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Y DIGO YO

Puigdemont no es El Santo

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 18 de enero de 2018, 20:35h
Puigdemont está empeñado en que le tienen que investir a distancia. Su partido ha registrado en el Parlament la solicitud de voto delegado. El suyo y el de los dos diputados que le hacen compañía en Bruselas. El recién nombrado Roger Torrent tendrá que decidir si acepta esta vía o no. Es el primer aprieto serio en el que se ve, si no contamos tener que hacer un discurso sin hacer referencia a cuestiones jurídicamente punibles. Como el juego aquél en el que si decías la palabra prohibida sonaba una bocina, le fueron vetadas “república” o “independencia” bajo riesgo de cárcel.

Realmente hay muy poco que pensar. Esta modalidad no tiene el visto bueno del juez Pablo Llarena – que sí se lo ha permitido a los encarcelados–, ni de los letrados del Parlament, que, por cierto, dicen sentirse presionados y amenazados por los independentistas por sus dictámenes contrarios al procés. Además, no sería aceptable cualquier tipo de negociación o encuentro con un presidente depuesto y prófugo. Y sin embargo se habla de que lo habrá. En cualquier caso, ERC no lo ve claro, no se quiere saltar la ley. Ya le ha visto las orejas al lobo –e incluso al lobo entero– porque tiene a compañeros encarcelados o en libertad bajo fianza.

Dicen desde la parte soberanista que Puigdemont sabe perfectamente lo que tiene que hacer para llegar al poder, pero, de momento, solo presiona y amenaza con la convocatoria de elecciones si no es investido president. Por lo que, o bien quiere el ínclito dar una oportunidad a propios y extraños para que le allanen el camino a palacio antes de actuar o bien, como todo apunta, va de farol. Parece evidente que nadie en su sano juicio se plantea dirigir un país seriamente desde fuera de ese país.

Se disparan así las teorías –cinematográficas todas ellas– sobre cómo, en qué momento y disfrazado de qué va a pasar la frontera para intentar asistir a la que sería su investidura, porque sabe que aquí en España no se va a hacer la vista gorda y si pone un pie en territorio nacional va a ser detenido. Hay porras ya apostando por las máscaras que utilizará o el tipo de vehículo que le trasladará para llegar a la Plaza de Sant Jaume o si se dejará caer en paracaídas desde un avión.

Doy fe de enfervorizadas discusiones sobre si utilizará peluca o la gabardina de Colombo. Unos aseguran, apostándose incluso el café del desayuno, que se está formando en las técnicas más depuradas de Santiago Carrillo, mientras los hay que suben la apuesta y añaden un croissant porque están convencidos de que optará por las artes de José María Ruiz Mateos.

Las técnicas de camuflaje son asombrosas, tantas como la imaginación le permita, pero como uno prefiere pensar que El Santo solo hay uno y SimonTemplar, efectivamente, no es Carles Puigdemont, cabe plantearse que finalmente se proponga a otro candidato o la salida más lógica, unas nuevas elecciones.

Javier Cámara

Periodista

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