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NOVELA

Margaret Atwood: La semilla de la bruja

domingo 04 de febrero de 2018, 19:14h
Margaret Atwood: La semilla de la bruja

Traducción de Miguel Temprano García. Lumen. Barcelona, 2018. 336 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9, 99 €. La Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008, nos brinda una excelente novela, en la que recrea en nuestros días "La tempestad", la pieza teatral de Shakespeare donde el conflicto oscila entre la venganza y el perdón. La escritora canadiense traza un espléndido "Próspero", protagonista de la obra shakespereana, en su personaje Felix, un director de teatro traicionado por su ayudante y amigo. Por Ángela Pérez

Margaret Atwood (Ottawa, 1939) está estos días en el ojo del huracán por intervenir en el debate y la polémica sobre el movimiento #MeToo. La escritora canadiense siempre ha sido muy activa en la defensa de causas cívicas y del ecologismo, y ha mantenido una postura claramente feminista. Ello se aprecia en prácticamente toda su producción, y ahí está, como diáfano ejemplo, su exitosa novela El cuento de la criada, convertida recientemente en una serie televisiva, una distopía sobre los derechos de las mujeres, anulados en una siniestra sociedad futura, donde también se ha suprimido la libertad de prensa.

Atwood publicó un artículo en el diario The Globe and Mail de Toronto de significativo título: ¿Soy una mala feminista? En él se refiere a las críticas y ataques que ha venido sufriendo con motivo de haber firmado una carta, junto a otras personalidades de su país, dirigida a la Universidad de British Columbia. En la misiva denunciaban la actuación del centro de enseñanza ante el caso de uno de sus profesores, acusado de agresión sexual por dos de sus alumnas, y al que se condenó de antemano y fue objeto de una virulenta campaña en internet en su contra, impidiendo una investigación transparente e imparcial y haciendo pedazos, en opinión de Atwood y de los otros firmantes, la presunción de inocencia.

El hecho es sintomático de cómo, afortunadamente, todavía quedan mujeres como Margaret Atwood en las que su inequívoca postura feminista -hoy todavía sin duda necesaria-, no es sinónimo de anteojeras y simplismo. Como bien ha señalado la autora de novelas como Nada se acaba y Alias Grace la ideología se propone eliminar la ambigüedad. La ambigüedad del mundo y, sobre todo, ha recalcado Atwood, el que las personas seamos moralmente ambiguas. En esa condición entran, naturalmente, hombres y mujeres. Por lo que, señala asimismo, las mujeres no son ángeles, incapaces de maldad, sino que, como cualquier ser humano, pueden desplegar todo tipo de comportamientos, santos y criminales.

La posición de Margaret Atwood -galardonada, entre otros reconocimientos, con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008, y cuyo nombre está presente en las quinielas del Nobel-, hace que su literatura, sin renunciar a sus ideas, no tenga el menor atisbo de panfletaria. Por el contrario, como todo gran autor, da cuenta de la complejidad humana.

¿Y quién mejor que el inmenso William Shakespeare nos ha puesto frente a ella? No es extraño, pues, que Margaret Atwood accediera con mucho interés a participar en el ambicioso y atractivo proyecto que se propone recrear obras del gran dramaturgo británico, y en el que colaboran también nombres, entre otros, como los de Anne Tayler, Jeanette Winterson, Jo Nesbo y Tracy Chevalier. Margaret Atwood eligió recrear La tempestad, considerada por muchos como el testamento shakespereano, y que tiene como eje el asunto de la venganza, a través, recordemos, del personaje del mago Próspero, duque legitimo de Milán, traicionado y expulsado de la ciudad por su hermano.

Estamos en el año 2013, y el “Próspero” de La semilla de la bruja es Felix, aclamado director de escena y director artístico del Festival de Teatro de Makeshiweg, donde está montando precisamente La tempestad. Pero, aprovechando el aciago momento personal por el que atraviesa Felix -su mujer murió en el parto de su hija Miranda, llamada igual que la hija del protagonista de la pieza de Shakespeare, que también muere poco después-, su ayudante y colaborador, y amigo, Tony (“Felix, el hechicero siempre en las nubes; Tony el factótum con los pies en el suelo y amasando dinero. Teniendo en cuenta sus talentos respectivos, parecía una división del trabajo apropiada”) va difamándole, y le traiciona con el propósito de quedarse con su puesto de director del Festival de Teatro de Makeshiweg.

Felix ya no es ningún jovencito y ve complicado recomenzar su carrera. Comprende también que Tony lo ha organizado todo muy bien y que incluso le ha privado de su derecho a la protesta: “Conociendo su reputación de hombre irascible, le preguntarían si quería hacer algún comentario, con la esperanza de que se pusiera a dar gritos. Pero gritar sería una pérdida de tiempo, ¿de qué serviría?”. Pero no obstante, no se dará por vencido. Necesita recomponerse y lo hará en una solitaria casa de campo, donde diseña una nueva identidad: será el señor Duke.

El seño Duke no abandona su proyecto de montar La tempestad, aunque ahora tenga que ser como alguien anónimo que se dedica a hacer teatro en las cárceles, con los reclusos como actores. Estos descubrirán un mundo antes ignoto para ellos. Y Felix aprenderá muchas cosas sobre los demás y sobre sí mismo. Junto a su no renuncia a La tempestad, crece en Felix el deseo de venganza. ¿Conseguirá llevarla a cabo?, ¿será suficiente para aplacar su corazón?, ¿se reencontrará con Miranda? Las respuestas en esta magnífica novela donde Margaret Atwood vuelve a mostrar que la complejidad que no cuadra con meros alegatos ideológicos.
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