En Geografía del populismo. Un viaje por el universo del populismo desde sus orígenes hasta Trump nos hallamos ante una obra coral que reflexiona y analiza un fenómeno de máxima actualidad, sobre cuyo significado último no siempre predomina el acuerdo: el populismo. En efecto, se trata de un epíteto que, en función del sujeto emisor puede tener connotación peyorativa (las mayoría de las veces) o positiva (por ejemplo, en el caso de Ernesto Laclau).
No obstante, donde sí prevalece mayor consenso es en la aceptación del alcance global del fenómeno populista, de ahí lo acertado del título, ya que aquél no puede circunscribirse a un escenario geográfico específico, puesto que ha sabido adaptarse (Argentina, México…) o irrumpir (Alemania, Hungría, Italia…) en diferentes contextos.
En consecuencia, explicar un fenómeno de esta magnitud exige conocimiento del objeto de estudio y un adecuado criterio en la exposición del contenido que facilite la narración y la asunción del mensaje transmitido. Ambas características permean la obra que tenemos entre manos. Además, supone un acierto ir de lo general a lo particular. Para ello, el populismo aparece definido (principalmente) en los tres primeros capítulos, mientras que en los siguientes se exponen casos particulares siguiendo un orden que combina lo cronológico y lo geográfico. El resultado es un todo coherente, susceptible de ser empleado como manual de historia política, económica y social de los siglos XIX, XX y XXI.
Así, el conjunto de autores que integran la obra bucean en las raíces históricas del concepto populismo, algo fundamental pues no se trata de algo exclusivo del siglo XXI, sino que hunde sus raíces en el XIX, con los populistas rusos como abanderados de una causa, cuya influencia resultó notable en el desarrollo posterior de la revolución bolchevique (pág. 80). Asimismo, sostienen que este virus o epidemia ha venido para quedarse, lo que no les lleva a adoptar una postura pesimista sino combativa ya que proporcionan un listado de medidas con las cuales se le puede derrotar.
Con todo ello, a pesar de que durante las primeras décadas del siglo XX el populismo parecía un signo distintivo de los países latinoamericanos, actualmente podemos comprobar que democracias tan consolidadas como la británica (UKIP) o la estadounidense (Donald Trump) también lo sufren. En la crisis económica por la que ha transitado el mundo occidental a partir del 2008 descansa una de las razones que explica este hecho, si bien no es la única. Al respecto, como el lector puede intuir, España tampoco está a salvo de esta enfermedad, de tal manera que el surgimiento de Podemos y la mutación observada en el nacionalismo catalán con su defensa del independentismo así lo corrobora: “El simplismo de las soluciones que prometen populistas e independentistas está en relación directa a la carga fóbica que son capaces de imbuir en el enemigo señalado” (pág. 273).
En íntima relación con la idea anterior, el mesianismo es una de las características comunes a todo populismo (de derechas o de izquierdas, pasado o presente) vinculado a la figura de un líder carismático que se atribuye la función de representar al pueblo, cuyas demandas solo él conoce y solo él puede canalizar eficazmente. Junto a ello, señalar y estigmatizar al enemigo forma parte del ADN del populismo ya que su capacidad para fabricar chivos expiatorios resulta tan innata como carente de límites.
Sin embargo, la historia viene confirmando que los populismos dejan como legado una transformación negativa del ámbito geográfico en el que operan. En este sentido, su recurso a fomentar el antagonismo implica una ruptura de la sociedad civil, cuyas heridas puede llevar años suturar, pese a exhibir sus recetas políticas como una suerte de bálsamo de Fierabrás, capaz de solventar de un plumazo todos los males que asolan a las democracias. Por otro lado, en lo relativo a sus desperfectos económicos, éstos tienden a prolongarse en el tiempo, en particular cuando asume posiciones de Gobierno.
En definitiva, una obra oportuna, necesaria y de obligada lectura para quienes cultiven disciplinas como las ciencias políticas, la sociología, la historia, la filosofía y el periodismo. El hecho de que algunos de los personajes analizados se encuentren desempeñando en la actualidad posiciones de Gobierno o de oposición permite fiscalizar su acción y comprobar cómo los rasgos enunciados en este libro se cumplen meticulosamente en su modus operandi diario.