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Ha muerto un genio

miércoles 14 de marzo de 2018, 08:43h
A los 76 años ha muerto Stephen Hawking, el hombre que iluminó mejor que nadie el origen del Universo con su teoría del “big bang”, que describe cómo hace casi 14.000 millones de años la energía concentrada en un minúsculo espacio, en una “cáscara de nuez”, estalló liberando la materia y creando el espacio y el tiempo. El descubrimiento y descripción de los agujeros negros supuso su otra gran aportación a la Ciencia.

Hawking, que nació en Oxford en 1.942, considerado uno de los grandes genios del siglo XX, es probablemente el físico más conocido desde los tiempos de Einstein, a pesar de sus discapacidades físicas y de las progresivas limitaciones impuestas por la enfermedad degenerativa que padeció, esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que le fue diagnosticada cuando tenía 21 años. Fue, sin duda, un luchador y triunfador a lo largo de toda su vida, un caso particular de vitalidad y resistencia. Los médicos vaticinaron que la enfermedad iba a acabar con su vida en pocos años. Por suerte, se equivocaron y sus limitaciones físicas no interrumpieron en ningún momento su actividad intelectual.

Después de obtener el título de doctor en física teórica (1966), su pasión por el estudio del origen del universo fue en aumento, y sus investigaciones se centraron en el campo de la relatividad general, particularmente en la física de los agujeros negros, descrita por primera vez por Robert Oppenheimer en 1.939. Hawking se planteó la ambiciosa meta de armonizar la relatividad general y la mecánica cuántica, en busca de una unificación de la física que permitiese dar cuenta tanto del Universo como de los fenómenos subatómicos. En 1971 sugirió la formación, a continuación del “big bang”, de numerosos objetos denominados “agujeros negros”, que contendrían alrededor de mil millones de toneladas métricas de masa, pero ocuparían sólo el espacio de un protón, circunstancia que originaría enormes campos gravitatorios, regidos por las leyes de la relatividad.

Pero a medida que los logros intelectuales y los reconocimientos se iban sucediendo en su vida (ha recibido innumerables premios y doctorados honoris causa), también avanzaba el proceso degenerativo de su enfermedad. Primero la inmovilidad de sus extremidades lo llevó a depender de una silla de ruedas; después la parálisis se extendió a casi todo su cuerpo; en 1985 contrajo una neumonía que obligó a los médicos a practicarle una traqueotomía, tras lo cual perdió completamente el habla. A partir de entonces sólo pudo comunicarse mediante un sintetizador conectado a su silla de ruedas, pero ni siquiera eso lo desmoralizó: escribió siete libros y siguió publicando artículos e impartiendo conferencias.

Resulta una gran paradoja, sin duda, que un hombre que se involucró plenamente en la tarea de la divulgación de la Ciencia tuviera que enfrentarse con la dificultad de poder comunicar sus conocimientos. Sin embargo, gracias a su empeño y tenacidad, no dejó de salvar los escollos que se derivaban de sus discapacidades físicas. En 1989, en ocasión de su visita a España para recibir el premio Príncipe de Asturias, subrayó la importancia de que los ciudadanos posean las nociones científicas suficientes para participar en los debates que abren los nuevos avances científicos y tecnológicos, evitando que todo quede en manos de los expertos.

Ése es el mensaje que se descubre en algunos de sus libros más famosos, como “Historia del tiempo: del “big bang” a los agujeros negros” o “El Universo en una cáscara de nuez”, que han sido traducidos a treinta y siete idiomas y del que en pocos años se vendieron más de veinte millones de ejemplares. En su propósito de hacer llegar sus libros a un público amplio, Hawking renuncia a las fórmulas y a las exposiciones para especialistas, pero no abandona el tratamiento riguroso.

Esta madrugada, el físico británico, una de las mentes más brillantes de la ciencia contemporánea, ha muerto en su casa de Cambridge. Como han afirmado sus hijos en un comunicado “su valentía y persistencia, y también su humor y brillantez, inspiraron a gente de todo el mundo”. Ha muerto un genio, que por cierto nunca obtuvo el Premio Nobel.
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