Reconozco que la política es una cuestión compleja, difícil y carente de rigor. Me refiero a la política no sólo como discurso y acción de unas élites políticas sobre la vida pública, sino también como una manera de contarla, estudiarla y explicarla por parte de sus estudiosos, entre los que ocupan un lugar destacados los periodistas y los “científicos” sociales. Es obvio que si le preguntamos a un especialista en encuestas electorales por el futuro de Ciudadanos, nos dirá que todo apunta a que podría ganar porque así lo corroboran todos los estudios demoscópicos; si hacemos la misma pregunta a un psicólogo social, por ejemplo, experto en tipología de de liderazgos democráticos, quizá nos respondiese que Ribera va en cabeza y es mejor aceptado por los españoles que sus competidores en los otros partidos. En fin, la mayoría de los “expertos” en política atisban motivos y, sin duda alguna, ciertas razones para justificar, argumentar y, en fin, predecir el devenir de Ciudadanos.
Podrán equivocarse esas opiniones, pero nadie diría que los sujetos que las mantienen hablan por hablar, es decir, sin ton ni son y movidos por la mera arbitrariedad. Nadie mantendrá con seriedad que carecen de criterios. Por eso, me resulta extraño que aún haya periodistas que no sepan explicar por qué podría ganar las elecciones Ciudadanos. O peor, creen que el único mérito del partido de Albert Ribera es su novedad, pero que si se rasca en su interior, es decir, si se observa lo que han hecho en los últimos meses, no hay nada. Me parece un juicio temerario, o peor, torpe y lleno de mala fe. No digo yo que en democracia, o mejor, a la hora de votar las personas se muevan más por negación del contrario que por las propuestas de sus elegidos; se vota, en efecto, más contra alguien que a favor de un partido; pero de ahí a decir que Ciudadanos sólo será votado por el factor de novedad, que representa frente al PP y el PSOE, me parece una temeridad y, lo que es peor, un desprecio absoluto a la calidad política de los votantes de Ciudadanos.
Mantener que Ciudadanos no trae nada salvo la novedad de haber surgido en un momento de crisis política y económica es, aparte de una simpleza, la mejor manera de confundir la causa con los efectos; sí, la subida de Ciudadanos no está causada por la bajada del PP sino al revés. La caída del PP, guste o no a los periodistas sin criterios, es debido al buen trabajo político de Ciudadanos. No me extenderé en aportar pruebas sobre la superioridad del liderazgo democrático de Ribera respecto a Rajoy. Tampoco citaré las formas austeras y educadas de hacer política de este partido. El caso de Inés Arrimadas, en Cataluña, es todo un paso para creer en la calidad democrática de Ciudadanos. Menos aún citaré la extremada sensibilidad de este partido para atajar la corrupción política del sistema democrático. Y ni siquiera me detendré en su forma ejemplar de defender la nación española en el ámbito de la Unión Europea.
Pero hay algo que está a la vista de todos, algo que puede comprobarse con facilidad, que le da a este partido un plus de superioridad sobre el resto de fuerzas políticas, a saber, su voluntad política por dar estabilidad democrática al país en un momento de absoluta fragilidad política, social y económica. Ciudadanos no sólo ha apoyado la investidura de Rajoy en el gobierno de España, sino que ha prestado su apoyo al PP, en Madrid, para que gobierne Cristina Cifuentes, y al PSOE, en Andalucía, para que haga lo mismo Susana Díaz y así en otras comunidades autónomas… En fin, resulta atrabiliario explicar la subida de Ciudadanos solo por la caída del PP.