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TRIBUNA

Resaca catalana

Natalia K. Denisova
sábado 23 de diciembre de 2017, 19:35h

¿Qué pedir esta Nochevieja? ¿Qué desear a los familiares y amigos? Queda mucho por desear, quizá lo único que quede es desear, ya que el presente y el porvenir de España no se pinta de colores halagüeños.

Muchos lamentan los resultados de las elecciones de Cataluña: Ciudadanos ha ganado, pero no podrá gobernar. Sin embargo, lo realmente lamentable llegó después. La reacción del PP, culpando a los vencedores de C´s por su triunfo, llegó como el primer mal augurio. Lo que siguió después fue chulería. Mariano Rajoy salió para reiterarnos que se van a cumplir las leyes y nadie se salte la Constitución, cuando ni una ni otra cosa se han acatado mucho; que el PP no ha cometido ningún error y que lo único que les toca a los populares es “un replanteamiento muy profundo” con “la serenidad, la generosidad y la responsabilidad”. La presidenta de la Generalitat, Soraya Sáenz de Santamaría, mantuvo un silencio sepulcral después de mostrarnos su gran conocimiento del léxico anglosajón cuando llamó “fake”, en vez de falso, al proceso independentista. Lo llamó “la posvedad”, pero se equivocó: el independentismo catalán no es posverdad, sino algo muy anterior, ancestral, diría, porque está basado en el hecho elemental de la sangre. Se trata de un instinto tribal. No tiene remedio el que tiene la sangre catalana. No tiene remedio ni siquiera aquel que ha nacido en Cataluña, pero sus padres no son catalanes. Los que mandaron Arrimadas a Jerez lo confirman con creces.

Otra noticia es la posición de Ciudadanos en la formación del Gobierno de Cataluña. Anuncian que van a ser prudentes y van a esperar qué hacen los partidos independentistas, “vamos a ver si logran [un acuerdo] y si siguen por el mismo camino”. Desde hace siglos la prudencia fue alabada como una virtud, mas una virtud discutida en el campo de la política. El político, que es un hombre de acción, quien mejor que nadie conoce que a la Fortuna la pintan calva, no puede sentarse y contemplar cómo se ponen de acuerdo o se matan entre sí los contrarios, sino que tiene que entrar en la arena y tratar de tomar las riendas de la situación. Tienen que negociar, proponer algo a los separatistas que los seduzca y, sobre todo, que retrate sus verdaderas intenciones. Tienen que proponer cualquier cosa, pero nunca quedarse con los brazos cruzados, cuando la vida de millones de ciudadanos de Cataluña está al borde del abismo o de la depresión. No se ha destacado suficientemente el coraje de los que han votado a los constitucionalistas. Se la han jugado, porque se han opuesto a todas las instituciones de esta región que determinan su vida cotidiana. Las universidades, los colegios, las delegaciones y millar de otras oficinas de la administración están tomadas por los independentistas o por los condescendientes. La acción política es lo único que puede dar ánimo y salvar a estas personas del fracaso personal determinado por el fracaso de la sociedad envenenada por el racismo e intereses de las pandillas del poder.

Así son las cosas. ¿Qué nos queda, entonces, para el consuelo? Quizá el discurso del rey, la lotería de El Niño y unos buenos langostinos.

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