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TRIBUNA

¿República? No, gracias

Juan José Vijuesca
miércoles 01 de noviembre de 2017, 20:40h

No seré yo quien venga a patrocinar un depurativo para este país; pero estarán conmigo que al menos se hace necesaria una limpieza de karma. Llevamos acumulada mucha tensión y la hernia de hiato comienza a dar señales de reflujo. Demasiada la ingesta doctrinal sobre el acontecer de Cataluña.

Si algo bueno nos aporta tan espinoso capítulo es el despertar de una marca llamada España como símbolo de unidad ante la afrenta más repudiada por la inmensa mayoría de este país. Me gusta. Confieso que esta lección de tantos, frente a la sinrazón de los pocos, hace concebir una esperanza cuyo valor, una vez más, corría el riesgo de ser traicionada.

Lo acontecido no debe quedar en un simple gesto de esos que tanto nos seducen a los españoles cuando lo visceral se antepone a la juiciosa reflexión. La lección debe ser tomada como una cuestión de nueva savia, algo que no viene en ninguna propaganda ideológica y si en la madurez del sentido común. La unidad de un pueblo tiene vigencia mientras las personas que lo identifican no se corrompan ni se dejen llevar por quienes transgreden la ley y el orden para su exclusivo beneficio.

La demostración de fuerza pacífica unida a la pérdida de rubor ante banderas constitucionales ha servido para romper silencios y desterrar prejuicios. Miles de familias han recuperado el sentir de no estar solos y ahora la igualdad es más propensa a serlo que hace unas semanas cuando los inhibidores de la razón forzaban a dividir Cataluña en tantas mitades como fuera necesario y al precio que fuera menester. España ha respondido como debe hacerlo un país íntegro dejando la memez de costumbre dentro del armario de las vergüenzas. Gracias a ello ahora una bandera de España no está ligada a lo facha, sino a la matriz de todas las que ondean en sintonía con la Constitución, le pese a quien le pese.

La impericia de los levantiscos debe quedar en el rincón de pensar mientras que el verso de la razón debe ser el único exponente de libertad reinante. Por eso, de esta enajenación, se ha de extraer el ejemplo de unidad no como un hecho aislado, sino como la marca España que nos representa y nos define como un todo. Difícil empresa ésta y que nadie se llame a engaño, pues la severa maniobra acontecida es un claro exponente de lo que subyace en buena parte de la sociedad catalana. Preocupante e incierta asignatura porque el independentismo no obedece a un cambio de aptitud, sino más bien forma parte de una instrucción desde las aulas.

De manera que todos los que urdimos la confianza como modelo de presente estable y mejor futuro para las próximas generaciones, tenemos la obligación de erradicar la realidad paralela tan común en nuestra cultura. No vale, por tanto, vivir en ese mundo distópico haciendo bueno lo propio y dando de lado lo ajeno. Una o muchas banderas tan solo representa la envoltura que a todo pueblo unido enorgullece dentro y fuera de sus linderos, ahora bien, la igualdad en orden de convivencia tan solo lo abandera el respeto y eso es lo que un auténtico país debe tener como estandarte desde las primeras aulas. No se puede ceder la competencia de la educación y luego pedir peras a un olmo.

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