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RUEDA DE PRENSA

"En Dead Man Walking la música va siempre por detrás, acompaña al texto"

'En Dead Man Walking la música va siempre por detrás, acompaña al texto'
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miércoles 24 de enero de 2018, 13:54h
Actualizado el: 24/01/2018 14:39h
Ayer, 23 de enero, a las 12:00, justo un día después del Desayuno que ocupó una crónica de El Imparcial, el Teatro Real ofreció una rueda de prensa para todos los medios con ocasión del inminente estreno de la ópera “Dead Man Walking”, que contó con la intervención del equipo responsable de la producción. Si el primero de los actos tenía como objetivo principal conocer la extraordinaria experiencia de la hermana Helen como asistente de convictos en el corredor de la muerte, experiencia que más tarde plasmaría en su libro autobiográfico homónimo, en la rueda de prensa de ayer se pretendía presentar la ópera como tal. Ambos actos forman parte de un ciclo de actividades planificadas en Madrid para preparar el citado estreno, que tendrá lugar el próximo día 26.

Hay que reconocer que el objetivo de esta segunda cita no se cumplió del todo: la cuestión de la pena de muerte tiene tanta fuerza que todo lo demás, a su lado, palidece. Esta ópera ha vuelto a traer un tema antiguo y algo lejano a esta Europa cuyos países han ido incorporando en sus constituciones, más temprano o más tarde, todo el catálogo de derechos humanos, y no solo algunos, como ha ocurrido en Estados Unidos.

Pues bien, fue prácticamente imposible, durante la rueda de prensa, apartar tamaña cuestión y centrarse solo en los aspectos artísticos de “Dead Man Walking”. Tanto que Joan Matabosh, director artístico del Teatro Real, que coordinaba la sesión, tuvo que decir cuando esta se aproximaba a su fin: “Hay tiempo para algunas preguntas más. A ver si las que quedan pueden ser más musicales”. Y se intentó, sí, pero, unos y otros volvían al tema de peso; también los protagonistas: tal ha sido su implicación en esta producción. En el caso de “Dead Man Walking” se da la circunstancia de que el contenido es mucho más importante que el continente, y no porque este no esté a la altura del primero, sino porque los mismos creadores han sido muy conscientes, desde el primer momento, de la importante responsabilidad que tenían ante sí. Sobre esta cuestión Kake Heggie, el compositor, confiesa: “En mi caso sentí que era mi obligación escribir esta ópera. Fue el libretista, Terrence McNally, quien tuvo la iniciativa. Enseguida vi que la historia era adecuada para trasladarla al formato operístico: tenía el tema de la muerte, del amor, la tragedia…y todos los ingredientes para escribirse como una ópera clásica, con sus arias, sus piezas de conjunto..., pero, más que como un deseo, lo vi como una obligación. Fue escuchar el título y éste resonó en mi cabeza; inmediatamente visualicé la música y la que iba a ser mi casa en los años siguientes.” Mark Wigglesworth, el director musical, también es muy consciente de la importancia de lo que en la ópera se narra: “En esta obra la música va siempre por detrás, en el sentido de que siempre acompaña y está supeditada al texto, no al revés. Existe una íntima conexión entre ambas muertes (la palabra que utiliza es asesinato; deducimos que habla de la muerte de la víctima y de la del reo). El vínculo entre los dos sucesos, el del comienzo y el del final de la ópera, es definitivo y la música lo refleja empleando elementos temáticos que sirven de interlocutores, de nudo entre ambas realidades.” Para Leonard Foglia, el director de escena, el mensaje de la ópera es claro: “No es la historia de un asesinato y su castigo, sino una historia de paz y perdón”.

Le llega el turno a Joyce DiDonato –mezzosoprano- (en el Teatro Real se refieren a ella por su nombre de pila), Sister Helen en la ópera: “La hermana Helen atraviesa la puerta del infierno cada vez que flanquea la de la cárcel: no sólo se encuentra con un asesino, sino con un sistema carcelario frío, imperfecto y también malvado. Helen eligió ese camino -sabiendo que era el más difícil- para plantar la semilla del amor. Es esta compasión que vemos en el personaje la que nos ha cambiado a todos.” Más tarde, en el turno de preguntas, un compañero pide a Joyce que explique qué siente cuando interpreta a Sister Helen. Joyce es clara al respecto: “It’s my journey” (“Es mi viaje”). Es el camino que recorren todos cuantos ven la ópera. Me veo como un vehículo de cómo entender la compasión.”

Michael Maynes es el barítono que interpreta al reo de muerte. Su relato es enternecedor: resulta patente que la experiencia de dar vida a este personaje le ha impresionado profundamente. “Yo no soy un cantante de ópera típico. Esta es mi primera ópera. Cuando conocí el libreto comprendí enseguida que era una gran historia. Crecí en un entorno parecido al del protagonista, en el este de Tejas. De pequeño quería ser como Pavarotti.., o Willie Nelson (risas). Sin embargo, nunca me vi en el mundo de la ópera (con gente con traje, y todo eso...). Fue cuando conocí “Dead Man Walking” cuando comprendí que la ópera también podía contar este tipo de historias; que no era un mero entretenimiento. Joseph de Rocher, el personaje al que interpreto, es víctima de la sociedad, no tiene otro modo de expresarse que el de la violencia -yo he tenido la suerte de poder expresarme cantando-, pero incluso hay humanidad en una persona como él…” Al final de la rueda de prensa, en el turno de preguntas, alguien plantea a Maynes una cuestión difícil de responder: quiere saber si cabe la compasión en el caso de un asesino como el que mató a tres personas en España tras huir de Italia (entiendo que se refiere a “Igor el Ruso”) merece compasión. La respuesta, viniendo de Maynes, un cantante, es sorprendente (no lo habría sido en la hermana Helen): “Esta experiencia me ha hecho comprender el verdadero sentido del perdón. Cuando conocí la vida del reo que retrata mi personaje sentí que yo mismo debía ser perdonado y perdonarme también a mi mismo por el mal que he hecho a otros. El perdón lo transforma todo. Nade se ha arrepentido nunca de perdonar.”

Del relato de todo el grupo (también el de la soprano Measha Brueggergosman, canadiense descendiente de antiguos esclavos procedentes del Camerún, que encarna a la religiosa compañera de la hermana Helen, la hermana Rose), queda claro que la hermana Helen ha encendido la chispa del amor en todos ellos.

Sin embargo es Helen Prejean, la hermana Helen y la verdadera protagonista de la historia, la que sobresale sin proponérselo sobre todos los participantes en la rueda de prensa. Su energía es tremenda. Hay mucho “feeling” entre ella y los cantantes principales por su procedencia geográfica. Respecto de la ópera misma, comenta: “La obra ha sabido contar muy bien la experiencia de haber escrito el libro y haber querido dar a conocer mi experiencia lo máximo posible. La música es muy cantábile. Tiene un ritmo con el que todos podemos identificarnos…” “Los artistas han tenido una experiencia muy viva, muy real, con esta producción; ya no son los mismos que cuando empezaron... Lo que cambia el relato al que se da vida aquí es la conciencia. Esta es lo que nos transforma.” En los últimos minutos de la rueda de prensa vuelve a intervenir la hermana Helen para contestar a las preguntas de los asistentes: ¿Qué va a suponer la presidencia de Donald Trump en el tema de derechos humanos en EE.UU? Helen no se muerde la lengua: “Todo lo que venga de Trump es un retroceso. Una persona que no sabe hilvanar correctamente las palabras de una frase no debería poder llegar a la presidencia de los Estados Unidos. El problema reside en que tenemos una sociedad que permite que esto suceda. La solución, una vez más, es la misma: educar.”

La reunión se cierra con la intervención de Joan Matabosh, que hora y media antes había dado comienzo al acto. Matabosh aporta los imprescindibles datos musicales que los asistentes, inmersos en la historia de Helen Prejean, hemos pasado por alto: “Dead Man Walking entronca con una rancia tradición operística, en la que se inscriben, por ejemplo, algunas óperas de Wagner, como “El Holandés Errante”, o Turandot, de Puccini.
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