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TRIBUNA

2018

viernes 05 de enero de 2018, 20:38h

Se nos presenta el nuevo año de 2018 y avanza a buen ritmo el siglo XXI. Los progresos de la integración planetaria alcanzan nuevas cotas año tras año. Sin recurso al don de la profecía aventuremos algunos pronósticos. El año 2018 será más cálido en grandes áreas del planeta, entre ellas la península ibérica, donde las temperaturas del verano resultarán calcinantes. Habrá algunas borrascas de lo más natural, televisadas y con nombre propio, resumidas en el viento habitual con algunas lluvias. Pero el tedio informativo, que exige gesticulaciones extraordinarias ante lo ordinario, nos hablará de grandes huracanes y terribles ciclogénesis. En fin, antes de que llegue el sol de justicia veremos nuevamente el ya insultante espectáculo de media Cataluña avalando un presidente que rechaza la otra media. Dada su trayectoria, puede preverse que el Sr. Rajoy seguirá en su puesto como esculpido en bronce y siempre quieto, a menos que una fuerza exterior le obligue a un movimiento que será, en cualquier caso, el gesto que le resulte más económico.

Sea el que fuere el presidente de la Generalidad, 2018 conocerá la prolongación agónica de una estrategia deleznable. Concesiones del Estado, aceptadas con el gesto contrito por un gobierno independentista que seguirá juzgando insuficiente cualquier competencia adquirida, así como todo desequilibrio a favor en el balance fiscal. En sus entendederas sólo cabe la vía única a la independencia política. Consideradas las consecuencias del proceso que culminó con la fuga del Sr. Puigdemont, los plazos y medios podrían revisarse pero no se modificará un ápice el objetivo. Nos seguiremos preguntando si un Estado puede admitir en su estructura jurídica una suerte de protocolo de propia disolución o si, por el contrario, debería prevenirse contra el abuso de la ley en defensa de objetivos contrarios al Estado que la define y la hace valer. No deja de sorprender la legalidad de partidos que programan la secesión de una parte del Estado, incurriendo en el delito de forma sostenida, consciente y sistemática.

Estos sediciosos suelen distinguir estado y nación, pero no cabe separar Estado de Nación y debiera hablarse siempre de Estado nacional o Nación política. Sin duda, existen otras acepciones del término nación, intencionadamente utilizadas de un modo equívoco. El Estado nacional es la instancia de totalización de las sociedades modernas, no hemos conocido otra. Lejos de las poleis antiguas o los reinos medievales el mundo moderno es la edad del Estado-Nación. El Estado es el momento político del mercado nacional, como el mercado es el momento económico del Estado nacional. Hoy, en la era del comercio planetario, se habla de un mercado mundial, pero éste mercado se dibuja sin atenuar unas fronteras que, aunque porosas, no han dejado de existir en modo alguno. Son, al fin y al cabo, condición del funcionamiento de ese mercado planetario. Está por ver si finalmente se constituye un principio de gobierno universal o, como parece, siguen configurándose instancias simplemente internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial…) bajo la imperial hegemonía de los Estados Unidos o, acaso, de otra gran potencia sucesora.

El ciclo anual, sin embargo, apenas conserva elementos recurrentes, un año ya no se parece a otro, ni siquiera en el terreno de lo cotidiano. Hoy, como nunca antes, todo fluye. Conocemos la edad del sistema solar, sabemos que las especies son plásticas y se transforman unas en otras y, sobre todo en el terreno de la historia, las entidades políticas se reconfiguran según formas sucesivas. De esta fluidez y plasticidad se concluye falsamente que, siendo todo mudable, podríamos construir la realidad según nuestro capricho. El mercado saturado de bienes ahorma nuestra subjetividad de consumidor y, así como preferimos una u otra mercancía, pensamos en optar por una u otra identidad: cultural, de género… se da el caso de alguno que ha decidido abandonar la especie humana a favor de una morfología diseñada por la fábrica de sueños de la industria cinematográfica. En efecto, un joven sometido a la cirugía plástica ha adoptado los rasgos de un marciano de serie B. Pero incluso en este mundo volátil, ayuno de toda realidad necesaria, son irreductibles los ritmos de transformación de los distintos órdenes de realidad. La escala astronómica envuelve a la escala biológica o la escala del tiempo biológico envuelve a la escala histórica. Sin embargo, nuestra caprichosa subjetividad quiere reducir la realidad al aquí y ahora de nuestros espurios deseos. Nada ha de limitar mi deseo de pertenecer a una especie extraterrestre o a la república de Tabarnia. Por lo demás, otros prefieren pertenecer a la Cataluña de sus sueños o a una España de fantasía. Reduciendo la democracia a estadística, hace tiempo que redujimos la realidad al espacio de nuestros bastardos deseos.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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