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ENSAYO

Gabriel Colomé: La Cataluña insurgente

lunes 19 de febrero de 2018, 02:23h
Gabriel Colomé: La Cataluña insurgente

Carena. Barcelona, 2017. 126 páginas. 12 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

La dinámica independentista propiciada por el nacionalismo catalán sigue encontrando respuesta contundente a sus planteamientos liberticidas a través de ensayos académicos bien argumentados y opuestos a la equidistancia como el que tenemos entre manos, cuya lectura resulta obligatoria por varias razones complementarias.

En primer lugar, porque su autor ha sido testigo de excepción de la mutación que ha sufrido el escenario político catalán en los últimos años. En efecto, Gabriel Colomé fue vocal del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona y director del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalidad. Consecuentemente, sabe de lo que escribe y lo demuestra empleando un ritmo narrativo vertiginoso, aportando datos objetivos irrefutables. En segundo lugar, porque además de explicar también propone soluciones tangibles y verosímiles. En tercer lugar, porque combate con contundencia los modos y estrategias del independentismo, denunciando tanto su victimismo permanente como su adulteración de la democracia.

El autor envuelve su análisis de la situación política catalana dentro de un marco más general como es la crisis desatada a partir de 2008, la cual se manifestó en diferentes planos, si bien el económico fue el principal. Ahí sobresale la reflexión que hace sobre el rol actual de los partidos políticos y sus déficits perceptibles. Al respecto, Colomé cuestiona las supuestas virtudes de algunas soluciones mediáticas (por ejemplo, la celebración de elecciones primarias para elegir al candidato) y se decanta por las “recetas tradicionales”, esto es, que los partidos fomenten el binomio transparencia y participación interna.

Continuando con la crisis económica, se centra en la principal respuesta que se ha percibido a la misma: el populismo. Éste puede ser de extrema derecha, de extrema izquierda o partidario de la independencia, caso de Cataluña. A partir de este momento, “su” comunidad autónoma se convierte en la gran protagonista de la obra y, para favorecer la exposición, Colomé establece dos periodos cronológicos que no se deben considerar compartimentos estanco. Por un lado, el que iría desde 1980 hasta 2012; por otro lado, el que se inicia con los comicios autonómicos de noviembre de 2012 y que se prolonga hasta la actualidad.

La etapa primera resulta fundamental para entender la segunda. Al respecto, Colomé denuncia los modos empleados por Convergencia i Unió (CIU) para perpetuarse en el poder durante los años del Pujolismo (como otorgar carnets de verdadera catalanidad), explica el difícil equilibrio en la relación entre el PSC y el PSOE (p. 57), permeando sobre la trayectoria socialista una constante fundamental: “Voto dual y abstención diferencial caracterizaron la manera de comportarse del electorado socialista. Voto dual en las elecciones generales significaba que una parte de voto de otros partidos se añade al socialista sólo en ese tipo de elección. Abstención diferencial significaba que una parte del electorado socialista se abstenía en las elecciones autonómicas” (p. 64). No obstante, también reconoce que una vez que llegaron al poder los socialistas catalanes (año 2003, gobierno tripartito encabezado por Pascual Maragall) el debate político y mediático se centró casi exclusivamente en la identidad catalana” (p. 38).

Todo ello se alteró a partir de las elecciones autonómicas de 2012. El sistema de partidos, que hasta ese momento se caracterizaba por un “multipartidismo moderado”, dio paso a otro mucho más polarizado, consecuencia de que el soberanismo, vertebrado a través de conceptos como “derecho a decidir” (eufemismo del derecho de autodeterminación”, p. 75), impregnó toda la política catalana y la condicionó. En íntima relación con esta idea, Colomé concede la responsabilidad y culpabilidad a dos organizaciones (Omnium Cultural y Asamblea Nacional de Cataluña) por arrogarse la representación de toda la sociedad catalana, marcando la agenda de CiU y ERC.

Colomé asume que el PSC ha sido uno de los grandes perjudicados en este nuevo contexto, entre otras razones porque el enfrentamiento entre sus dos grandes almas (españolista vs catalanista) reapareció. Además, emergieron determinadas formaciones políticas, como los Comunes (liderados por Ada Colau), que han rentabilizado electoralmente su ambigüedad frente a la acometida independentista.

Finalmente, en el terreno de las soluciones se decanta por una reforma de la Constitución en clave federal. Sin embargo, más allá del apellido que lleve dicha reforma, lo relevante es el modo de realizarla y los fines: deben participar todos los españoles y en ningún caso tiene que estar destinada a satisfacer las demandas del independentismo. En palabras de Gabriel Colomé: “La generación de la Transición hizo bien los deberes, ahora nos toca modernizar el texto que ha servido para que tengamos el periodo más largo de convivencia democrática de nuestra historia común. Los catalanes fueron un pilar básico en la construcción del texto constitucional, pero también en la gobernabilidad del sistema político español. Ese texto ha permitido la recuperación del nivel de autogobierno más importante de la historia en común […] No nos engañemos, es más fácil reformar la Constitución que no que una minoría imponga a la mayoría la separación” (p. 107).

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