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LA VICTORIA DE ALONSO SIGNIFICA LA SERIEDAD Y EL CAMBIO EN EL ICAM

jueves 14 de diciembre de 2017, 11:41h
Al margen de algún incidente menor y muy confuso, las elecciones en el Colegio de Abogados de...

Al margen de algún incidente menor y muy confuso, las elecciones en el Colegio de Abogados de Madrid demostraron la importancia que tiene la Institución en la vida española. El martes publiqué un artículo en el diario El Mundo, en el que, sin desdeñar a nadie, subrayaba las calidades profesionales y humanas de José María Alonso. Me complace haber coincidido con la mayoría de los abogados madrileños que le alzaron con sus votos en el decanato. José María Alonso significa la seriedad, fragilizada en los últimos años en el seno de una institución que siempre se caracterizó por su respetabilidad. Significa también el cambio que necesitaba el Colegio de Abogados. Alonso abre horizontes de esperanza para la abogacía en Madrid. El nuevo decano quiere que el Colegio recupere en la sociedad civil el papel relevante que le corresponde. Se propone gestionar el ICAM bajo criterios de máxima excelencia y de ética y convertirlo en un referente absoluto de transparencia e integridad. Voy a reproducir a continuación el artículo que publiqué el martes pasado y que originó un número incontable de mensajes, sms, comentarios y reproducciones. Decía así:

“Las elecciones en la “democracia orgánica” de la dictadura franquista eran una farsa y todo el mundo lo sabía. Sin embargo, en algunos colegios profesionales sí se producía pluralismo real y encontradas opiniones. Pedrol Ríus solía decir en aquella época que las únicas elecciones presentables fuera de España eran las del Colegio de Abogados.

Con Juan Carlos I terminó la noche oscura del dictador y se encendió aquí el mismo sistema de las naciones de nuestro entorno, es decir, la democracia pluralista plena. Las elecciones en los colegios profesionales quedaron relegadas y la realidad es que se habla y se publica poco sobre ellas. Sin embargo, siguen teniendo relevante importancia.

He leído un espléndido artículo de José María Alonso, candidato a decano del Colegio de Abogados de Madrid. Afirma en él que “las instituciones colegiales, fieles a su vocación y ambiciones en sus metas, pueden convertirse en extraordinarios centros de regeneración para la sociedad civil”, lejanos y diferentes a los partidos políticos, y “es ésta una forma de legitimar y hasta de engrandecer al propio Estado de Derecho, en su origen y ejercicio”. Y agrega Alonso que, ante la atrocidad del golpe de Estado perpetrado en Cataluña, “la voz de la abogacía no se ha elevado seguramente con la nitidez y el calibre que habría sido deseable”.

El Colegio de Abogados, como tantas otras instituciones, ha sufrido una crisis de prestigio en los últimos años con cinco dimisiones controvertidas, el tesorero sin firmar las cuentas durante el actual mandato y la multiplicación de las querellas.

Mal asunto para la sociedad civil que necesita en plenitud la eficacia de una institución de la envergadura del Colegio de Abogados. José María Alonso, que es uno de los letrados más prestigiosos de España, ha formado un equipo joven y de calidad y se dispone a disputar el Decanato del Colegio de Abogados, al que aspiran otros cuatro candidatos. No voy a adentrarme en la selva de las disputas que zarandean la gestión de la abogacía colegial. A Madrid y a España les conviene disponer de una institución serena y fuerte que se pronuncie cuando sea necesario desde la autoridad y el prestigio, y eso es lo que muchos esperamos de estas otras elecciones, casi desaparecidas en la opinión pública por la tensión extrema de lo que está ocurriendo en Cataluña".