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TRIBUNA

ARCO

domingo 25 de febrero de 2018, 20:07h
Actualizado el: 25/02/2018 20:17h

Una supuesta obra de arte, titulada Presos políticos en la España contemporánea, fue retirada de la feria ARCO por los organizadores. Mal hecho. La obra, que exhibía retratos de políticos y dirigentes independentistas catalanes, pretendía significar que España no es una democracia porque hay presos políticos. Eso es falso. Preso político es el que está en la cárcel por sus ideas. Junqueras y los Jordis están presos por haber vulnerado la Constitución, el Estatuto y demás leyes del Estado de Derecho. Luego la obra expuesta y después retirada, aun dándole el beneficio de la duda, podría llegar a ser arte. Pero con toda seguridad es una monumental farsa, propia del país de Trapisonda.

Sin embargo, eso no es motivo para la censura porque, como dicen algunos artistas, el arte es independiente de la moral, lo que supone transgresión y provocación. Faltar a la verdad es también provocar. Por tanto, la mentira es un arte. El Departamento de Cultura de la URSS organizó en tiempos de Stalin un concurso para premiar el mejor proyecto de un monumento a Tchaikovsky. El primer premio fue concedido a un escultor que había presentado una composición muy original: Representaba a Stalin escuchando ceremoniosamente y con sumo interés las melodías del genial compositor ruso. A pesar de que nunca fueron coetáneos. Aquello fue otra trola como la de ARCO, pero a diferencia de ésta, no fue retirada del concurso. ¿Quién se hubiera atrevido? Y es que el arte no siempre representa la realidad; a veces la disimula, otras la falsea. Cada arte tiene su propio mundo y sus propios valores, dentro de cuyos límites, alcanza la máxima “verdad”. De forma que el artista se cree su propias mentiras. Se llega así a la mecanización del arte, y éste se hace uniforme y gregario. Pero sigue siendo arte. Para algunos.

Tras la polémica retirada de la obra, Margarita Robles, portavoz parlamentaria del PSOE, ha lamentado la decisión diciendo que la libertad de expresión está por encima de todo. No. Ningún derecho es absoluto. Y ella lo sabe, porque es jurista. Todo derecho tiene límites: el respeto a los derechos de los demás y el respeto a la ley. La libertad de expresión no puede amparar la violación de la dignidad humana ni la transgresión del ordenamiento jurídico. En todo caso, la democracia española, a través de su Poder Judicial, debiera abordar el gran desafío del ejercicio y los límites de la libertad de expresión. Hagamos, lector, un ejercicio de imaginación. Imaginemos que la controvertida obra expuesta en ARCO llevara por título Independentismo catalán: totalitarismo en la España contemporánea. Quizás no fuera una obra de arte, pero sí sería una verdad.

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