El británico finalizó noveno y aprovechó el desplome de Vetter, cuarto.
El inglés Lewis Hamilton no esperó a proclamarse campeón del Mundial de Fórmula Uno en 2017. Eso sí, alzó su cuarto entorchado de una manera rocambolesca. Y es que para poder festejar en el Gran Premio de México disfrutaba de dos posibilidades: le bastaba con ser quinto o, incluso, noveno -si Vettel no ganaba-. Pues bien, se daría la segunda circunstancia y con un pellizco picante que pasará a los anales de este deporte.
Porque el triunfo del piloto de Mercedes se fraguó con un choque con el segundo clasificado de la general, el líder de Ferrari, en la primera vuelta. Como resultado del incidente, ambos tuvieron que parar y conducirse a los talleres para reparar los desperfectos ocasionados a sus monoplazas. Por tanto, cayeron puestos en la parrilla hasta llegan al fondo de la misma. Desde esos escaños debieron afrontar una remontada que se daría mejor a un Vettel que, sin embargo, no llegaría a la orilla.
El alemán se quedaría lejos de su objetivo de ganar la carrera y aprovechar el lance que condenó a Hamilton a luchar por los puntos para aplazar la entrega del trofeo de la temporada. Finalizaría cuarto, por detrás de los finlandeses Valtteri Bottas (segundo) y Kimi Raikkonen (su compañero en Ferrari, que cerró el podio). Por delante de todos ellos triunfó un Red Bull, el conducido por Max Verstappen, que ejecutó a las mil maravillas el plan del equipo austríaco para sumar una victoria de mérito a su corta pero prometedora trayectoria.
El caso es que al tiempo que Fernando Alonso también trazaba una remontada lustrosa -desde los últimos puestos de la salida- para cruzar la meta en la décima plaza y que Carlos Sainz abandonó, Hamilton alzó el puño por cuarta vez, después de los laureles conseguidos con McLaren (2008) y los de 2014 y 2015, con su peor resultado del curso. Lo hizo a falta de dos carreras para la conclusión del calendario (restan el Gran Premio de Brasil y el de Abu Dabi). El inglés, de 32 años, selló el paladeo del champán con 333 puntos, 56 más que 'Seb' -treintañero-. Esa brecha es ya insalvable y sube al británico a la altura de los cuatro Mundiales de Vettel (Red Bull) y del francés Alain Prost, ganador en 1985, 86 y 89 (McLaren) y en 1993 (Williams). Sólo quedan por alcanzar los cinco de Fangio y los siete del eterno Schumacher.
Dio carpetazo Lewis a un año en el que situó el récord de poles en 72. Doblado por Verstappen, alternando los neumáticos blandos y ultrablandos, Contemporizando sus ganas de ganar en cada carrera para asegurarse la novena plaza y no moverse de ahí. Por anacrónico o extraño que pudiera resultar proclamarse el mejor del mundo desde ese escalón. Pero la altura del circuito y el despliegue de Vettel acompañaron, remarcando la mayor fiabilidad de Mercedes. Un año más, aunque se hayan recortado las distancias y el monopolio parezca efimero.
Hamilton se fue de vacaciones, después del Gran Premio de Hungría, a catorce puntos de Vettel, pero ganó cinco de las seis carreras siguientes y entró con 66 puntos de ventaja en Ciudad de México. La inercia fue insalvable. "Ahora quiero el número cinco. Voy a disfrutar hoy el cuarto, pero quiero más", proclamó el británico antes de confesar que "me estoy preguntando por mis maestras que pronosticaban que nunca iba a lograr esto. Seguro que leerán mañana las noticias y dirán: yo ayudé a ese joven". "Espero ser un testimonio de que se pueden lograr grandes cosas de la nada. Sé que hay alguien allá afuera como yo", reflexionó con tono emocionado.
Y analizó lo vivido del siguiente modo: "Cuando ganas el campeonato estás como en las nubes y cuesta mucho entenderlo. Todo se ha acomodado para lograr esto. Hay muchas personas que crearon la maquina para explotar mi talento y mis habilidades y estoy agradecido". "Sabia que Max estaba casi 70 segundos adelante. Sin embargo, estaba concentrado y sólo pensaba en alcanzar la mejor posición posible. Tuve que aguantar con neumáticos blandos, pero luché", explicó sobre el echo de competir contra su ambición, conduciendo siempre varias posiciones por detrás de su máximo rival. Y prometió batalla para alcanzar los récords que todavía le esquivan.