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TRIBUNA

“Definitivamente nos oponemos a un estado judío”; el verdadero objetivo del BDS

sábado 13 de enero de 2018, 19:45h

La publicación de una lista de organizaciones que apoyan al movimiento Boicot Desinversiones y Sanciones (BDS) contra Israel, por parte del Ministerio de Asuntos Estratégicos del Estado judío, que tendrán prohibida su entrada a dicho país, ha tenido escasa repercusión en los medios en español. Pero, cuando la ha tenido, ha sido muy pobre, extremadamente incompleta.

Los medios fallan, vez tras vez, a la hora de explicar qué es realmente el BDS: es decir, cuáles son su verdaderos objetivos; aquellos declarados sin ambages por sus propios líderes.

Veamos, pues, el verdadero rostro del BDS.

El Instituto Reut apuntaba en un informe que al promover una agenda de deslegitimación de Israel, el BDS debe considerarse, ante todo, como una herramienta para etiquetar Israel como un “estado paria”, con el objetivo de socavar la legitimidad de su estructura política.

Y explicaba que:

“… el movimiento BDS mantiene públicamente una cuidadosa ambigüedad con respecto a la agenda del movimiento vis-à-vis con el derecho de Israel a existir… En contraste, una evaluación de las declaraciones indica que muchos de los catalizadores [individuos u organizaciones que inician las actividades del movimiento y que impulsan la tendencia de la deslegitimación de Israel] del movimiento tratan de socavar la legitimidad del estado de Israel y el sionismo y que ven al BDS como una herramienta para socavar el modelo político del estado de Israel.

¿Cómo nace – o, más bien, cómo resurge, como se recicla – el boicot?

La campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel tiene, según explicaba un documento del Centro Simon Wiesenthal, largas raíces que se remontan hasta el boicot diseñado por la Liga Árabe – fundada en 1944, y en 1945 comenzó el boicot de los bienes y servicios “sionistas” en el Mandato de Palestina - para acabar con el recién fundado Estado de Israel e, incluso, antes, hasta las sangrientas revueltas árabes de 1929 contra los judíos de Tierra Santa.

A su vez, en los 1920, los nazis lanzaron su campaña de boicot contra los negocios judíos. Esta campaña no se limitó a la acción de agitadores callejeros, sino que tuvo resonancia en los campus universitarios, donde el 76% de la unión de estudiantes de Alemania votó para excluir a los judíos (incluso a aquellos que se habían convertido al cristianismo).

Mas, en su versión reciente, el mismo Centro Simon Wiesenthal señalaba:

“La Conferencia Mundial Contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia (WCAR, por sus siglas en inglés), celebrada en Durban, Sudáfrica, en 2001, justo antes de los ataques del 9/11, se dedicó en gran medida a la deslegitimación y demonización de Israel, y a difamar a los Estados Unidos. La plataforma principal para demonizar al estado judío fue el Foro de ONG, celebrado en el estadio Kingsmead en Durban”.

El Foro de ONG de 2001 — en el cual el Comité de Solidaridad Palestino de Sudáfrica distribuyó copias de los infames Protocolos de los Sabios de Sión, según informaba el mencionado Centro Simón Wiesenthal — era tan tóxico que la ex presidenta de Irlanda, Mary Robinson, quien se desempeñó como Secretaria General del WCAR, admitió más tarde que a lo largo de la Conferencia de Durban, “hubo un horrible antisemitismo presente — particularmente en algunas de las discusiones de las ONG. Un número de personas dijo que nunca habían sido tan heridos o tan acosados o enfrentados tan descaradamente ante el antisemitismo”.

Con posterioridad a que se presentara la idea en la Conferencia de la ONU, y tal como Ricki Hollander, analista de la organización CAMERA, describía (febrero de 2010), se efectuó en agosto de 2002 una llamada palestina para el boicot económico, cultural y académico integral contra Israel. Esta estrategia intenta demonizar al estado judío como un estado apartheid y aislarlo.

Sobre el boicot surgido de esa convocataria, Paskal Makowicz (en Joel. S. Fishman, The BDS message of anti-Zionism,anti-Semitism, and incitement to discrimination), asesor legal del grupo de trabajo contra el boicot de la organización de judíos franceses (CRIF), afirmaba que se trata de un nuevo campo de batalla en los medios y de una batalla legal que ha sido declarada contra Israel.

Por su parte, Abraham H. Foxman, Director Nacional de la Liga Anti-Difamación (ADL), manifestaba que el BDS está dedicado a encontrar formas de explotar la falta de conciencia, ingenuidad, conocimiento y desinterés general para promover una perspectiva corrosiva, divisiva y prejuiciosa de la compleja dinámica del proceso para lograr la paz entre Israel y los palestinos.

Pero, a todo esto, ¿qué dice el propio BDS y sus líderes?

El movimiento BDS, en su texto en español avisa:

“Estas medidas punitivas no violentas deberían ser mantenidas hasta que Israel cumpla su obligación de reconocer el derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación y acate completamente los preceptos de la legislación internacional por medio de:

  1. La finalización de su ocupación y colonización de todas las tierras árabes y el desmantelamiento del Muro;
    2. El reconocimiento de los derechos fundamentales de los ciudadanos árabe-palestinos de Israel para una igualdad completa; y
    3. Respetando, protegiendo y promoviendo los derechos de los palestinos refugiados a retornar a sus casas y propiedades como lo estipuló la resolución 194 [que es una mera recomendación]”.

El punto 2 y 3 son meras formas (por lo demás falaces) de maquillar lo evidente: no hay nada “humanitario” ni “justo” detrás de las motivaciones del movimiento BDS. Por el contrario, el punto 1 es muy claro: exigen “todas las tierras árabes”, es decir, la desaparición de Israel.

En este sentido, el profesor Geoffrey Alderman decía en 2007 que:

“La preocupación de los boicoteadores contra Israel revela parte del juego que están jugando - atacar los derechos judíos y socavar la legitimidad del estado judío. Pero existe – si puede imaginarse - un juego mucho más siniestro al que estamos siendo invitados a jugar. Y ese juego tiene como objetivo la aceptación de la visión abiertamente totalitaria y verdaderamente aterradora de que el diálogo dentro del ámbito académico en todo el mundo debe estar abierto sólo a aquellos que están de acuerdo, de antemano, en apoyar un cierto conjunto de creencias, y a identificarse con un determinado programa político.

En este caso, el conjunto de creencias se relaciona con Medio Oriente, y la agenda política tiene que ver con la remodelación del mapa de Medio Oriente”.

La analista de CAMERA Ricki Hollander apuntaba que la noción de que académicos boicoteen instituciones académicas es contraria a la esencia misma de la vida intelectual y académica, donde la exposición a la diversidad y la libertad de cuestionar, debatir y participar, es la piedra angular de la adquisición de conocimientos. E indicaba que, además, las universidades israelíes juegan un papel importante en la educación de numerosos árabes israelíes y palestinos.

Por su parte, el profesor de Ciencias Políticas (estadounidense-libanés) Asad Abu Kahlil dijo en 2012 (según reproducía el documento del Centro Simón Wiesenthal) aclaraba:

El objetivo real de BDS es derribar al estado de Israel... Eso debe exponerse como una meta sin ambigüedades. No debe haber ninguna ambigüedad sobre el tema. Justicia y libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia del estado de Israel”.

Y, a todo esto, ¿qué dicen los activistas y líderes del BDS?

El activista Amer Zahar, dijo en 2010, sin tapujos:

“0Lo que queremos no es realmente la desinversión económica de Israel... Por el contrario, buscamos cambiar el diálogo de si desinvertir o no de Israel, sin discusiones ajenas a los fundamentos. Esperamos que en 10, 20 años, el público dará por sentadas las premisas de que Israel es un estado de apartheid, y entonces podremos avanzar desde ahí”.

Es decir, repetir tantas veces la mentira, que el público la confunda con una “verdad”. Un método demasiado conocido.

Omar Barghouti, co-fundador la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI, por sus siglas en inglés) – que en tanto estudiaba un Master en la Universidad de Tel Aviv - declaró en 2010:

Si los refugiados regresaran, no tendrías una solución de dos Estados, tendrías una Palestina junto a una Palestina... Si no atas al perro rabioso, morderá a todo el mundo”

Por cierto, cuando periódico israelí Ma'ariv contactó con Barghouti, para preguntarle (abril de 2009) por la evidente contradicción de sus actos y sus dichos, el activista contestó:

“Mis estudios en la Universidad de Tel Aviv son un asunto personal y no tengo ningún interés en comentar [al respecto]”.

La hipocresía forma parte de la labor.

La analista de CAMERA Ricki Hollander apuntaba que la noción de que académicos boicoteen instituciones académicas es contraria a la esencia misma de la vida intelectual y académica, donde la exposición a la diversidad y la libertad de cuestionar, debatir y participar, es la piedra angular de la adquisición de conocimientos. E indicaba que, además, las universidades israelíes juegan un papel importante en la educación de numerosos árabes israelíes y palestinos.

Por su parte, el profesor de Ciencias Políticas (estadounidense-libanés) Asad Abu Kahlil dijo en 2012 (según reproducía el documento del Centro Simón Wiesenthal) aclaraba:

El objetivo real de BDS es derribar al estado de Israel... Eso debe exponerse como una meta sin ambigüedades. No debe haber ninguna ambigüedad sobre el tema. Justicia y libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia del estado de Israel”.

Y, a todo esto, ¿qué dicen los activistas y líderes del BDS?

El activista Amer Zahar, dijo en 2010, sin tapujos:

“Lo que queremos no es realmente la desinversión económica de Israel... Por el contrario, buscamos cambiar el diálogo de si desinvertir o no de Israel, sin discusiones ajenas a los fundamentos. Esperamos que en 10, 20 años, el público dará por sentadas las premisas de que Israel es un estado de apartheid, y entonces podremos avanzar desde ahí”.

Es decir, repetir tantas veces la mentira, que el público la confunda con una “verdad”. Un método demasiado conocido.

Omar Barghouti, co-fundador la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI, por sus siglas en inglés) – que en tanto estudiaba un Master en la Universidad de Tel Aviv - declaró en 2010:

Si los refugiados regresaran, no tendrías una solución de dos Estados, tendrías una Palestina junto a una Palestina... Si no atas al perro rabioso, morderá a todo el mundo”

Por cierto, cuando periódico israelí Ma'ariv contactó con Barghouti, para preguntarle (abril de 2009) por la evidente contradicción de sus actos y sus dichos, el activista contestó:

“Mis estudios en la Universidad de Tel Aviv son un asunto personal y no tengo ningún interés en comentar [al respecto]”.

La hipocresía forma parte de la labor.

Más de Omar Barghouti (en un video enviado por Benjamin Doherty el 29/09/2013 y publicado por página web anti-israelí y pro-BDS Electronic Intifada):

“… definitivamente nos oponemos a un estado judío. Ningún palestino racional… aceptará jamás un estado judío en cualquier parte de Palestina”.

¿Recuerdan el punto 1 del texto del BDS en español? “Todas las tierras árabes…”.

El BDS, pues, no va de Derechos Humanos, de Justicia. Va, justamente, de lo opuesto. Va de negar el derecho de Israel a existir. Va de crear un ánimo que “legitime” sus fines. Va de algo que en Europa se conoce, o debería conocerse, muy bien.

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