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TRIBUNA

La historia del español en el mundo

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 16 de marzo de 2018, 20:59h

Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) ha escrito un libro titulado “Hablamos la misma lengua. Historia política del español en América, desde la Conquista a las Independencias”, que se publicó el año pasado, y que comentaré a continuación, adelantando ahora mi opinión de que se trata de una obra excelente, y que debiera servir, en estos años de pesimismo sobre la política y el Estado, para sustentar un cierto optimismo histórico sobre nosotros mismos como pueblo.

Santiago Muñoz Machado es catedrático de Derecho Administrativo, discípulo del gran administrativista, Eduardo García de Enterría, y como él, fue elegido miembro de número de la Real Academia Española, ya que maestro y discípulo, ambos, se ocuparon en sus libros y actividades profesionales de asuntos que iban más allá de su especialidad académica, comprometidos con su sociedad y opinando críticamente acerca de los problemas de su tiempo. Y la Academia, felizmente, valora ese tipo de intelectuales patriotas, en el sentido que le dio George Orwell a la voz “patriota”.

En efecto, Muñoz Machado tiene una extensa obra escrita sobre su competencia académica, especialmente referida al Estado de las Autonomías, que ha influido notablemente en la política que sirvió para el desarrollo de la descentralización estatal. Desde su importante participación en los primeros Pactos Autonómicos de 1982, hasta sus recientes títulos referidos a “Cataluña y las demás Españas” o “Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo”, son las mismas preocupaciones intelectuales las que le han conducido a investigar sobre nuestra historia, como su “El problema de la vertebración del Estado en España. Del siglo XVIII al siglo XXI, o el libro que coordinó titulado “Los grandes procesos de la Historia de España”.

“Hablamos la misma lenguapertenece una misma inquietud y curiosidad intelectual. Estimulado por su pertenencia a la Academia, de la que fue secretario, Muñoz Machado ha estudiado la extensión y evolución del idioma español desde el Descubrimiento de América, hasta la aparición de las Repúblicas que surgieron en el territorio dominado por la Monarquía hispánica.

En sus más de 650 páginas de texto, el autor nos presenta un panorama lingüístico, social y político de la lengua española, deteniéndose especialmente en los cambios culturales e idiomáticos que tuvieron lugar en las poblaciones americanas, desde el Descubrimiento hasta nuestros días.

La tesis más conocida del libro, y que Muñoz Machado la expone desde diversas perspectivas, es que la generalización del español en las sociedades americanas fue obra de la política educativa y de nacionalización de las Repúblicas independientes. Antes de la Emancipación, de la ruptura con España como metrópoli, hablaban español unos 3 millones, de un total de 15 millones de habitantes. Las nuevas Repúblicas, siguiendo en esto a la Revolución Francesa, que hace de la lengua instrumento de integración, pero también de pertenencia nacional, impusieron la lengua que hablaban los criollos, la clase dirigente de los procesos de la independencia.

Las poblaciones originarias amerindias, los indios “españoles”, mantuvieron sus lenguas (que nunca fueron escritas antes de la llegada de los españoles) porque los frailes misioneros, incapaz la Monarquía de enseñar el castellano a los indios, aprendieron sus lenguas y les dieron forma escrita, para así cumplir la misión de convertirlos al catolicismo, la causa que legitimaba la conquista e integración de las Indias en la Monarquía de los Austrias y los Borbones.

El libro de Muñoz Machado aporta interesantes claves para valorar nuestro pasado: la conquista no fue un genocidio, a pesar de las tesis del fraile Bartolomé de las Casas; España dictó unas Leyes de Indias que protegieron la singularidad de las sociedades y las culturas indígenas; a pesar de los excesos conquistadores, la política hispánica siempre estuvo basada en la integración, mientras la colonización inglesa se basó en la segregación, y después, en el exterminio; la influencia de los clérigos, el cardenal Cisneros o Francisco de Vitoria como ejemplos notables, posibilitó que la Monarquía pudiese evitar el nacimiento de los señoríos feudales en las Indias, cuando en Castilla habían sido limitados desde tiempos de los Reyes Católicos. Por último, la virtud de los nuevos códigos civiles de las Repúblicas hispanoamericanas fue unificar el español a uno y otro lado de los océanos. Santiago Muñoz Machado destaca la obra de Andrés Bello, un genio comparable con los Humboldt, que con su Código Civil chileno logró que el español fuese un idioma culto de extensión mundial. La estatua de Andrés Bello, en la puerta de la Real Academia Española, es un justo reconocimiento.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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