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NOVELA

Juan Pedro Aparicio: El año del francés

domingo 21 de enero de 2018, 17:03h
Juan Pedro Aparicio: El año del francés

Cátedra. Madrid, 2017. 368 páginas. 18 €.

Por Paulo García Conde

La editorial Cátedra ha reeditado El año del francés, libro de 1986 escrito por Juan Pedro Aparicio, autor reconocido con el Premio Nadal en el 88 por su obra Retratos de ambigú. En la novela que nos ocupa, la ciudad de León se torna en protagonista aunque de una manera desdibujada, como si unas suaves capas de fantasía e irrealidad quisiesen convertirla en algo distinto, en un espacio reconocible y extraño al mismo tiempo.

Son los años de la dictadura franquista, en los que los habitantes de este lugar parecen sobrellevar sus vidas con cierta tranquilidad exterior, a pesar de sus muchas turbulencias internas. La rutina en apariencia apacible se ve alterada por la irrupción de un personaje extravagante que dice venir de Francia. El capitán Viollet-le-Duc es un joven con afán por lanzarse en paracaídas desde el punto más alto de la ciudad y de escalar la torre de la mismísima catedral, llamando la atención de muchos y provocando recelos en unos pocos.

No son solo estas costumbres las que romperán los esquemas del vecindario, sino los movimientos del enigmático personaje en torno a algunos residentes. Por ejemplo, la relación que establece con Valenty, la hija del presidente de la Diputación, o el apoyo que muestra a Álvaro, joven poeta frustrado que trabaja día y noche en una tienda de lencería para sacar a su familia adelante. Pero el hecho que marcará con más intensidad su estancia en la hasta entonces apaciguada ciudad serán los debates sostenidos con el erudito Peralta, ante quien pone en entredicho la autoría del poema culmen de la mística española, atribuido a la gloria local el abad David.

Aparicio recrea el escenario a partir de una narración exigente, en la que el relato principal de los hechos se entremezcla con el pensamiento literario del poeta Álvaro, lo que sirve para entremezclar el presente de la historia con la ficción, provocando que ambos formen un todo. Se vale, además, de la presentación y seguimiento de muchos personajes, que en ningún momento llevan a la confusión al estar bien perfilados y diferenciados unos y otros. Hay mucho de metáfora en los puntos de vista desde los que se apoya el autor para dejar contemplar al lector los sucesos que se desarrollan y los sentimientos que mueven a los distintos protagonistas del relato.

A pesar de que los conflictos en torno a la autoría del gran poema parecen configurar todo lo que ocurre, es la vida de los residentes la que empuja los acontecimientos a un final insospechado. Los desequilibrios entre aquellos que pertenecen a las clases más bajas y quienes integran las más altas se hacen patentes por la inevitable cercanía e interacción entre todos, dejando al desnudo la mediocridad de una época y una sociedad marcadas por el inmovilismo y el trato cruel de unos hacia otros. Aspectos que provocarán que los miedos, anhelos y esperanzas de cada personaje choquen con una violencia que difícilmente podrá mantenerse bajo control durante demasiado tiempo.

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