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RIVERA HACE LA CAMA A RAJOY

sábado 27 de enero de 2018, 18:30h
Irritado con Sancho, que no se quería flagelar para salvar a Dulcinea de su encantamiento, Don Quijote dice...

En este artículo de Luis María Anson, publicado en el diario El Mundo, se analiza la sorda lucha entre los líderes del Partido Popular y de Ciudadanos. Las redes sociales se han hecho amplio eco del comentario de Anson, que reproducimos a continuación.

Irritado con Sancho, que no se quería flagelar para salvar a Dulcinea de su encantamiento, Don Quijote dice: “Oh malaventurado escudero, alma de cántaro, corazón de alcornoque, de entrañas guijeñas y apedernaladas”. Tal vez Cayetana Álvarez de Toledo, que es la inteligencia política en el periodismo, podría explicar quién es en Moncloa la pepera de entrañas guijeñas y apedernaladas, quién el malaventurado escudero, quién el alma de cántaro. El corazón de alcornoque no hace falta que lo explique porque todo el mundo sabe a quién corresponde tan certera calificación, el desdén con el desdén.

En las elecciones generales del año 2015, que dejaron a Mariano Rajoy con 123 escaños y pérdida de 63, la suma de votos del PP y de Ciudadanos rozaba la cifra de la mayoría absoluta pepera de 2011. La ley d’Hondt juega contra la división entre afines y encarece el número de votos para elegir a un diputado. De ahí el terremoto que ha zarandeado los muros del palacio de la Moncloa tras las elecciones catalanas. Frente al inmovilismo del PP, una mujer coherente, discreta y moderada, pero muy firme, Inés Arrimadas, ha provocado la conmoción monclovita. Pedro Sánchez se frota las manos de Susana Díaz. La mayoría en escaños se le puede escurrir al PP en las generales si se confirma la crecida de Ciudadanos. Frente al “divide y vencerás” que amenaza al centro derecha español, Mariano Rajoy sabe que el “une y vencerás” es lo que necesita el partido que engrandeció José María Aznar y que hoy orza al viento de proa de la nave ciudadana. Los que apuestan por la concordia, sin embargo, tienen poco que hacer. La guerra interna en el centro derecha es una realidad. Rivera le está haciendo la cama a Rajoy. El pueblo, por cierto, desprecia a la clase política porque los partidos anteponen casi siempre su interés particular al general del bien común.

La atrocidad catalana sin resolver, los horizontes turbios y las esperanzas muertas exigían un acuerdo pleno de los dos partidos de centro derecha. La impresión generalizada es que se despedazan y, como son muchos los que creen en la victoria de Ciudadanos, peperos relevantes están saltando al carro del vencedor como aquellos falangistas valerosos que tras la muerte del dictador se encaramaron en la democracia, arrumbando las cinco flechas simbólicas en el carcaj de la Historia. Derrotado, en fin, Don Quijote en Barcelona por la Blanca Luna y de regreso a Madrid, dijo, como Rajoy a Rivera: “No estoy para dar migas a un gato, según traigo alborotado y trastornado el juicio”.