Aún así, el amaine del viento permite a los bomberos ganar terreno.
Los efectos del fuego en Los Ángeles provocaron que este viernes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declarara el estado de emergencia en California. El dirigente tomó tal medida al comprobar que ell incendio más importante avanza sin control en el condado de Ventura, 100 kilómetros al noroeste de la urbe. Las llamas ya han tomado el exclusivo sector de Bel Air (cerca de Beverly Hills), arrasando media docena de millonarias mansiones y obligando a huir a sus ilustres vecinos.
Así, el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, aseguró que la "alerta roja" se mantendrá hasta la tarde del domingo. Expuso que en la zona de Sylmar, también en el área metropolitana de Los Ángeles, el fuego quemó desde el martes más de 6.191 hectáreas, incluyendo 33 viviendas. E indicó que el peor escenario es el relativo a Ventura, donde el incendio llamado 'Thomas' ha arrasado 53.460 hectáreas, originando columnas de fuego y aire insalubre.
Los bomberos sólo han podido controlarlo en un 10% y la amenaza de un empeoramiento de la situación es notable. Las llamas se desataron el lunes y han derruido 400 edificaciones, acercándose a la costa del Pacífico de manera peligrosa. Por ello Trump decidió ampliar la entrega de fondos y ayuda federal en el estado de California, activando el estado de emergencia. El gobernador de esa región, Jerry Brown, agradeció la celeridad en la respuesta del magnate ya que el fuego al sur de Los Ángeles, en San Diego -frontera con México- también supone una serie amenaza.
Al norte de dicho condado ya han ardido 1.659 hectáreas, sólo un 5% ha sido controlado y dos focos centran los esfuerzos de los efectivos desplazados. La devastación sigue creciendo y el relato muestra que, más allá del drama humano, se ha registrado el incendio de un establo de caballos -murieron 20 equinos-, se calcula que en torno a 86.000 viviendas están en peligro por el fuego en el sur de California y se cifra en torno a los 5.000 millones de dólares el costo de la reconstrucción.
La última hora, sin embargo, evidencia una mejora en las condiciones. La disminución de los vientos se ha aliado con los esfuerzos de los bomberos. En torno a 5.700 efectivos se han desplazado para completar importantes avances en la lucha contra las múltiples amenzas. La menor intensidad de los 'Vientos de Santa Ana', potentes y secos, autores de avivado de las llamas y obligaron a evacuar a 200.000 personas con rachas de hasta 128 kilómetros por hora, ha dado una tregua que está siendo aprovechada por las autoridades.
"Parece que el fuego ha disminuido considerablemente en las últimas horas", declaró Jon Heggie, portavoz de la agencia estatal de protección contra incendios Cal Fire. Pero la lucha prosigue y parece que no va a ser corta, ya que la dimensión de algunos de los focos y su falta de control pronostica todavía más jornadas de incertidumbre en el soleado estado californiano.