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DESDE ULTRAMAR

Despropósito jerosolimitano de Trump

jueves 14 de diciembre de 2017, 20:47h

Bonito me resulta el gentilicio para Jerusalén, jerosolimitano, y es lo único bonito de todo este asunto. Le recuerdo que en español Jerusalén se escribe de toda la vida así, con “n”.

La torpe, insulsa y soporífera declaratoria de Trump reconociendo la capitalidad de Jerusalén, me recordó la grosera declaración yanqui proclamando unilateralmente la independencia de Cuba, en abril de 1898. Sin derecho a ello, sin sustento alguno. Es tan inoportuna, injerencista y reprobable, que no puede ni debe de callarse.

Y como entonces, no han faltado los lerdos que ven en ello un acto heroico, dotándolo de la épica naturaleza de la cual carece a todas luces. No hay que encandilarse con los yanquis porque el acto cometido es irresponsable, injerencista, propio de un típico y bien conocido metomentodo, deplorable y absolutamente ignorante de la situación jurídica que prevalece en Jerusalén, pretendiendo hacer cera y pabilo de décadas de diplomacia, forzando la situación y determinando lo que no corresponde determinar a los Estados Unidos. Le pese a quien le pese. Trump de nuevo ha hecho el más bochornoso ridículo mundial.

Que Trump sea un burro en cristalería no es una sorpresa y que su sentido del tacto y de la oportunidad estén atrofiados, lo sabemos de sobra.

Así pues, ¿es que paga Trump sus deudas con sus votantes proisraelíes? ¿Intenta quedar bien con la comunicad judía internacional? ¿Paga favores a vaya usted a saber quién? ¿Es un simple distractor para los asuntos internos, sobre todo por las investigaciones que le pisan los talones en el tema de la intervención rusa en sus elecciones, favoreciendo su triunfo? Son elucubraciones estériles que no arrojan certezas. Paso de analizar hechos sueltos como los referidos que alimenten teorías burdas, aunque vendan.

El pronunciamiento de Trump es arrogante, impertinente y presuntuoso. Equivocado, desde luego que sí. Dice que reconoce lo obvio. Pues lo obvio, señor Trump, es que el status de Jerusalén está pendiente de una conferencia mundial de paz que al respecto nunca se ha realizado. Dice el gobierno jordano, encargado de custodiar los lugares santos islámicos de la ciudad antigua, que la medida es una violación al derecho internacional. Me alarma que el propio secretario general de Naciones Unidas, el portugués António Guterres, exprese que ante la vorágine provocada no hay una suerte de plan B. Estamos hechos. El proceder errático, atropellado y calamitoso de Trump no contribuye a la paz, pese a que diga que de cualquier manera no se está cerca de un acuerdo de paz, ya que propicia la violencia y evidencia el desconocimiento hacia los interlocutores y las contrapartes. El presidente palestino ya ha descalificado a EE.UU. como interlocutor válido en el proceso de paz, sea cual fuere. No obstante, Trump considera que es momento adecuado para impulsarla. La respuesta de casi todo el mundo ha sido que es exactamente al revés y los hechos lo demuestran. ¡Vaya paz! La única será el ¡pas! ¡pas! ¡pas! que tirios y troyanos se propinarán defendiendo sus irreconciliables posturas. La declaración de Trump, una cascada de blablablá pidiendo caminar hacia la paz, fue un emponzoñado discurso que no pasará a la Historia ni como un madrigal de órdago ni le merecerá el nobel de la Paz. Turbador, descorazonador, es irreflexivo y demente. Será que Trump es hombre de mente.

Contra lo que se pudo haber esperado, el rechazo internacional a la decisión de Trump ha sido mayúsculo. No hubo silencios, al contrario, hubo pronunciamientos acres. Una repulsa generalizada a la acción de Trump. Inmiscuirse arrebatadamente en el conflicto árabe-israelí de manera tan inopinada, gratuita y demostrando, ya le digo, ya no solo su ignorancia sobre el particular, sino liándola de cabo a rabo, es deplorable. Dinamita como lo hizo cualquier asomo de solución a ese conflicto. Son ganas de que no ocurra una solución satisfactoria para todos, desde luego.

Porque…no será por decreto yanqui ni bajo reconocimientos unilaterales como Jerusalén será la capital de Israel. Ya Hugo Chávez dio folklóricos pasos similares al respecto cuando, supongo, quería congraciarse para que se bendijera su modelo de gorilato. Trump ha recibido zapes a diestra y siniestra. Se quedó solo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas conduciendo a su país al asilamiento diplomático. Rusia le ha espetado que reconoce una cocapitalidad. Otras potencias no lo secundaron. No fue bien recibida la decisión de Washington por los que mandan, incluido el Vaticano, pese al agradecimiento apresurado de Netanyahu a Trump y su fracaso ante la Unión Europea. Al premier israelí Bruselas le ha plantado en la cara un “¡no!” refrendando la postura de la cocapitalidad, dos estados.

No nos engañemos, Israel por sí solo nunca ha conseguido imponerse en este asunto. La contraparte, tampoco. El espaldarazo de Trump no es positivo. Acaso hubiera sido mejor proviniendo de Carter o de Clinton o de Reagan o de Obama, pero no de Trump. Flaco favor le hizo a Netanyahu. Sí, República Checa secunda a Trump, España y México no. México no ha desaprovechado la oportunidad estupenda y doble de picarle un ojo al Tío Sam y de pasada, propinar un coscorrón bien dado al torpe Netanyahu. Ya el presidente israelí debió lavarle la cara ante desafortunadas declaraciones apoyando el muro de Trump, colisionando con México a inicios del año. Será que el muro le recordaba a Netanyahu su propia política segregacionista interna que el mundo bien sabe. México mantendrá su embajada en Tel Aviv y desestima las declaraciones unilaterales yanqui o israelí, por no ser la vía idónea. Fue muy decepcionante que Israel se olvidara del apoyo mexicano a su existencia y hoy México le devuelve el golpe.

La necedad de Netanyahu repitiendo a todo el que quiera oírlo, que la capital histórica de Israel es Jerusalén, no parece llegar muy lejos, de momento, y sí, pese a que desde 1980 su país ha traslado allí al gobierno. No parece que toda su diplomacia, o la presión encubierta ejercida por la comunidad judía internacional, haya servido demasiado. Porque hay otros poderes a los que se enfrenta, también, y están jugando sus cartas. Nunca se nos olvide cuando hablemos del tema.

Es una pena que Netanyahu mienta al decir que la capital histórica de Israel es Jerusalén. No lo fue en 1948 al impedirlo los palestinos. No lo era en el año 70 cuando Tito destruyó el Templo, porque Israel no existía. Que en su cabeza lo sea, es su asunto, por no decir su problema. Pero eso no tiene que significar que el mundo deba de secundarlo. Queda el camino al diálogo si en verdad desea Netanyahu la paz como ha afirmado. Y Jerusalén tiene memoria cristiana y musulmana, no solo judía. La ONU ha establecido que Jerusalén se discuta, porque el tema palestino existe. Lo demás es la verborrea de un primer ministro israelí que perdió los papeles hace lustros. Que a sus votantes les complazca es su asunto, que no tiene que ser el del mundo, como no lo es. Y encima lo ayuda Trump. Un ciego guiando a otro.

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