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NOVELA

Inés Plana: Morir no es lo que más duele

domingo 25 de febrero de 2018, 18:17h
Inés Plana: Morir no es lo que más duele

Espasa. Barcelona, 2018. 448 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Cora Cuenca Navarrete

Resulta demoledor cerrar un libro con la certeza de que en ningún momento has conseguido desarrollar verdadera empatía (o incluso simpatía) hacia ninguno de sus protagonistas. Por otro lado, te dices, tampoco es de extrañar. Habitamos un mundo poliédrico y complejo, que te da cien raciones de arena por una de cal, un universo tramposo plagado de dobles sentidos y de enrevesados significantes repletos de significados de lo más ambiguo que aguardan ser desentrañados. No en vano, muchas décadas atrás la civilización asistió al funeral del maniqueísmo y de la Verdad con mayúscula para adentrarnos en la ambivalente naturaleza humana, cambiante y asustadiza.

Morir no es lo que más duele hace que te des de bruces contra esta ya no tan novedosa realidad y que te familiarices con los personajes que, sigilosos, se mueven en ella, más egoístas y con un mayor celo por proteger inútilmente la parcela que alberga sus más oscuras ambiciones y anhelos. Inés Plana propone una novela magnética plagada de secretos e interrogantes que no pueden sino ir desvelándose a medida que la trama avanza. Por esto, el lector deberá delegar responsabilidades en los personajes y confiar en que se hagan las preguntas adecuadas, encargadas de hacer evolucionar la historia.

Pocos elementos de la obra parece haber dejado la zaragozana a la suerte, y desde luego el contexto temporal, 2007, año previo al estallido de la crisis de la que aún diez años después nos estamos recuperando, no es uno de ellos. Siguiendo la tradición de los novelistas españoles que la preceden en el género negro, Plana susurra en el oído de sus personajes palabras críticas contra un sistema que hacía agua y que, en este caso, recordaba a una bomba a punto de estallar.

La autora hace gala de una capacidad propia de los mejores nombres que pueblan las filas de su gremio originario, el periodístico, y que no es otra que un magistral empleo del suspense a través de esa herramienta primordial que es el lenguaje. Nos obliga, a veces con cierta violencia, a conocer a sus personajes hasta las últimas consecuencias, construyendo una narrativa con perspectiva múltiple y simultánea que recuerda a las pinturas futuristas de comienzos del siglo XX.

Se trata de la resolución de un crimen que transcurre a través de las personas implicadas en él, hombres y mujeres de compleja naturaleza que han de ser observados con cautela desde detrás de la vitrina. Así, Plana nos enfrenta al presente de los personajes, pero también a su demoledor pasado, en parte alojado en las profundidades del inconsciente freudiano, y a su incierto futuro. Después de haber engullido unas cuantas páginas, los pulmones del lector se irán viendo inundados por una angustiosa sensación de sospecha continua, seguro de que nada es lo que parece en esa deliciosa cadena de casualidades cuidadosamente hilvanadas que es la novela. La caprichosa Dama de la Fortuna jugará un papel tan fundamental en el relato como los héroes y los villanos de carne y hueso que lo protagonizan, y les recordará que en esa constante tensión entre la Vida y la Muerte que habita en cada uno de nosotros, siempre es la misma la que sale victoriosa.

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