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ENSAYO

Leila Guerriero (editora): Cuba en la encrucijada

Leila Guerriero (editora): Cuba en la encrucijada

Debate. Barcelona, 2017. 272 páginas. 17,95 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Cuba en la encrucijada. Doce perspectivas sobre la continuidad y el cambio en La Habana y en todo el país estamos ante un libro coral cuyo objeto de estudio, como dice la editora en la introducción, provoca posiciones encontradas. En efecto, hablar de Cuba implica discutir sobre la figura de Fidel Castro y su “gran legado” a sus compatriotas y a la humanidad: la revolución.

La obra que tenemos entre manos responde a este parámetro general pero no tanto por las posiciones adoptadas por la pluralidad de autores que participan sino por las voces que aparecen en cada uno de los capítulos. Por tanto, las ideas sobre economía, historia o cultura están esparcidas a lo largo del libro por la infinidad de opiniones de cubanos anónimos que intervienen. El resultado es una excelente radiografía de los que es y ha sido Cuba, bien transmitida por los responsables del libro, la mayoría de ellos profesionales del periodismo y de la literatura, fenómeno que se aprecia en la calidad de la prosa empleada.

No obstante, se pueden extraer algunas ideas generales, por ejemplo cómo la generosa financiación de la URSS al comunismo cubano permitió al castrismo vender ante la opinión pública internacional las bondades de su educación y de su sistema sanitario. Muchos compraron este mantra, en particular los sectores más progresistas de las democracias occidentales.

Sin embargo, leyendo esta obra, se comprueba que no es oro todo lo que reluce (y relució) tras la revolución. El fin de ese imperio con pies de barro que era la Unión Soviética repercutió notablemente en Cuba que dejó de percibir la paga de Moscú. El jineterismo, simplificando, resultó una de sus consecuencias, de tal manera que hombres y mujeres debieron acudir a la prostitución como forma de subsistencia, relegando a la marginalidad cualquier criterio ético.

En consecuencia, los autores de los capítulos no llevan a cabo un ataque o una defensa del castrismo sino que permiten que sean los personajes con los que convivieron quienes nos acerquen la realidad del comunismo. De nuevo aquí podemos obtener ideas generales de importancia ya que incluso los más acérrimos defensores de la revolución quedaron después desencantados por la forma de ejercer el poder por parte de los hermanos Castro. Obviamente, también hallamos el punto de vista contrario, esto es, de aquellos que siempre vieron en el comunismo el paradigma de la generación de pobreza y de la negación de derechos y libertades.

En este sentido, las nuevas relaciones diplomáticas establecidas con Estados Unidos pueden interpretarse de manera legítima como una señal de que algo fallaba en la utopía marxista-castrista. A modo de ejemplo de esta afirmación, uno de los entrevistados por Patricia Engel afirma que “nunca traería otra vida a esta isla […]. Esta isla es una cárcel. Esta vida es un purgatorio” (p. 37). Una reflexión que cobra más valor si cabe en la actualidad, puesto que la propaganda del régimen ha conseguido manipular la alteración que de las verdades oficiales se ha producido recientemente, perceptible por ejemplo en la legalización del comercio. Esto último no debe entenderse como un paso previo para la introducción de la democracia sino como una manifestación más de la capacidad del castrismo para no ceder cuotas de poder.

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