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IGUALDAD

Sandra Uve da voz a las científicas e inventoras que fueron olvidadas en la historia

jueves 08 de marzo de 2018, 13:28h
La ilustradora y escritora rinde homenaje a 90 mujeres con ideas brillantes que, a pesar de ello, han pasado desapercibidas en muchos libros de historia.
Sandra Uve da voz a las científicas e inventoras que fueron olvidadas en la historia
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(Foto: Planeta)

Fue una mujer, Ada Lovelace, quien inventó la programación informática a mediados del siglo XIX. También fue una mujer, Josehine Cochran, la precursora del lavavajillas en la misma época. Margaret E. Knight inventó la bolsa de papel, Hedy Lamarr el primer sistema de comunicaciones inalámbricas, Angela Ruíz Robles el primer e-book de la historia y Gertrude Elion desarrolló el primer tratamiento contra la leucemia.

Se pueden contar por miles las científicas y creativas que con sus inventos han cambiado nuestras vidas y la historia, en cambio, ha olvidado las suyas. No hay rastro de ellas en los libros de texto y apenas se las menciona en los estudios superiores. En un día para rendir homenaje a todas las mujeres, Sandra Uve, autora de Supermujeres, superinventoras (Lunwerg, 2018), ha querido dar voz a 90 de las pioneras que lucharon contra todo pronóstico para cumplir su sueño y además lo consiguieron.

El libro contiene los hallazgos más relevantes hasta la fecha, sin embargo, comienza con la historia de Abigail M. Fleck, una niña que con sólo 8 años inventó un sistema para calentar las tiras de bacon sin ensuciar nada únicamente para evitar que sus padres discutieran por este motivo cada mañana. El relato ocupa un lugar privilegiado en la obra para, cuenta la escritora, demostrar a las más pequeñas la importancia de creer en sus ideas.

El proyecto comenzó de la forma más inesperada. A partir de las efemérides y breves informaciones de científicas e inventoras, Uve descubrió que había miles de mujeres que nadie conocía. "Inmediatamente me di cuenta de que su historia había sido enterrada de forma deliberada y decidí entonces iniciar esta aventura un poco como mujer y como artista", explica la ilustradora. El objetivo ahora, afirma, es que la obra llegue a las escuelas para empezar a hablar en las aulas tanto de Thomas Alva Edison como de Hedy Lamarr, inventora de la red Wifi.

Todas transformaron la historia con sus aportaciones y supusieron un cambio significativo para la sociedad porque también conquistaron su libertad física e intelectual. Hasta la mitad del siglo XX, las mujeres no tenían derechos civiles, políticos ni sociales. "Sus invenciones parecían surrealistas, pero su lucha fue tenaz y, a pesar de tenerlo todo en su contra, sacaron adelante su idea".

Según Uve, Internet fue la mejor herramienta para recabar información, aunque no fue suficiente. También buscó fechas en censos, fotografías, pinturas, periódicos o preguntó incluso a la propia familia de la inventora. El mayor problema fueron las patentes ya que, al carecer de derechos civiles, estaban registradas con seudónimos masculinos, iniciales o el nombre desordenado. "Probé todas y cada una de las fórmulas y llegué a encontrarme hasta 25 patentes de la misma mujer", dice aún sorprendida.

De todos los casos recopilados en Supermujeres, superinventoras, Uve rescata la historia de Rosalind Franklin. Su hallazgo fue el más importante del siglo XX: descubrió mediante la Fotografía 51 la estructura de doble hélice del ADN, clave para comprender la biología genética del ser humano. No obstante, fueron James Watson y Francis Crick los que se adjudicaron tal descubrimiento y ganaron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1962, a pesar de las denuncias interpuestas por Franklin. Murió a los 37 años y tiempo después Watson confesó que fue ella la verdadera descubridora de la Fotografía 51.

"Este no es un cuento de princesas, sino una historia de personas luchadoras que persiguieron sus sueños hasta alcanzarlos", recuerda. Por esta razón, reivindica una vez más su apuesta y pide que su libro llegue a todos los centros escolares con el fin de garantizar una educación equitativa. Una educación en la que ellas también tengan referentes femeninos en los que fijarse. "La ciencia no está escrita en masculino, sino con nombres de mujeres y hombres", defiende.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    7610 | Ma Hi - 09/03/2018 @ 14:00:57 (GMT+1)
    Ada Lovelace, no es cierto que fuera la primera programadora. Todas sus contribuciones son notas que ella tomó de Charles Babbage, el genio que ideó el antecesor del primero ordenador digital. Hipatía inventó el densímetro, pero éste aplica 100% el principio descubierto por Arquímedes. Y aunque la labor de Ángela Ruiz Robles (que no sabía nada de informática) fue encomiable, lo que ella creó no tiene nada que ver con los e-Book. El primer libro electrónico, se suele coincidir que su creador fue Michael S. Hart.

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