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TRIBUNA

La investidura de Carlos

Jorge Casesmeiro Roger
sábado 13 de enero de 2018, 19:40h

Ni tuvo Cataluña las primeras Cortes de la historia, ni será la primera en investir on line a un gobernante. Aunque todo queda en casa. Lo uno le corresponde a León hace casi un milenio. Y lo otro quedó claro hace quinientos años en Valladolid. No perdamos, pues, el tiempo en disparates, y hablemos de la investidura de Carlos. Pero no del que evita volver de Bruselas para no tomar posesión de un pijama a rayas, sino del que tuvo que venirse desde Gante a dar la cara para poder reinar:

“Cuando Carlos I volvió de Alemania (…) las Cortes se reunieron en Valladolid para recibir su juramento a las antiguas leyes y para coronarlo. Carlos se negó a comparecer y envió representantes suyos que habían de recibir, según sus pretensiones, el juramento de lealtad de parte de las Cortes. Las Cortes se negaron a recibir a esos representantes, y comunicaron al monarca que, si no se presentaba ante ellas y juraba las leyes del país, no sería reconocido jamás como rey de España. Carlos se sometió; se presentó ante las Cortes y prestó juramento, como dicen los historiadores, de muy mala gana. Las Cortes con este motivo le dijeron: «Habéis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación»”.

Así lo contaba otro Carlos, en 1854, al hilo de la Vicalvarada. Concretamente, en uno de los nueve artículos que escribió Marx en el New York Daily Tribune sobre nuestra Guerra de Independencia. Serie recurrentemente editada en España, que al margen de sus deficiencias historiográficas es una magnífica narración para pensar la crisis nacional que ahora nos ocupa. Empezando por la fábula del derecho a decidir, revuelta contra Marx por los herederos de su cuerda, para ganancia de las oligarquías que él mismo despreciaba. Pero ganancia abocada al precipicio porque Marx tenía razón: España ya está autodeterminada. Un millón de banderas, por su rey alentadas, nos lo recordaban hace poco en Barcelona. Hicieron, sus portadores, lo que el de Bruselas no se atreve hacer, acto de presencia. Y a más de uno le pasó lo que decía Marx de Napoleón en España:

“Que se llevó una sorpresa fatal al descubrir que, si el Estado español yacía muerto, la sociedad española estaba llena de vida y rebosaba, en todas sus partes, de fuerza de resistencia”.

Hoy nuestro Estado no es tan débil y nuestra sociedad no está tan viva. Pero de la crisis catalana ha emergido bastante conciencia nacional para abordar el problema de la España ausente. La que siendo, no ha estado. Una España que ni va a soldarse por el 155, ni se va a desguazar por el 168. Porque España no es el número de una abstracción postrera, sino la materia real de nuestra vida histórica. Y el pueblo siempre acaba salvando lo que le salva a sí mismo. Léanlo en La España revolucionaria, este bicentenario del nacimiento de Carlos Marx; yo que pensaba, como Bukowski, que Marx era mierda ya muy seca… No. La Constitución del 78 se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española. En este orden de investidura. Tomen nota sus retribuidos servidores.

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

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