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No es el momento de convocar elecciones generales

domingo 24 de diciembre de 2017, 12:22h

Rajoy ya ha contestado a algunos voceros que, antes de terminar el recuento de votos en Cataluña, ya empezaron a exigirle que dimitiera y convocara elecciones generales. Como si no le conocieran. El presidente del Gobierno ha cometido errores de bulto al enfrentarse al desafío secesionista, pero, esta vez, hay que darle la razón al pedir calma y rechazar la disolución de las Cortes tras la traumática mayoría absoluta de los separatistas. No es el momento. O como dijo él, “lo que nos faltaba”.

Quedan dos meses para que el Parlamento catalán elija al presidente de la Generalidad, previsiblemente secesionista. Puigdemont puede intentar ser investido en Bruselas retorciendo el reglamento del Parlament o delegar en Jordi Sánchez que ejercería desde Estremera. La CUP, aunque ya es prescindible, presionará para que se proclame inmediatamente la República. Los futuros escenarios son tantos como imprevisibles e inquietantes.

El Gobierno y los grandes partidos tienen que centrarse ahora en abordar de nuevo juntos la crisis política catalana agudizada tras el resultado del 21-D. Pues no sería de extrañar que la Generalidad vuelva a la carga con la declaración unilateral de independencia con el consabido argumento de que se trata de la voluntad del pueblo catalán al votar de nuevo una mayoría separatista. Y en ese caso, el Gobierno se vería obligado a aplicar de nuevo el artículo 155 y requerir el apoyo de Ciudadanos y el PSOE. No parece el momento más adecuado para disolver las Cortes y emprender una campaña electoral con los partidos en plena refriega.

Sin duda, la pachorra es uno de los grandes defectos políticos de Rajoy. Pero resulta una irresponsabilidad exigirle ahora convocar las elecciones generales. En cualquier caso, los voceros pueden quedarse afónicos si Rajoy logra el apoyo del PNV para aprobar los Presupuestos de 2018, pues, como ya ha anunciado, está decidido a agotar la Legislatura hasta 2020. Y es muy capaz de presentarse de nuevo como candidato del PP. En cambio, si los nacionalistas vascos se arrugan, el Gobierno prolongaría los Presupuestos de 2017 y a mediados de año podría disolver las Cortes, pero solo si para entonces se ha despejado el horizonte catalán. Ahora, desde luego, no es el momento.

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