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FÚTBOL

Los daños de la presión en los futbolistas de élite según Andre Gomes, Coentrao y Mertesacker

miércoles 14 de marzo de 2018, 03:15h
Los tres jugadores, que lo han ganado todo, confiesan los problemas mentales que sufren al estar expuestos al foco de forma permanente.

La exigencia que conlleva portar la camiseta del Real Madrid, el Barcelona o la selección de Alemania no es fácil de domar. La presión, las cantidades de dinero desembolsadas que tasan las expectativas del jugador y la obligación de triunfar para sacar a la familia de los problemas monetarios que pudiera tener son conceptos que causan problemas graves publicitados en Estados Unidos con recurrente asiduidad. Deportistas, estrellas de la NBA, la NFL o las otras Grandes Ligas acaban en la miseria por su incapacidad para gestionar el paquete completo que les cae en una edad en la que todavía no han desarrollado la madurez.

Lo que no es tan común es conocer testimonios similares, salvadas las distancias sociológicas, en el fútbol europeo. Pues bien, tres jugadores que han levantado la Liga española, la Liga de Campeones, la Eurocopa o el Mundial han confesado, en estas semanas, su padecimiento mental relativo a la presión que soportan desde su posición como deportistas de élite, bien pagados y de los que se presupone que han de rendir y comportarse, siempre, con la exactitud funcional de una máquina.

El caso más llamativo ha saltado a los medios salpicando al vestuario del Fútbol Club Barcelona. Se trata de Andre Gomes, el interior diestro que asombró en el Valencia, que ayudó a la Portugal de Cristiano Ronaldo a ganar la primera Eurocopa en la historia de su país y que ha decepcionado en el Camp Nou. La directiva de Bartomeu pagó por él 35 millones de euros más 20 en variables. Cuando tenía 23 años. Desde entonces, su adaptación a la dinámica de uno de los clubes más seguidos del planeta ha resultado insuficiente. Y lo que era una percepción estrictamente futbolística se ha tornado en un relato humano, realizado por el propio afectado.

"No me siento bien en el campo, no estoy disfrutando de lo que puedo hacer", proclamó en ua charla concedida a la revista Panenka. En efecto, en el verde se atisba con nitidez que su capacidad para combinar, arrancar y batir líneas en conducción y llegar al área con veneno en el remate se han ido esfumando hasta sacarle de la rotación de los técnicos que ha tenido en Can Barça. Gomes lo explica del siguiente modo: "Los primeros seis meses fueron bastante bien, pero luego las cosas cambiaron. Quizá la palabra no sea la más correcta, pero se volvió un poco infierno, porque empecé a tener más presión".

"Pensar demasiado me hace daño. Porque pienso en las cosas malas y, después, en lo que tengo que hacer, y voy siempre a remolque. Aunque mis compañeros me apoyan bastante, las cosas no me salen como ellos quieren que salgan", expone un jugador que admite que sólo se siente "muy tranquilo" y "cómodo" en los entrenamientos. En la soledad compartida con sus compañeros de vestuario. Y añade: "Obviamente que hay algún día que estoy un poco mal de confianza, porque hasta en los entrenamientos se nota. Sabes que has sufrido. Quizá he jugado el día antes o dos días antes y aún estoy con la imagen del partido, que no me permite seguir adelante".

Y en este punto de su narración esputa lo más revelador: "A veces, me encierro. No me permito sacar la frustración que tengo. Entonces, lo que hago es no hablar con nadie, no molestar a nadie. Es como si me sintiera avergonzado. He llegado a tener miedo de salir a la calle, por eso de que la gente te pueda mirar". Le obsesiona no dar lo que se espera de él. "Me molesta que me digan que puedo hacer muchas cosas buenas. Yo me pregunto a mí mismo: ¿Y por qué no las hago?", finaliza.

El segundo caso que resulta trascendente es el de un compatriota suyo que tocó el cielo con el Real Madrid de Carlo Ancelotti. Llegó a superar a Marcelo en la pugna por el lateral izquierdo del equipo que ganó la Décima. Pero a partir de ese punto el club empezó a publicar partes médicos que, de forma reiterada, diagnosticaban como gastroenteritis lo que en realidad era un problema mental pegajoso. Fabio Coentrao llegó a sufrir un proceso depresivo en el camarín de Chamartín.

En su explicación de lo vivido, ahora que compite como referente del Sporting de Portugal y asegura que ha recuperado la confianza, Coentrao critica al aficionado y a los medios que no tuvieran en cuenta la presión que sobre él recayó cuando defendía la elástica merengue. Lo hace en Marca. "La gente, cuando critica, no se fija en las cosas. ¡Tenía por delante a Marcelo! No estamos hablando de un jugador cualquiera", arguye un futbolista que fija el desencadenante de sus problemas en los infortunios físicos: "Con Ancelotti ganamos la Champions y jugué los cuartos y las semis, además de la final. Fue una gran temporada. A partir de ahí las cosas empezaron a complicarse un poco debido a las lesiones que tuve". "Pero si miramos un poco en global yo creo que hice las cosas bien. La gente, no sé, no mira esto", zanja.

"(En el Madrid) Me sentía como el patito feo. La gente podía también mirar lo bueno. Yo sé que hice muchas cosas mal, partidos y momentos malos en los que puedo decir que no trabajé bien, pero sí hice cosas buenas que la gente no consideraba", relata. Y añade que "la confianza es el 50% de un futbolista" después de alabar a Zidane por dejarle salir a Lisboa, una opción que considera necesaria para volver a recuperar la seguridad en sí mismo.

"Tener confianza es muy importante. Y en el Madrid no tenía esa sensación", hace hincapié un futbolista que incide en que "yo muchas veces me preguntaba en el Madrid que qué pasaba conmigo, si se me había olvidado jugar". Al volver a la selección portuguesa su bloqueo mental se soltaba. Y sobre la reciente imagen en la que se le ve llorando, consolado por el presidente del Sporting en un partido continental ante el Astana, se limita a agradecer la actitud del dirigente. Para él queda el motivo de su llanto.

Por último, el tercer testimonio pertecene a un campeón del Mundial de Brasil (2014). Es el espigado zaguero del Arsenal Pier Mertesacker. Con su 1'98 perdió la Eurocopa de 2008 ante la España de Luis Aragonés como titular y fue tercero en Sudáfrica 2010. Pero su presente es muy distinto. Así lo ha reseñado al diario germano Der Spiegel. Lo llamativo del caso es que un jugador con más de 100 internacionalidades con Alemania desee fervientemente que se acabe su carrera.

Mi cuerpo está ‘roto’, ya no siento placer en jugar”, denuncia un peón que sigue a las órdenes de Wenger, en princpio hasta que venza su contrario en junio de este año. En la charla no se guarda crudeza y confiesa que “ahora mismo en el Arsenal prefiero estar sentado en el banquillo y más, incluso, en la grada”. “Debido a la presión y a las expectativas que tiene la gente vomito antes de los partidos o tengo diarrea. Es como simbólicamente mi cuerpo dijera ‘esto es vomitivo”, expele.

El jugador que formó parte de la generación de Schweinsteiger o Philipp Lahm ha manifestado que "segundos antes del pitido inicial me entran náuseas. Una vez tragué tan fuerte la bilis que los ojos me lloraban”. “Claro que soy consciente de que los futbolistas tenemos privilegios, pero llega un momento en que te das cuenta de que es un carga, física y mental. Te das cuenta de que ya no disfrutas sino que simplemente tienes que rendir, incluso estando lesionado. Y todos piensan que es un drama cuando eres baja por lesión, pero es al contrario, porque solo así puedes descansar un poco", narra.

Mertesacker, que cree que muchas de las lesiones sufridas contienen un fondo psicológico, realiza en la conversación una confesión un tanto dolorosa para el aficionado teutón: “En el Mundial en casa (2006) me sentí decepcionado por nuestra eliminación en ‘semis’, claro, peor sobre todo me sentí aliviado. Pensé ’ya está, por fin ha terminado todo’”. Y finaliza su apertura al mundo desarrollando una reflexión que acaba aconsejando a los futbolistas jóvenes que no centren su vida sólo en el fútbol. Les recomienda que estudien, que "diversifiquen sus vidas”. “Cuando me retire, al fin seré libre. Aunque no me arrepiento de haberme hecho futbolista profesional, aunque vomite antes de cada partido y aunque tenga que hacer recuperación 20 veces”, concluye.

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