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PUIGDEMONT SE MOFA DE NUEVO DE MARIANO RAJOY

jueves 19 de octubre de 2017, 11:03h
Como era de esperar, Carlos Puigdemont ha contestado a los requerimientos del Gobierno, mofándose, una vez más...

Como era de esperar, Carlos Puigdemont ha contestado a los requerimientos del Gobierno, mofándose, una vez más, de Mariano Rajoy y amenazándole con convocar a su Parlamento y confirmar la declaración de independencia.

Mariano Rajoy, conforme a la tradición de toda su vida, no quiere conflictos. Ha tratado el órdago secesionista catalán con su natural pasotismo, su merengoso pasteleo, la insuperable tentación por las concesiones al mequetrefe Puigdemont, a los independentistas trileros, a la gran farsa de la extrema izquierda antisistema catalana. Para el entorno de Rajoy, el presidente ha querido cargarse de razón. Y tal vez sea así, aunque destacados analistas, y entre ellos Isabel San Sebastián, encuadran su actitud en la cobardía.

El presidente del Gobierno ha creído durante el último año que no pasaría nada, que el tiempo lo arreglaría todo, que el secesionismo catalán se agotaría en sí mismo, que lo mejor era no hacer nada. ¡Qué error, qué tremendo error! A estas alturas, después de la carta del felón Puigdemont, no le queda ya más remedio al presidente que enfrentarse con el conflicto. La puesta en marcha del 155, aun arropado por Rivera y Sánchez, provocará situaciones de consecuencias imprevisibles. Pero ahí estamos. No se supo prevenir lo que se venía encima y no se tomaron las medidas que hubiera evitado la enfermedad actual.

Lo peor ahora sería caer en la indecisión ante las trampas de Puigdemont, el presidente trilero, el mediocre político de segunda división que se ha aprovechado de las debilidades de Mariano Rajoy y de su alergia al conflicto.

Existe un clamor en la opinión pública española en favor de que el Gobierno ponga a Carlos Puigdemont, en cuanto sea posible conforme a la ley, a disposición de los jueces. Y también de que se nombre un gobierno provisional para administrar la Generalidad, convocándose a la mayor brevedad posible elecciones autonómicas para restablecer la normalidad en la Autonomía de Cataluña. No será fácil la operación pero hay que confiar en que el presidente del Gobierno renuncie al pasteleo y con la habilidad política que nadie le niega resuelva el conflicto planteado en última instancia por el cerrilismo de Carlos Puigdemont.