Salamanca pierde los papeles con sus papeles
sábado 12 de julio de 2008, 00:12h
Se les conoce como los “papeles de Salamanca”, pero hace tiempo que esa denominación de origen dejó de tener vigencia, en un triunfo de la catalanidad, que en breve verá llegar las últimas siete cajas con los famosos archivos. Una trashumancia documental como muy protocolaria, teniendo en cuenta que siete cajas caben en una furgoneta, como recordaba el “conseller” de Cultura Joan Manuel Tresserras, que sugería al ministro que se llevara el material de la discordia en el maletero de su coche.
Pero ahí siguen, esperando el momento más nocturno y alevoso de la noche oscura para que algún funcionario haga efectivo el traslado y las coloque en unos de esos furgones de Prosegur, a salvo de posibles Dionis de los archivos pre-guerracivilinos. Después de la reunión del Patronato del Centro de Recuperación de la Memoria Histórica -esa suerte de disco duro externo del pasado más espinoso-, se supone que partirían rumbo Barcelona, pero parece que el capítulo no se acaba de cerrar. Ahora, el Ayuntamiento de Salamanca se acoge a su derecho legítimo de obstaculizar un poquito, y anuncia que recurrirá ante la Audiencia Nacional, como ya hiciere en la primera salida de los legajos, en 2006.
Arguyen que esos papeles son de todo menos “catalanes” y que contienen “documentación de juzgados”, y que nunca pertenecieron a la Generalitat ni a sus organismos dependientes. Me pregunto yo ahora por ese inusitado interés por esa literatura burocrática de los años treinta, o si no es que hay un encono atávico hacia lo que se ha considerado, en un ejemplo de cainismo ibérico marca de la casa, un robo, una tomadura de pelo, un expolio. Esa cosa tan nuestra de pensar que si nos quitan algo nos están tomando por tontos y que hace aflorar esos tristes complejos de inferioridad, que se acallan a golpe de recursos, querellas, demandas y surrealistas decisiones municipales. Recordemos que la otrora calle Gibraltar, en la unamuniana Salamanca, se llama ahora calle del Expolio, que es donde se reúne el Patronato del Centro de Recuperación de la Memoria Histórica que, ya que estamos, podría haberse bautizado menos socialistamente.
Los papeles de Salamanca que regresan a Cataluña son material incautado por orden de Franco, que quiso aglutinar en la ciudad castellanoleonesa archivos que contenían información sobre personas e instituciones catalanas. Unos x-files que se trasladaron en un tren con 12 vagones desde Barcelona y que Cataluña los reclama desde 1983, cosa que a Salamanca le parece un expolio, una cosa de caraduras, una sinvergonzonería, un despropósito, un insulto al honor de la ciudad y al de todos los españoles, si me consienten esta ironía más bien gruesa.
La realidad es compleja, y la de España más. Y si el Arxiu Históric Nacional de Catalunya los reclama porque los precisa para sus investigaciones y sus arqueologías de biblioteca, pues quizá no sea tan mala cosa cederlos, que el AVE será rápido pero también vale una pasta, y los eruditos no están para derroches. Pero vence el encono, el reproche, la bronca. No quieren ver en Salamanca, representada por su Ayuntamiento, que el nuevo Centro que capitanea Molina, cerca de la calle del Expolio, en pleno centro de la ciudad, albergará 157.000 cajas de documentos que ahora pasarán a formar parte del patrimonio archivístico de Salamanca.
En cambio, optan por perder los papeles y ser consecuentes con nuestra peor y más luctuosa historia reciente.