La torre prototipo de Xi'am puede filtrar hasta 8 millones de metros cúbicos de aire al día y ha reducido un 19 % la contaminación de su zona.
En las últimas décadas la polución se ha convertido en un verdadero problema de salud pública para la población china. No en vano, el país asiático, pese a haber reducido sensiblemente sus emisiones en los dos últimos años, sigue encabezando la ominosa lista de países más contaminantes del mundo. Según el último estudio de la UE, en 2016 China vertió 10.432,751 millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera, más del doble que Estados Unidos (segundo en el ranking) cuyas emisiones se cifran en 5.011,687 millones de toneladas métricas de CO2.
Las fotografías de grandes urbes chinas envueltas en plomizas nubes grises se han convertido en habituales, las mascarillas son, desde hace mucho tiempo, el complemento más popular entre los habitantes de la República Popular... Se estima que 1,8 millones de chinos mueren prematuramente cada año por enfermedades derivadas de la contaminación.
En 2013 se produciría el llamado "airpocalypse" (en inglés: unión de aire y apocalipsis). Durante aquel año, los niveles de contaminación alcanzaron cifras extremas que superaron en algunas ciudades del norte, como Shenyang, los 1.200 PM 2,5 (partículas de menos de 2,5 micras), cuando la OMS recomienda que éstas se sitúen por debajo de 10: 120 veces más. Se calcula que aquel año más de 800 millones de personas se vieron afectadas por la polución.

Ese año marcaría un antes y un después en la hasta entonces tibia política medioambiental del Gobierno chino. Atenazado por la opinión pública, el Ejecutivo se marcó como objetivo la reducción de la concentración de PM 2,5 a 60 en Pekín y otras 27 ciudades. Desde ese año, más de 2.000 fábricas han paralizado su producción; se han clausurado plantas generadoras de energía alimentadas por carbón y dos millones de vehículos contaminantes han sido retirados de las calles de la capital. El nivel medio de 58 en 2017 prueba que el plan, aun con reservas, parece estar dando sus frutos.
Pero desde Pekín, conscientes de que sus niveles de contaminación doblan todavía los recomendados por la OMS, han comenzado a explorar métodos alternativos para reducir la presencia de gases nocivos en la atmósfera, de forma paralela al cierre de grandes plantas, la retirada de vehículos o la política de inversión en renovables.
Chimeneas que no contaminan
Una de las que más está dando que hablar últimamente es la construcción de purificadores de aire gigantes a lo largo y ancho de la geografía china. En un artículo que la revista Nature publica este martes, se abunda en esta posibilidad, en la que algunos investigadores llevan trabajando desde hace algún tiempo. Paradójicamente, estos purificadores se parecen más a las grandes chimeneas que proliferaron durante la Revolución Industrial, que algo que intente erradicar la contaminación. Nada más lejos de la realidad...
Cao Junji, químico del Laboratorio de Química y Física de Aerosoles de la Academia China de Ciencias en Xi'an, China central, es el responsable del diseño y la construcción de la primera de estas chimeneas purificadoras, en la ciudad de Xi'an, una de las más contaminadas. El prototipo, que ha costado dos millones de dólares, tiene 60 metros de altura y funciona con energía solar.
Gracias a una gran estructura abierta de cristales que se sitúan en su base, cuando la luz del sol impacta sobre ellos, éstos la reflejan, generando calor y provocando que el aire caliente se eleve. Después, el aire pasa a través de una serie de filtros industriales, que limpian el aire antes de que salga por la chimenea. Las pruebas preliminares realizadas el pasado invierno revelaron que la planta purificadora emitió entre 5 y 8 millones de metros cúbicos de aire limpio al día, reduciendo la concentración de PM 2,5 un 19 %.
No obstante, en opinión de Cao, "la influencia de un solo sistema es pequeña". El jefe del proyecto ya ha propuesto la creación de al menos media docena de chimeneas más distribuidas alrededor de los núcleos urbanos más contaminados. De hecho, el científico ya ha presentado otro prototipo de torre de 500 metros de altura, aún por construir.