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DENUNCIA DE LA GUARDIA CIVIL: PUIGDEMONT NO DESCARTABA PROVOCAR UN CONFLICTO ARMADO

lunes 15 de enero de 2018, 12:51h
Poco a poco, todas las miserables podredumbres, todas las mentiras y las trampas, todos los despropósitos de...

Poco a poco, todas las miserables podredumbres, todas las mentiras y las trampas, todos los despropósitos de Carlos Puigdemont y su intento de golpe de Estado van saliendo a la luz pública. En uno de los informes que la Institución, tantas veces calificada de benemérita, ha proporcionado al juez Pablo Llarena, se desenmascara el propósito del expresidente felón de “desatar en última instancia un conflicto armado”. Por eso Puigdemont mantenía entre sus objetivos preferentes, organizar un Ejército de 30.000 hombres. Cuando me informaron de ese descabellado propósito me cachondeé del felón calificándole de “Caudillo de Cataluña por la gracia de Mas y Generalísimo de sus Ejércitos de Tierra, Mar y Aire”.

Según Ruiz Coll en Ok diario, el exconseller Joaquín Forn estaba en el ajo del “conflicto armado” y exigía la aceptación del golpe de Estado para que no se produjera colisión entre los Mossos d’Esquadra y las Fuerzas de Seguridad nacionales. Impagable investigación, en fin, de la Guardia Civil que permite al magistrado Pablo Llarena y a la Sala del Tribunal Supremo decidir con preciso conocimiento de causa.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha estado en la inopia de lo que se preparaba en Cataluña. Por eso llegaron las cosas hasta donde llegaron: la proclamación de la independencia y la República catalana. El tejido de la conspiración se había hecho muy denso. Circuló a raudales el dinero y estaba todo preparado y bien preparado. El discurso del Rey alertó a España y la aplicación del artículo 155 empezó a enderezar las cosas. Y las hubiera arreglado completamente si Mariano Rajoy, débil como siempre ante las exigencias del PSOE y de Ciudadanos, no se hubiera precipitado al convocar elecciones autonómicas. Está claro que debió esperar algunos meses hasta desarticular todo el tinglado independentista, enmascarado entre la mentira y las medias tintas.