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ENSAYO

José Manuel Cuenca Toribio: Historia de la derecha en España

domingo 11 de febrero de 2018, 15:57h
José Manuel Cuenca Toribio: Historia de la derecha en España

Almuzara. Córdoba, 2017. 235 páginas. 21 €.

Por Manuel Revuelta González

Este libro del profesor José Manuel Cuenca forma parte, según nuestra opinión, de una trilogía sobre los grandes impulsos políticos y culturales que han dejado una marca indeleble en la reciente historia de España en el siglo XX hasta el momento actual. En 2012 el historiador nos brindó una síntesis magistral, Iglesia y cultura en la España del siglo XX. En 2016 publicaba otra obra memorable: Marx en España. El marxismo en la cultura española del siglo XX. Una vez estudiadas la Iglesia y la izquierda, quedaba por hacer la historia de la derecha, prolongada en el siglo XXI, casi hasta nuestros días, pues el prólogo del libro está fechado el 31 de octubre de 2017, cuando estaban reciente los resultados del procés catalán del 1-O.

Pocos autores presentan una panoplia historiográfica tan abundosa como el profesor Cuenca. Durante más de medio siglo su pluma se ha dedicado, como él dice, al culto de Clío. Acaso fatigado por esa fidelidad asombrosa, ha escrito en el prólogo que este su último libro “será, con suma probabilidad, el último de los de su género salido de su compulsiva pluma” (p. 9). Estamos seguros de que esta conjetura, nada deseable, no llegará a realizarse, y que predominarán “genio y figura”.

El libro que presentamos mantiene las características del estilo peculiar de nuestro autor. Utiliza un vocabulario exquisito, que requiere el uso del diccionario. Y unos párrafos densos y largos, enriquecidos con incisos y oraciones subordinadas, que a menudo hay que releer con pausa para penetrar su contenido. Tras este ropaje barroco, alienta siempre una erudición pasmosa y un ingenio expresivo singular. Para leer a Cuenca hay que poseer una cultura humanística plenamente actualizada. Son escritos que, de por sí, obligan a los lectores a una gimnasia mental, que no todos son capaces de superar.

En este libro aparece también la cualidad más estimable de la historiografía de nuestro autor: el excelente fundamento bibliográfico, con atención especial a las memorias de los personajes más relevantes. En los libros anteriores la bibliografía estaba servida en largas citas a pie de página o final de capítulo. En este, seguramente por imposición de la editorial, las citas bibliográficas se intercalan en el cuerpo del texto. Aunque los comentarios son siempre sustanciosos, hubiéramos deseado que al final se hubieran recopilado los títulos en una lista bibliográfica general.

Sobre la base de esta bibliografía actualizada y agudamente interpretada, los temas históricos expuestos por el profesor Cuenca aportan un análisis certero de la realidad histórica, entreverado con interpretaciones originales. La mayoría de los temas históricos contemporáneos son polémicos y controvertidos. El autor tiene en cuenta todos los pareceres, los discute con serenidad y los juzga con respeto al disidente, moderación e independencia. Acaso por eso muchas de sus soluciones son respuestas de vía media entre pareceres contrarios. En el fondo es un elogiable deseo de paz en una historia tan cainita como la nuestra.

La novedad principal está en el enfoque general que se da a la derecha. Hay multitud de estudios parciales sobre derechas e izquierdas, pero se han escrito pocos tratados o historias generales con rigor intelectual. Aquí se nos ofrece una de ellas. La novedad no está en describir la pluralidad de las derechas españolas (unitarias o autonómicas, moderadas o ultras), sino en subrayar la uniformidad de la cosmovisión o talante de los sectores conservadores. “Antes que una posición política, la derecha es una cosmovisión y, sobre todo, un comportamiento genuino y singular frente a las grandes realidades de la aventura humana: patrimonio histórico, actitud religiosa y patriótica, bases de la convivencia, organización y concepto del Estado, supremacía de lo individual sobre lo colectivo, sacralización de la autoridad, deificación del ahorro…, y demás valores similares, entre los que los castrenses tienen un perfil muy acusado” (p. 14). Esta definición programática de los ejes del pensamiento conservador será analizada a lo largo de los siete capítulos del libro, en los que se traza la trayectoria de la derecha española: orígenes, formación, madurez, esplendor, la derecha en la democracia, Alianza Popular, la Moncloa Populista.

Los orígenes de la derecha no deben situarse en fechas tan prematuras como el siglo XVIII o las Cortes de Cádiz, pues el conservadurismo no cuaja como tendencia política y social hasta después de la revolución del 68. La fase primigenia tendría, a lo más, una antesala jovellanista, un pórtico o vestíbulo tras la guerra carlista con la década moderada y un prólogo en la última fase de la Gloriosa. Será con la Restauración alfonsina, bajo la jefatura de Cánovas, cuando se desarrolle la primera fase del liberalismo conservador. Entre los ingredientes del pensamiento conservador a finales del siglo XIX está la Iglesia católica (a pesar del anticlericalismo entonces imperante), el Ejército (muy prestigiado incluso por las izquierdas), el patriotismo que dará lugar a un ideario nacionalista con proyectos de reconstrucción nacional, y unas clases medias, campesinas y urbanas que aspiran a la seguridad con orden y libertad. El ideario de Menéndez Pelayo en los Heterodoxos inspiró la vertiente intelectual del canovismo decimonónico.

La formación del ideario derechista se fue implantando en el primer tercio del siglo XX, hasta la caída de la Monarquía. Tuvo dos momentos, el primero bajo el liderato de Antonio Maura, y el segundo, durante la dictadura de Primo de Rivera. El Partido Conservador de Maura actuó como reacción frente al anticlericalismo y antimilitarismo, y como correctivo a las derechas regionalistas de vascos y catalanes. La derecha de Maura consiguió convertir el conservadurismo de elites en un partido de masas atractivo para las clases medias y para las juventudes. Estas tendencias mauristas se amoldaron al crisol de la dictadura primorriverista, que fue respaldada por las clases medias burguesas y la oligarquía terrateniente e industrial. Las realizaciones económicas logradas por los jóvenes técnicos durante la primera dictadura fueron exitosas.

En el libro se destacan, sobre todo, las actividades culturales inspiradas en el ideario derechista. Libros y editoriales propagaban las “gestas” de la España eterna y la exaltación de la Hispanidad. La exposición de Sevilla de 1929 fue significativa, pero también otras manifestaciones culturales de masas como el cine, la radio y el deporte.

La madurez de la derecha se alcanzó en los tiempos difíciles de la II República. En el libro se recuerdan los sectores derechistas que infundían esperanza a las esferas burguesas y mesocráticas en las primeras elecciones republicanas. Los Propagandistas fundados por el Padre Ayala en 1909 y encauzados por Herrera a través de El Debate, asumen su responsabilidad con posibilismo en el partido Acción Nacional (luego Popular). Los monárquicos se reagrupan en Renovación Española. Los republicanos se unen en la Derecha Liberal Republicana, que acabará dividiéndose y desintegrándose. La verdadera madurez de la derecha se logra en la CEDA de Gil Robles, aunque antes hubo formaciones regionales destacadas, como la Derecha Regional Valenciana de Luis Lucia y la gallega Unión Regional de Derechas. En el libro se plantea la ardorosa controversia historiográfica sobre si la CEDA fue una reacción totalitaria utilizada por el capitalismo, o si fue un verdadero partido democrático. El autor se decanta por la segunda opinión. Aunque Gil Robles fue aclamado como jefe no tenía nada de fascista, aunque sí defendía los postulados derechistas: orden, trabajo, religión, familia, autoridad, humanismo cristiano y orgullo español.

La CEDA triunfó en las elecciones de noviembre de 1933, y suscitó el rechazo antidemocrático de la revolución de Asturias. Ante las elecciones de febrero de 1936 el Frente Popular actuó con fraude y violencia (documentadas por Álvarez Tardío y Villa García), mientras en el Bloque de Derechas cada grupo actuó por separado. El autor hace interesantes puntualizaciones sobre las otras derechas (Falange, Renovación Española, PNV, UDC). También se analiza la génesis de FE y de las JONS, su ideario regeneracionista y sus 29 puntos con filtraciones fascistas. Gil Robles, José Antonio y Calvo Sotelo no lograron unirse. Gil Robles representaba la derecha más abierta, pero su posibilismo fracasó, al igual que su sueño de una de una república conservadora. El autor concluye que las derechas fueron incapaces de formar coaliciones en aquel momento decisivo y “dimitieron de sus responsabilidades al buscar el cómodo y temible concurso de las fuerzas armadas” (p. 92).

El esplendor de la derecha se logra en la dictadura franquista. El franquismo identificó a las clases medias con el pueblo español, mientras la derecha se acomodó a un régimen de larga duración, en el que halló madurez social, económica y cultural. La derecha franquista tuvo política de Estado, si se tiene en cuenta el desastre económico al final de la Guerra Civil. En la inspiración del Estado nuevo se evocó la España de los Reyes Católicos, la Hispanidad y el Imperio. A la autarquía y el proteccionismo de los primeros años siguieron los años de desarrollo económico de los tecnócratas, el despliegue de las clases medias en los felices años sesenta y la extensión de la educación. Los pilares siguieron siendo los mismos: el cimiento religioso-político del nacionalcatolicismo y la impregnación castrense. Pero al final de la época hubo cambios. El cañonazo del Vaticano II impactó en la línea de flotación del Régimen.

Y en cuanto al Ejército, no hubo propiamente una dictadura militar pues el país no se gobernó buscando los intereses exclusivos de las Fuerzas Armadas. Al final el viejo timonel había logrado conducir al país “a su reencuentro con la prosperidad material y a una convivencia apta para la construcción de un Estado de libertades y progreso político” (p. 115). Incluso podía decirse que el futuro estaba asegurado. Por eso Rodríguez Valcárcel pudo pronunciar la frase que colmó de satisfacción a la derecha del Régimen: “Desde la emoción en el recuerdo a Franco, ¡Viva el Rey!”.

“La Derecha en democracia”. Así titula el autor la gestión durante la Transición. El debate historiográfico se centra en si la derecha fue en exceso generosa, o si la izquierda sacrificó su programa para lograr el consenso. El autor no se atreve a echar su cuarto a espadas en este debate, pero afirma que la derecha tuvo una participación decisiva en la reconstrucción democrática. Fue una transición difícil, llena de zozobras y recelos. Se impuso una solución política, acordada por el deseo de la mayoría, con ayuda de la Iglesia, apoyada en el Vaticano II, y el Ejército, que no cedió a los ultras en los tiempos duros de ETA. La derecha entendió que no era posible resucitar el franquismo, y que era preciso conservar el mayor número de los valores antiguos. Era una derecha revisionista ya desde los años cincuenta, que ya entonces reclamaba sus ideas sin complejos en libros, revistas, periódicos y controversias (el autor ofrece aquí un excursus sobre las actividades culturales de la derecha en tiempos del franquismo).

Alianza Popular a escena. Al apoliticismo de la derecha en el franquismo siguió en la democracia una derecha capaz de iniciativas. El autor señala dos corrientes: 1ª. La etapa inaugural con el protagonismo crucial de Adolfo Suárez. 2ª. La derecha reivindicativa de su historia y sus principios. El profesor Cuenca Toribio se fija sobre todo en esta corriente. La Alianza Popular fundada en octubre de 1976, como una federación de 7 asociaciones (los 7 Magníficos), con Fraga de secretario general. En marzo de 1977 dejó de ser federación y se unifico en partido único. Distinta de la anterior formación fue el Partido Popular liderado por Areilza y Cabanillas, que se presentó en noviembre de 1976, y cambió de nombre en febrero de 1977, con la denominación de Unión de Centro Democrático, flamante formación que encandiló al conservadurismo español y fue pieza clave para la convivencia.

El centrismo estaba en auge y alentó una derecha moderna, europea, democrática, con tolerancia y diálogo. En las elecciones de junio de 1977 el resultado fue decepcionante para Alianza Popular. El triunfo del PSOE en 1982 supuso el ocaso de UCD; pero el partido de Fraga se reafirma como el gran partido de la derecha, con refrendo nacional e internacional y apoyo mayoritario en Galicia. En enero de 1989 se refundó con el nombre de Partido Popular. Fraga designó a José María Aznar, que estuvo a punto de ganar las elecciones de 1993, y logró imponerse en las de 1996, “amarga victoria”, porque tuvo que hacer concesiones a PNV y CiU.

“La Moncloa Populista” es el título del último capítulo, en el que se analizan primero los ocho años del Gobierno de Aznar, entre 1996 y 2004, con mayoría absoluta desde marzo de 2000. La semblanza de Aznar es positiva pues, aunque no cumplía el arquetipo de líder, era inteligente, frío, tenaz, lector de Azaña y valiente en el atentado frustrado. En cuanto a su gobierno, el “Aznarato” supuso una derecha renovada y homologable con la europea. El ritmo del crecimiento económico fue patente en el cambio del siglo. Junto a este reformismo económico se procuró fomentar las ideas de la “nueva Derecha”, con unos planes de educación que no pudieron imponerse por las resistencias periféricas. La proclividad al autoritarismo y la política internacional al servicio de Reagan y Blair fueron elementos negativos.

El relevo de Aznar dio paso al “Marianato” de Mariano Rajoy, que ganó las elecciones de 2011, con mayoría absoluta. Declaró guerra sin cuartel a la crisis económica y logró eludir el rescate. En cambio, bajo el punto de vista cultural el autor denuncia la anemia intelectual de los ideólogos del PP. El desgaste del Gobierno se manifestó en el fin del bipartidismo en las elecciones de diciembre de 2015. El Gobierno en funciones duró hasta las elecciones de junio de 2016. El interregno se superó con la abstención del PSOE. El último problema es el fantasma de la cuestión catalana, que se arrastra desde la actitud hostil de Artur Mas en la Diada de 2010. Este problema justifica que el libro acabe con una coda o epílogo sobre la cuestión catalana.

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