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ENSAYO

Stanley G. Payne: En defensa de España

Stanley G. Payne: En defensa de España

Premio Espasa 2017. Espasa. Barcelona, 2017. 312 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 11,99 €. Sobre todo en estos momentos, resulta imprescindible este trabajo del hispanista norteamericano, especialista en nuestra Historia contemporánea, en donde, sin miedo a ser políticamente incorrecto, desmontan leyendas negras y tópicos sobre España. Por Carmen R. Santos

Catedrático emérito de Historia de la Universidad de Wisconsin-Madison, Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) es uno de los más reconocidos hispanistas. Académico de la Real Academia Española de la Historia, poseedor de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, y doctor honoris causa por varias universidades españolas, como la Rey Juan Carlos, cuenta en su haber con más de una veintena de libros y cientos de artículos sobre nuestra historia contemporánea, habiéndose especializado en el periodo de la República y la Guerra Civil. Su primer trabajo, fruto de su tesis doctoral, se ocupa de la Falange, obra a la que siguieron, entre otros títulos, Los militares y la política en la España contemporánea; El régimen de Franco; El camino al 18 de julio: la erosión de la democracia en España; El colapso de la República; España: una historia única; ¿Por qué la República perdió la guerra?, y La Guerra Civil española, hasta llegar hasta En defensa de España, merecedora del Premio Espasa 2017.

El nuevo libro de Payne aparece en una circunstancia especialmente oportuna, cuando nuestra Constitución, refrendada por la inmensa mayoría de los españoles y donde se consigna claramente la unidad de España, ha sufrido el intento de un verdadero golpe de Estado por parte del secesionismo catalán. Su título, En defensa de España, y subtítulo, Desmontando mitos y leyendas negras, dan cabal idea del contenido de la obra, que recorre la Historia española de manera clarificadora analizando y pulverizando los lugares comunes que han enturbiado el exacto entendimiento de nuestro discurrir histórico.

De forma sintética, el historiador e hispanista norteamericano resume en cuatro momentos de manifiesta significación la incidencia de esos estereotipos: “1. El clásico tópico de la leyenda negra de los siglos XVI y XVII. 2. La crítica ‘ilustrada’ de la segunda mitad del siglo XVII y del XVIII. 3. El mito de la ‘España romántica’ de la prima mitad del XIX. 4. Los multiformes estereotipos de finales del siglo XIX y del XX, que retomaron aspectos de las versiones anteriores, incorporando en ocasiones elementos de la política o la cultura del momento que, a su vez, a menudo creaban nuevos mitos y estereotipos”. Y explica: “Lo que todas estas imágenes tienen en común es el cliché, la simplificación, el reduccionismo y el maniqueísmo, con un escaso interés en la diversidad del país, no solo en lo tocante a sus regiones, sino a sus diversos valores”.

En efecto, a toda esa mitología generada en torno a nuestra nación no le importa alcanzar un conocimiento verdadero. Prefiere incluso manipular la realidad para que se adecúe a lo deseado. En este sentido, muy bien lo señala José Varela Ortega en una de sus contribuciones al interesantísimo volumen La mirada del otro. La imagen de España, ayer y hoy (Fórcola / Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón) al apuntar: “El objeto no es ‘lo mirado’ (es decir, España, los españoles...) cuanto ‘la mirada’; la imagen, sin importar tanto su relación con la realidad factual, como su capacidad de formar un estereotipo; en suma, no tanto ‘el juicio’ como el ‘pre-juicio’”.

Para Payne, de todos los mitos quizá el más dañino ha sido el de la célebre “leyenda negra”, hasta el punto de que cuando se habla de este término se piensa indefectiblemente en España, algo que también se consigna en otro trabajo de lectura imprescindible respecto a estas cuestiones: Imperiofobia y leyenda negra, de María Elvira Roca Barea (Siruela). Como es sabido, la “leyenda negra” tiene su origen en el descubrimiento y conquista de América, atribuyendo a España poco menos que un genocidio, y a los conquistadores una actitud no solo opresora y violenta, sino marcada por el sadismo y la crueldad. En realidad, sin embargo, aunque, obviamente, pudieron producirse atrocidades -“como en la historia de cualquier país o imperio”, subraya Payne-, nada más lejos del genocidio: “La lucha por tratar con justicia a los indios adoptó en España, desde mediados del XVI, mayores dimensiones que en cualquier otro imperio transoceánico”. Sin olvidar, como recuerda Payne, que se exageraron las cifras, y que muchos autóctonos no murieron a manos de los conquistadores, sino a causa de las epidemias y enfermedades.

La “leyenda negra”, curiosamente, encuentra en un texto de un español, La brevísima relación de la destrucción de las Indias, de fray Bartolomé de las Casas, mucho de su artillería pesada. Algo que es muy significativo y que no es la única vez que sucede, pues en no pocas ocasiones los propios españoles no solo han asumido sino que han difundido y contribuido a la “leyenda negra” y a los estereotipos. Sin duda, bien está la autocrítica, pero no tanto el autofustigamiento continuo, que es aprovechado por las dosis de odio, desprecio, envidia y resentimiento que, como refiere Payne, encierran las imágenes estereotipadas. Incluso si son menos duras en apariencia. Por ejemplo, en relación con el mito romántico, no cree Payne que sea, como a veces se ha visto, más positivo que la leyenda negra: “Simplemente, es diferente, pero no deja de ser un cuadro de estereotipos sustituyendo a otro”.

Especialmente valioso resulta el capítulo en el que Stanley G. Payne aborda la etapa de la Transición y el impulso definitivo hacia la democracia al tomar el timón el Rey Don Juan Carlos en un proceso, recalca, “enormemente complejo”. Cuando hoy de manera irresponsable, y peligrosa, cierto autocalificado “progresismo” se empecina en echarla por tierra, son muy certeras aclaraciones como la que, entre otras, indica Payne: “En el siglo XXI la extrema izquierda parece pecar de falta de ‘memoria’ al afirmar que la Transición se basó en un supuesto ‘pacto de olvido’, cuando lo que ocurrió fue exactamente lo contrario y, precisamente, debido a que la historia no se olvidó, el procesó se cimentó en la negociación, el consenso y la tolerancia. Nadie deseaba repetir los errores de la Segunda República, que es lo que pretende hacer la extrema izquierda actual con su ausencia total de sentido de la historia y su presentismo”.

La Transición, evidentemente con sus sombras como toda obra humana, demostró que los españoles son muy capaces de apartar el nefasto cainismo que ennegrece buena parte de su Historia, campando por sus respetos por ella, y no solo en la Guerra Civil, pues no perdamos de vista, por ejemplo, las devastadoras guerras carlistas. Y cómo la disposición al acuerdo facilitó una etapa de prosperidad. Muy iluminadoras son asimismo las apreciaciones de Payne al ocuparse del oxímoron “memoria histórica”.

Con En defensa de España, Stanley G. Payne vuelve a dejar claro que no le amilanan las acusaciones movidas por intereses espurios que le tildan de “revisionista del franquismo” y de “conservador” con la intención de desprestigiarle. La verdad es que cuando no se tiene miedo a poner las cosas negro sobre blanco, el buenismo y lo políticamente correcto se vienen abajo. Los libros de Payne son diáfano ejemplo de ello.

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