www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

William Saroyan: Un día en el atardecer del mundo

William Saroyan: Un día en el atardecer del mundo

Traducción de Stella Mastrangelo. Acantilado. Barcelona, 2017. 224 páginas. 18 €.

Por Esperanza Castro

“Una mañana a fines de septiembre de 1955 un hombre bajó de un taxi frente a un hotel en Nueva York, pagó al conductor y depositó tres bultos en la acera.”

Este hombre es Yep Muscat, escritor de origen armenio, cuya literatura ya disfrutó de tiempos de gloria, y que hoy se encuentra ahogado por las deudas con Hacienda, y al cual le resulta casi imposible que su obra tenga visibilidad.

Muscat es, sin lugar a duda, alter ego del propio autor, William Saroyan (Fresno, California, 1908-1981), quien habiendo sido una estrella dentro del firmamento literario de los años 40 (El joven audaz sobre el trapecio volante, 1934; El momento de tu vida, Premio Pulitzer 1940; La comedia humana, 1943 -llevada al cine y premiada en los Óscar al mejor guion-), se convirtió en fugaz hasta casi su completa desaparición de la escena.

Jugando entre la realidad y la ficción, el protagonista de esta novela llega a la Gran Manzana para alojarse en un hotel decadente, el Great Northern (lo único que se puede pagar) con un doble objetivo: vender una obra teatral a un inversor y, por otro lado, visitar a sus hijos Van y Rosey y a la madre de estos, Laura.

Con una prosa sencilla y una trama prácticamente invisible por lo sutil (cualidad que en un momento de la novela se le reprocha al autor/protagonista), Saroyan nos habla de la dificultad de crear, equiparable con la propia Creación (en el sentido bíblico; no en vano su protagonista es capaz de crear una obra en 6 días -… “y al séptimo descansó”-). Habla también de la labor que para él es más difícil y antipática de llevar a cabo: la distribución y/o difusión, la venta de la misma, el proceso para llegar al público.

En Un día en el atardecer del mundo, se percibe el dolor que supone la resistencia a no vender el alma, a ser consecuente con uno mismo, a no caer en la escritura alimenticia aun cuando se está más necesitado: “La profesión de escribir se basa en la disposición a apostar en contra de las posibilidades.”

Los sueños rotos se encarnan en Zak, amigo de la infancia de Yep - “Yo quería cantar, Yep. Quería que la vida fuera una canción.”-, precisamente el más rico, monetariamente hablando, entre los que conforman el mundo del escritor.

Saroyan narra en 1964 la crueldad del mundo editorial, el vampirismo de los inversores (de cualquier tipo), el imperialismo del capital por encima de todas las cosas (detalle irónico: Muscat defiende el título de su musical Mi dinero frente a los promotores del mismo que desean cambiarlo por Kiss Kiss Kiss, que consideran más apropiado). Las mismas crueldades, vampirismos y capitalismo atroz que hoy se sufren en grado superlativo hacen que este texto no haya perdido ni un ápice de actualidad.

El lector percibe el sabor de lo añejo en las descripciones del vetusto hotel, las polvorientas calles y, sobre todo, en la detallada narración del vodevil que el protagonista presencia junto a sus hijos.

Pero si algo hay que destacar en Un día en el atardecer del mundo son los diálogos, pues estos se erigen en la principal herramienta para la construcción de los personajes (¿qué mejor presentación que poder escuchar su voz?). Los diálogos nos dan permiso para sentarnos junto a Yep, Zak, Van o Rosey en el vestíbulo del Great Northern, tomarnos una copa en el Plaza o gritar ante una carrera de los Dodgers de Brooklyn (a quienes, curiosamente, está dedicada la obra).

El final llega de manera abrupta, y nos sentimos como cuando creemos que todavía falta una escena o una canción antes de que caiga el telón. No queremos levantarnos de la tertulia, nos resistimos y queremos seguir ahí, compartiendo el tiempo (ese que tantas veces nos somos capaces de valorar) con los seres queridos de Saroyan/Muscat que ya no son solo de él, sino también nuestros.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.