Las dos estrellas de la década de los 80 pasaron de ser muy amigos a enemigos hasta esta semana.
Los Ángeles Lakers han vivido en estos días precedentes emociones que extrañaban. Su generación joven de jugadores están desarrollándose por encima de lo esperado, con Kuzma, Ingram y Ball despuntando bajo la batura de Luke Walton. Todo ello gracias al proceso implementado por la gerencia y perfeccionado por su director de operaciones de baloncesto, el icono con estatua en la puerta del Staples Center llamado Earvin Magic Johnson.
Además, esa inercia positiva que hace albergar esperanzas de recobrar el estatus aristocrático a la hinchada si algún agente libre de prestigio cayera en el conjunto angelino se cruzó con los Golden State Warriors y plantaron cara hasta el punto de forzar a Kevin Durant a una actuación sobresaliente para que el vigente campeón pudera sobrevivir a este grupo de semi novatos que ilusionan. Todo ello en una de las jornadas más emotivas del presente lustro de desasosiego para la 'Laker Nation'.
Y es que el día en que los Warriors sufrieron para volver a Oakland sonrientes por mor del ascenso disparatado de competitividad que está experimentando el camarín de amarillo y morado fue el señalado para el tributo final a Kobe Bryant. El ganador de cinco anillos para la pomposa franquicia y autor de los últimos momentos ilustras de la historia de dicha entidad fue agasajado por toda la comunidad de ex jugadores en la retirada de sus dos camisetas, la número 8 y la del dorsal 24. Era la primera vez que un jugador recibía tal honor. Por lo que la emotividad subió hata la superficie.
"Estamos aquí para celebrar al más grande de la historia de la franquicia de púrpura y oro. Nunca jamás habrá otro Kobe Bryant. Espero ustedes hayan grabado cada partido, porque nunca más tendremos un Kobe", proclamó el maestro de ceremonias Magic Johnson. Bryant, que estuvo acompañado de su esposa, hijos y excompañeros de equipo, sólo notaría la ausencia del entrenador que le propulsó hacia la excelencia, Phil Jackson, Pero fuera de ese brete, todo lo demás correspondió al respeto y reconocimiento de una leyenda.
Pero lo cierto es que lo sentimental del evento ya se había venido calentando para el fan Laker. No obstante, horas antes, Magic Johnson pedía perdón en horario de máxima audiencia televisiva a un amigo, también estrella de la NBA, tras casi 30 años de enemistad y silencio entre ambos. Se trata de una de las historias personales entre dos nombres gigantes del baloncesto estadounidense más desgarradoras y que, en este 2017, ha encontrado, al fin, un punto de entendimiento.
Todo se remonta a los 80. Entonces, Larry Bird y Magic Johnson se repartían los méritos como exponentes del Showtime de los Celtics y Lakers trascendentes de aquellos años. Pero sucedió que por el camino se colaron los Bad Boys de Detroit, que quitaron, casi a patadas, dos anillos en esa década prodigiosa de las dinásticas franquicias mancionadas. Lo hicieron arrasando, con su juego físico llevado al extremo, también al incipiente talento de Michael Jordan.
Magic y el jefe de la manada azul, Isiah Thomas, rivalizaban en la batalla por el trono del puesto de base y también lo harían por el anillo en las Finales en la temporada 1988-89. El máximo anotador de la historia de los Pistons, MVP de las Finales que ganarían ante los Blazers en 1990 y 12 veces All Star viajaba en ese intervalo temporal previo a la cosecha de campeonatos como un amigo cercano del resplandeciente foco angelino Magic. De hecho, los de Detrior llegaría a jugar el rol de aliados de los Lakers al arosionar a Celtics y cercenar el paso de los Bulls en la Conferencia Este, allanando así el camino de los californianos en el esfuerzo final por el anillo.
Pero se relación personal empezaría a deteriorarse en las Finales que compartieron (1987-88 y la siguiente, con un triunfo por barba). En aquellos lances aparentaban ambos teatralizar una confraternidad que ya estaba minada por la competitivdad. En concreto por el estilo de Thomas y sus Pistons. Porque el talento del base no estaba reñido con su actitud agria. No en vano, estaba encuadrado en la filoisofía ruda y agresiva que preconizaba el técnico Chuck Daly.
Añun así, esa deriva erosiva no constituye más que una anécdota con respecto a lo venidero. Cuando Magic Johnson confesó que padecía el virus del VIH le llegó a sus oídos un testimonio que acusaba a su amigo Thomas de haber extendido el rumor de que el angelino sufría tal enfermedad por su condición homosexual. Este extremo sentó muy mal al Laker, que a partir de ese momento le retiró la palabra al Bad Boy. Isiah, consciente de la dimensión de la polvareda levantada, compareció para aclarar que él no sería capaz de ejecutar una maniobra nociva de ese calado porque en su entorno cercano tenía a un familiar gay que era víctima de esa dolencia, entonces mortal y excluyente.
Los meses pasarían con la relación entre Magic y Thomas fracturada y llegó la convocatoria para los Juegos Olímpicos de Barcelona. La confección del histórico Dream Team. Se podría decir que el oro olímpico del 92 perteneció a todos los mejores jugadores de la NBA, salvo a Isiah Thomas. La estrella de los Pistons no fue llamado y desde el momento en que se anunció la delegación que viajaría a España se empezó a comentar la hipótesis que señalaba que el Piston había sido vetado.
Pues bien, Magic terminaría por confesar que él, personalmente, fue el que vetó la presencia de su otrora amigo. Lo hizo en el libro 'When The Game Was Ours'. No le perdonaba el presunto comentario y le negó el cénit de la carrera de cada deportista que participón en aquellos Juegos. Thomas vio por la televisión aquel torneo en el que Jordan y compañía sacaban brillo al prestigio del baloncesto norteamericano, relamiéndose en cada partido hasta que pareciera un entrenamiento o plataforma para el lucimiento. Esa herida no cicatrizó nunca en el base de la franquicia de Detroit. Incluso se llegó a barajar que Jordan influyó en la decisión como una suerte de venganza por el violento trato que le birndaron los Pistons y que retrasó su cosecha de anillos.
Desde entonces, silencio. Pasaron las décadas y estos dos miembros del Salón de la Fama enfrentados mutaron en excelsos comunicadores y promotores y analistas de la NBA. Fuera de la cancha tradujeron su carisma en discursos nítidos de reconciliación para con todos. Menos para con la relación que les unía. Hasta que la NBA Network favoreció el encuentro grabado, esta semana, en el que se sentaron cara a cara para decirse las verdades. Los dolores que arrastraron su amistad hacia el olvido.
Magic fue el que llevó el peso de la charla. Volvían a hablarse tras casi tres décadas (26 años) y el Laker se sabía culpable de uno de los agujeros deportivos y personales que afligen y afligiran a Thomas: la ausencia del Dream Team. Un minuto duró el discurso de Johnson, ante la imposibilidad del Piston de articular palabra. Sólo pudo llorar mientras que el estandarte de los californianos se disculpaba por haberle vetado de los JJ.OO. del 92.
"Déjame decirte que este ha sido un día tremendo. Mi mujer, mi padre, mi madre me decían que tenía que volver a sentarme contigo. Así que cuando me llamaron no tuve dudas y dije 'vamos a hacer esto'. Así que sentarme frente a ti y poder revivir esos momentos de diversión, excelencia, de trabajo duro, de soñar a lo grande... Eres mi hermano, así que déjame pedirte perdón si te he hecho daño y por no haber podido estar juntos. Dios es bueno por reunirnos otra vez", expuso Magic mientras Thomas se derrumbaba en lágrimas. El Laker también acabaría emocionado y los dos, finalmente, fundidos en un abrazo que puso la piel de gallina a todo aficionado a la NBA. A partir de ahora, esa enemistad cruel queda cancelada.