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2017, un año para olvidar

viernes 29 de diciembre de 2017, 13:05h

España ha sufrido este año la mayor crisis política de la democracia. El desafío secesionista ha disparado la tensión política entre la Generalidad y el Gobierno, ha provocado enconados enfrentamientos entre todos los partidos, ha dividido en dos bloques antagónicos a la sociedad catalana, ha provocado altercados en la calle y ha dañado por mucho tiempo a la economía con la fuga de más de tres mil empresas y la caída vertiginosa del turismo y la inversión extranjera. El intento de golpe de Estado de los dirigentes separatistas ha llevado a la cárcel al ex vicepresidente del Gobierno catalán, Oriol Junqueras, y a siete consejeros, mientras el ex presidente ha huido a Bélgica con otros tres consejeros.

Pero el esperpento continúa. Pese a la histórica y meritoria victoria de Ciudadanos en las elecciones autonómicas, los partidos secesionistas mantienen la mayoría en el Parlamento catalán y se disponen a gobernar. Sea nombrado Puigdemont telemáticamente, Junqueras en la cárcel o cualquier otro dirigente separatista, la Generalidad mantendrá, más o menos abiertamente, su hoja de ruta independentista. Comienza 2018 sin visos de solución del trágico problema que tambalea la estabilidad política española. No es descartable que al poco de comenzar su andadura el nuevo Gobierno, Rajoy se vea obligado a aplicar de nuevo el artículo 155. Y vuelta a empezar.

La crisis catalana, en cambio, ha logrado unir al PP, PSOE y Ciudadanos en defensa de la Constitución, que han aprobado por una abrumadora mayoría en el Senado la aplicación del artículo que ha destituido al Gobierno golpista y restituido la legalidad en Cataluña. Y ahí reside la única esperanza de que en el año que ahora empieza se pueda enderezar la deriva secesionista y recuperar la estabilidad política y social. No resultará fácil.

A los llamados bloques secesionista y constitucionalista les separa una profunda brecha y, en especial, los separatistas no parecen dispuestos a dar un paso atrás. Pero la unión de los tres partidos nacionales supone la única conclusión positiva de este atentado a la democracia española y el único camino para frenar con su fuerza parlamentaria un nuevo intento de declaración unilateral de independencia.

Hay que apostar porque se mantenga ese acuerdo, pese a las rivalidades políticas entre los tres partidos que, además, ya encaran las elecciones municipales de 2019, mientras el Gobierno espera que se despeje el horizonte catalán para aprobar los Presupuestos con el apoyo del PNV. Porque, en caso contrario, Rajoy se verá obligado a disolver las Cortes a lo largo de 2018. Es mejor no pensar en la conmoción política que se produciría si se convocan elecciones generales sin cerrar la herida catalana. Pero si así fuera, hay que apostar por mantener ese acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos en defensa de la Constitución y la democracia.

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