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NOVELA

Pierre Lemaitre: Recursos inhumanos.

domingo 19 de noviembre de 2017, 18:50h
Pierre Lemaitre: Recursos inhumanos.

Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Alfaguara. Barcelona. 2017. 389 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,49 €.

Por Daniel González Irala

Si intentásemos abstraernos de la idea de género negro al que nos tiene acostumbrados este prolífico autor francés que obtuvo el Premio Goncourt 2013 por Nos vemos allá arriba, nos vienen a la cabeza dos películas importantes dentro de la Historia del Cine, no necesariamente (o no únicamente) por su correlación de temas. Una sería El crepúsculo de los dioses, de cuyo final es deudor si Wilder y su equipo hubiesen optado por casar a los personajes interpretados por Gloria Swanson y William Holden, final y principio que, por ese uso de la narrativa cinematográfica, quedó resuelto de la manera que conocemos. La otra es La naranja mecánica, de Stanley Kubrick, si nos centrásemos en la bajada a los infiernos del personaje interpretado por Malcolm McDowell, quién queda anulado como persona en virtud del también conocido tratamiento Ludovico.

Y es que Recursos inhumanos es más que la historia de un Sam Spade o Philip Marlowe en plena ebullición. El personaje de Alain Delambre, un obtuso ejecutivo de Recursos Humanos en paro y que tiene la biblia del management grabada en su piel, resulta difícil de olvidar tras esta peripecia contada en tres partes, la primera y tercera por él mismo (narrador protagonista), utilizando para la segunda un narrador en tercera persona desde el que trata de objetivarse cómo va a ser el empleo en cuestión, consistente en una especie de juego de rol controlado desde un holding de empresas de consultores, siendo Exxyal y su aparente compromiso con la sociedad (realizar una selección natural darwinista que acabe literalmente con diez de los once suscritos al puesto) la sede donde se realizará la pugna real con armas a la que el presidente Lacoste y auténticos lacayos a su servicio como Dorfman, representan.

Delambre lleva cuatro años en paro, tiempo en el que se ha dedicado por horas a la empresa Mensajerías Farmacéuticas. Su ambición excesiva, así como su falta de talento para las tareas de embalaje, le hacen enfrentarse a otro empleado sudamericano que trata de lograr dinero para comer. No es su caso, pues casado con Nicole y con dos hijas, Mathilde y Lucie, Alain solo quiere trabajar, y lo conseguirá, pero pagando un precio tan alto como es no ya el de su dignidad, sino el de toda humanidad.

La acción en muchos momentos se desdibuja por lo turbulento que resulta esta suerte de experimento Ludovico practicado a un hombre que, en principio, cae simpático y que no duda en utilizar a sus seres queridos, primero para sacarles dinero y después para incriminarlos en su propia causa judicial. De esta violencia extrema solo es responsable Alain, que nunca piensa en dejar de optar a su apetitoso puesto en Exxyal, por más desesperado y maltrecho que esté, o precisamente por ello.

“La esperanza es una abyección inventada por Lucifer para que los hombres acepten su condición con paciencia”. Esta frase, del comienzo de la novela, cargada de sentido y energía para entender el desempleo aún en tiempos de crisis, nos hace ver en otra de las últimas de la novela (“Si quieres matar a un hombre, empieza por darle lo que más espera, en la mayoría de los casos con eso basta”) como la evolución o involución propia y ajena sometida a estos mimbres, nos da como resultado lo que somos, queramos o no.

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