo (Rellanos) y Teverga (Cuña).

El Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) dio por extinguido el incendio de Fondos de Vega, en el concejo asturiano de Degaña, que desde el pasado miércoles ha quemado cientos de hectáreas y que amenazaba con entrar en la Reserva de la Biosfera de Muniellos, el mayor robledal del país.

Tras la extinción de este fuego, uno de los que más preocupaba en el Principado y que llegó a alcanzar frentes de un kilómetro, se procedió a desmovilizar a la Unidad Militar de Emergencias (UME), que había trasladado al Principado a unas 200 personas y 12 autobombas.

En esta situación, el consejero de Presidencia y Participación Ciudadana, Guillermo Martínez, ha bajado el plan contra incendios Infopa a nivel 0, de vigilancia y seguimiento para toda Asturias.

La mejora de las condiciones ya permitió ayer por la tarde regresar a sus casas a los más de cincuenta vecinos que la noche anterior fueron desalojados de tres pequeñas localidades de Cangas del Narcea: Larón, La Viliella y Gillón.

Igualmente, han vuelto a las clases los más de 2.500 alumnos de los 23 centros educativos del suroccidente asturiano en los que ayer se suspendió al actividad de forma preventiva ante la presencia de ceniza y la intensa humareda, que llegó a extenderse por buena parte de Asturias.

También ha vuelto a funcionar con normalidad el Hospital Carmen y Severo Ochoa, en Cangas del Narcea, después de que ayer se suspendieran las intervenciones quirúrgicas por precaución.

Al igual que lo ocurrido en Galicia, el Gobierno asturiano considera que esta oleada de incendios no puede achacarse a causas naturales, aunque ha pedido que se deje trabajar a los investigadores.

Una vez extinguidos los últimos fuegos, los bomberos comenzarán a perimetrar las zonas afectadas para determinar el número de hectáreas quemadas, que sólo en dos de los incendios, en Ibias y Degaña, superan las 500 hectáreas en cada caso.

Ésta es la segunda oleada de incendios más grave del año en Asturias, después de la registrada el pasado mes de abril, cuando llegaron a producirse en una sola semana 254 incendios que arrasaron miles de hectáreas en 52 de los 78 concejos asturianos.

Sólo en los nueve primeros meses de este año se han quemado en el Principado más de 14.000 hectáreas en 1.528 incendios, cifra que casi multiplica por diez toda la superficie arrasada durante 2016, un total de 1.544 hectáreas, según los datos del SEPA recopilados por la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei).

Asturias vivió en diciembre de 2015 una de las peores oleadas de incendios de los últimos años, cuando quedaron arrasadas 15.000 hectáreas en quince días.

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