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NOVELA

Alejandro Palomas: Un amor.

domingo 11 de marzo de 2018, 16:55h
Alejandro Palomas: Un amor.

Destino. Barcelona, 2018. 464 páginas. 20,50 €. Libro electrónico: 12,99 €. El escritor barcelonés vuelve a la carga con la saga familiar de Amalia, aparecida en novelas anteriores de gran éxito, en una historia llena de secretos, singulares personajes, y sentimientos a flor de piel. Con “Un amor”, Alejandro Palomas ha obtenido el Premio Nadal de este año. Por Paulo García Conde

Con las novelas de Alejandro Palomas, sobre si todo si hablamos de las relativas a esta saga familiar que dio comienzo con Una madre y continuó con Un perro, ocurre que no queda muy claro ante qué clase de narrador, personajes e historias estamos. Puede retratar el más terrible de los dramas y la más ligera de las pantomimas, y entre ambas situaciones (o percepciones) a veces no mediará una página, sino un mero párrafo. Es más: drama y pantomima serán a menudo lo mismo. En Un amor, obra reconocida recientemente con el Premio Nadal 2018, los secretos y las mentiras que tanto caracterizan a esta familia inimitable vuelven a erigirse en piedra angular del relato. Y eso conduce desde las primeras escenas desarrolladas al habitual desconcierto: el de no saber si reír, llorar o fruncir el ceño.

A pesar del título, el amor no es el motor central de la narración, sino los lazos familiares. Quien cuenta la historia es Fer, hijo de Amalia y verdadera protagonista de los hechos, ya que todo pasa por ella aunque nunca le hayan preguntado si tiene algo que decir al respecto. Amalia es una mujer acostumbrada a sufrir, excusa suficiente para que sus tres hijos y cualquier persona en cuya vida irrumpa la protejan de manera aparatosa: evitarán que nadie le haga daño, con la firme promesa de hacerle todo el posible ellos mismos. La tratan como una desvalida, como una incomprendida, como un objeto frágil que nada más poner un pie fuera de casa se vaya a quebrar en mil fragmentos. El narrador no se frena a la hora de describir de este modo la endeblez de su madre. No obstante, todos los personajes, en algún momento del relato, rebufan, se asfixian con las palabras nocivas que les encantaría soltarle a una mujer que va por la vida sin mucho tiento. Como dentro de una burbuja que la aísla de toda comprensión de la sociedad a la que, supuestamente, pertenece. Quién diría que lleva habitando ese mundo casi setenta y tres años.

El detonante de este nuevo capítulo familiar es la boda de una de las hijas. Todo enlace matrimonial lleva implícito un catálogo de situaciones que van desde la ilusión al estrés. Pero, aquí, unas sencillas nupcias en el registro civil pueden adquirir el cariz de un meteorito a punto de impactar contra el planeta. Sobre todo si Amalia no aparece a la hora acordada. Esta es solo una de las tantas preocupaciones que salpican cada acción emprendida por la madre, un elemento que sus allegados ven incapaces de sustituir en sus vidas. Nada puede hacerse sin ella, sin que lo que estaba previsto (por ellos) fluya por el cauce acordado. Y esta es una interesante manera de retratar las dependencias que los vínculos, las responsabilidades adquiridas, pueden asentar en el seno de una familia.

No obstante, como se ha mencionado, el peso reside en las mentiras y en los secretos. Hay muchos y variados; analizados desde un punto de vista externo (el del lector, por ejemplo), todos fútiles; observados desde la estridente mirada de cualquiera de los personajes, todos terribles, agoreros, agónicos. Unos se ocultan cosas a otros, detalles que conducirán a equívocos, malentendidos y riñas. Lo hacen, en muchas ocasiones, a sabiendas de que el enmascaramiento de la verdad traerá consecuencias que no beneficiarán a ninguno de ellos. Pero la importancia, la gravedad, no es condición propia de esas reservas, sino del carácter de los personajes. Es la actitud, la de todos y cada uno de ellos, la que puede convertir una apacible merienda casera en un campo de batalla salvaje. De un a segundo a otro (o, en su defecto, de un párrafo al siguiente) unos diálogos banales pueden transmutarse en las partes álgidas del Juicio Final.

Alejandro Palomas juega con el presente y el pasado para colocar las piezas de un puzle en apariencia sencillo. El relato principal transcurre en un solo día, el del casamiento de Emma, la hija de Amalia, que coincide casualmente con el cumpleaños de esta última. Es Fer, el narrador e único hijo varón de la madre estrella, quien rellena esa jornada con saltos constantes al pasado, a aquel más alejado en el tiempo y a este otro más cercano, para poder explicar buena parte de las mentiras y los secretos vigentes en este grupo familiar tan hermético. Su persistente rescate de acontecimientos anteriores permite entender con mayor claridad el tipo de personajes presentados.

Con precisión, y sin prisa, los huecos se rellenan mientras otros nuevos surgen, al tiempo que el autor se permite recuperar algunos datos importantes aparecidos en las anteriores novelas y que facilitan así una mejor comprensión a quien haya podido llegar hasta esta familia a través de Un amor, concediendo una interpretación más completa del panorama que se extiende a lo largo del libro.

Muchos podrían ser los adjetivos escogidos para definir a los personajes que transitan las páginas de esta novela, como muchas podrían ser las palabras para tratar de definir ante qué tipo de historia estamos. Hay verdad en ella, construida a través del peso de la mentira, y también artificio. Después de todo, ni una sola de las personalidades que componen este desfile podría desprenderse con holgura de una etiqueta como la de, por citar un par de ejemplos, histrionismo o hipocondría. «Taquicardia. Toda. Me sudaban tanto las manos que noté las gotas bajándome por la muñeca hasta desaparecer por debajo de los puños de la camisa y sentí la cabeza al borde de la explosión […]. No supe más. La tarde fundió a negro, noté un golpe en la barbilla cuando impacté contra el borde de la mesa y después todo fue oscuridad». Esto como resultado de una conversación telefónica en la que Amalia comunica a su hijo que tiene un perro viviendo con ella. Si «histrionismo» no se adecúa con éxito a lo que late en esta historia, alguna otra palabra que empiece también por «h» podrá acercarse con más tiento.

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