Oklahoma City fue capaz de meter 148 puntos en Cleveland a los vigentes subcampeones.
La impotencia que arrastran los Cleveland Cavaliers desde perdieran el día de Navidad contra los Golden State Warriors se refrescó con la nítida derrota ante el mismo púgil hace días. La superioridad de los californianos, con Kevin Durant y el juego coral como elementos diferenciales con respecto al escuadron que lidera un LeBron James en calibre de MVP este curso, ha hecho mucho daño la vigente campeón de la Conferencia Este, que marcha tercero en dicha clasificación, a seis partidos y medio de los Celtics y a casi tres partidos de los Raptors, que son segundos.
En los últimos 10 partidos, los de Ohio han perdido siete veces, resultando algunos de ellos en palizas. Esa concatenación de debacles es pionera en la carrera de un James que tras el fiasco humillante de la pasada madrugada ante los Thunder (148-124) declaró que el no está "para preocuparse de la seguridad laboral de nadie", en referencia a la crisis de legitimidad que atraviesa su entrenador, Tyronn Lue. A pesar de que ese fue el técnico que él mismo eligió para hacerse con las riendas de su vestuario.
Y es que 2018 está resultando un agujero en cuanto a seguridad, autoestima y compromiso para los Cavs. Este domingo, tras ver cómo Paul George anotaba 36 puntos -5 de 11 triples-, Russell Westbrook repartía 20 asistencias (amén de anotar 20 puntos y capturar 9 rebotes), Carmelo Anthony se reafirmaba con 29 puntos y 19 rebotes e, incluso, el pívot Steven Adams aglutinó 25 puntos y 10 rebotes, los aspirantes al anillo tocaron fondo. Porque evidenciaron uan falta de química, actitud e intensidad defensiva sonrojantes ante un bloque irregular, que sólo es quinto en la conferencia en la que se agolpa el talento de Warriors, Rockets, Timberwolves, Spurs y demás.
La ofuscación colectiva fue tal que el jefe de la manada, LeBron (18 puntos, a siete de llegar a la marca histórica de los 30.000 tantos), se mostró discplicente, resignado, en la atención ante los medios de comunicación. Como cansado tras perder de paliza ante Celtics (102-88), Timberwolves (127-99), Raptors (133-99) y Thunder en un rango de 17 días. Ya proclamó en el Garden que "no sé hacia dónde va este equipo". Pues bien, su actitud batalladora ante los inconvenientes, que tomó forma en una bronca pública a compañeros y cuerpo técnico en la banda mientras eran abrumados por el equipo de Toronto, se ha desinflado. "Puedo hacer hasta donde puedo, no más allá", manifestó esta madrugada.
Isaiah Thomas, que jugó como titular y volvió a sucumbir con respecto a las expectativas, afirmó que había sido "vergonzoso" para añadir, además, un dardo hacia todos los componentes de su camarín: "En Boston (rival directo) defendiamos mucho más". El pequeño base, al que el entrenador acusó de ser menos alto que Westbrook como una de las causas del cataclismo -en la cima de los desairses cruzados-, avanzaría el núcleo del problema, según algunos analistas. Un punto que ampliaría Wade: "Somos una plantilla con una edad media alta y ninguno de nosotros somos tipos que sean defensores genuinamente. Pero, es que nadie confía en el otro. Nadie apoya en defensa". "Algunos digerirán los 148 puntos con dos botellas de vino", comentó.
El primero fue el máximo anotador de su equipo, con 24 puntos, pero no repartió juego como se espera de él cuando la zaga ajena cubre a James como hizo ayer Oklahoma. Y el segundo, ex de Heat y Bulls, se quedó en 11 puntos. Uno menos que los anotados por Derrick Rose, cuya vuelta a las canchas representó la única noticia positiva del día para los locales, ya que en el tercer minuto se lesionaría Kevin Love.
El dato de haber capturado 28 rebotes por los 52 de los Thunder es, quizás, el parámetro más aclaratorio en la diferencia de hambre y cohesión entre ambos escuadrones. Se despeñó Cleveland, encajando la derrota más abultada de su historia y siendo sujeto pasivo del primer partido en el que un equipo anota 148 puntos, sin prórroga, desde noviembre del 2016. La inoperancia en la pintura y en la defensa de perímetro se contagia al ataque y la oscuridad aterriza en el Quicken Loans Arena, con los rumores de traspaso arreciendo.
Después de lo descrito, nadie en la franquicia llamada a discutir a los Warriors se plantea que no sea obligatorio fichar en esta ventana. Porque los jugadores han perdido la fe en alcanzar el nivel que les lleve a competir con garantías en las Finales. La crisis, por tanto, está servida en la trinchera en la que ha recalado un José Manuel Calderón caído en desgracia desde que empezaron a recuperarse los lesionados.
"Nunca en mi carrera había concedido 148 puntos. Ni siquiera en videojuegos. Los Thunder hicieron lo que quisieron y así no podemos pensar en 'playoffs'. Ahora mismo no podemos. Nos podrían eliminar con mucha facilidad si empezasen la semana que viene", sentenció un LeBron James que no es capaz de llamar a la esperanza. Aunque él sea el único que tiene la jerarquía para hacerlo en esa ciudad. "No sé que va a pasar con nuestro equipo en el futuro", zanjó, al tiempo que siguen sembrándose los rumores sobre su salida en el próximo verano.