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TRIBUNA

¡Dejen de aconsejar a Ciudadanos!

lunes 22 de enero de 2018, 20:10h

La vida política en los esquemas de Rajoy y el PP está muerta. Desidia y tópicos inundan el espacio público-político. Rajoy está consiguiendo lo nunca visto en España: negar la política y a la par su crítica. El jefe del Gobierno de España, junto a un centón de periodistas y “analistas” políticos que cobran de sus ayudas, están arruinando, por un lado, el poderío civilizador de la política, o sea la posibilidad de que la mayoría de los ciudadanos crean que también la política puede contribuir a la mejora de sus vidas y las de sus vecinos, y, por otro lado, está consiguiendo que desaparezca la crítica política, es decir, la posibilidad de que la política se rehabilite a través del comentario crítico. Niegan la acción política y, lo que es peor, el discurso político.

En otras palabras, malísima es la política Rajoy, pero los analistas y “críticos” de la política son aún peores, entre estos últimos abundan quienes no pasan, en el mejor de los casos, de levantar acta de lo que hace el Gobierno de Rajoy y, en el peor de los casos, se limitan a aplaudir todas la medidas gubernamentales y, de paso, hacerle alguna recomendación a Ciudadanos para bajarle los humos. Las “embestidas” sucias contra Ciudadanos por no regalarle un diputado al PP en Cataluña, por poner un solo ejemplo, son para torearlas con displicencia y seco aliño. En los últimos tiempos, desde que los resultados electorales y las encuestas muestran la existencia de un camino para que vuelva la política a España, es decir, una genuina propuesta para que los españoles vuelvan a tener confianza en la creación de bienes en común, o sea, cuando millones de seres humanos empiezan a confiar en que Ciudadanos puede sacar de la atonía al país, la vieja política intensifica sus críticas al partido de Rivera en forma de recomendaciones, consejos y asesoramientos.

Disfrazados con pieles de cordero, los locutores de las mañanas, las tardes y la noches, los periodistas de todo a cien o haciendo el egipcio, que para el caso es lo mismo, los cansinos columnistas, que repiten la misma bobada desde finales del Franquismo hasta hoy, no paran de exhortar a Ciudadanos para que tenga “cuidado” con las nuevas oleadas de militantes, simpatizantes y votantes que llegarán a la formación naranja. Terrible. Les piden a los dirigentes de Ciudadanos que nieguen, nada más y nada menos, todo aquello para lo que fueron creados: ser un gran partido que acoja a millones de españoles. No se privan estos muchachotes de la “prensa” del “régimen bipartidista” de darle consejos a Rivera y a la dirección entera de su partido. Nadie se reprime entre el sedicente grupo de “críticos” de la nueva política de ofrecer de modo gratuito alguna sugerencia a Albert Rivera; sí, pocos periodistas del PP o del PSOE, pocas líneas editoriales de los periódicos de papel y pocos medios de comunicación audiovisual se salen del carril que les marca el Gobierno de España o la Ejecutiva del PSOE a la hora de criticar o, dicho con lenguaje políticamente correcto, aconsejar a Ciudadanos.

Domina, repito, una “recomendación” en todos estos “nuevos” y, por supuesto, también sedicentes consejeros de Rivera que podría resumirse más o menos así: Cuidado, señores de Ciudadanos, que se les llenará el partido de arribistas, frustrados de otras aventuras políticas y, en fin, de gente que practica con excesiva facilidad el llamado “cambio de chaqueta” y “socorro al futuro vencedor”. Hallo en esta exhortación tanta malicia que me atrevo a llamarla admonición. Representa todo aquello que niega y reniega de la política. Esa formulación es la quintaesencia del integrismo político disfrazado de integridad moral. Es mala moralina que confunde la ética de los principios con la política de la responsabilidad. Este moralismo atroz está arrasando hace años con la política. Es obvio que toda empresa, incluida la política, tiene que cuidarse de quienes quieren “aprovecharse” sin escrúpulo alguno de un bien ajeno. Pero esa obviedad no se puede elevar a categoría de crítica política. Quien lo hace, ni sabe qué es la política y, además, está negando toda posibilidad de cambio político. O peor, y es lo que me malicio, está al servicio de la vieja y ruinosa política de Rajoy, a saber, la única política posible es la del PP: reducir el gobierno de los hombres a la administración de las cosas, o peor, a registrar lo que hay. “Cualquier otra cosa”, entonan los seguidores de Rajoy, “son traiciones y cambios de chaqueta”. Falso.

Los cambios de chaqueta o camisa, como dicen los castizos, son necesarios, urgentes y vitales para transformar la vieja política. ¡Ay, amigos, si el Rey Juan Carlos y Suárez no se hubieran cambiado de chaqueta, estaríamos todavía en la caverna franquista! ¡Ay, amigos, nada bueno puede esperarse de quien es “fiel” a un partido despótico incapaz de hacer autocrítica! ¡Ay, amigos, desconfíen de las fidelidades perrunas! La política es cambio e ilusión. La política, sí, es la posibilidad de que un partido político ganador consiga conciliar posiciones diferentes e incluso irreconciliables. La política es que un partido político consiga integrar a los viejos militantes y a los nuevos afiliados, a los que llegan de otras experiencias políticas y a los que tienen ganas de aportar su personal sabiduría a la nueva empresa ciudadana. Así fue con la UCD, en 1977, con el PSOE, en 1982, con el PP, en 1996, y así será con Ciudadanos en un futuro próximo. Entonces no sé por qué se extrañan estos “nuevos” consejeros de Ciudadanos que se acerquen al partido naranja millones de personas de toda clase, condición y procedencia… Eso es la nueva política. No tener miedo al cambio.

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