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Putin, el nuevo-viejo zar

lunes 19 de marzo de 2018, 08:20h

Sin Oposición y con los medios de comunicación controlados, Vladímir Putin ha arrasado en las elecciones celebradas este domingo al lograr más del 76 por ciento de los votos con un 60 por ciento de participación. Como era previsible y tras 24 años en el Kremlin, el presidente ruso prolonga 6 años más su régimen autocrático y, aunque la Constitución se lo impediría, nadie cree que no reformará la Carta Magna y se presentará los siguientes comicios para perpetuar su poder omnímodo.

El antiguo coronel del KGB había detenido e inhabilitado a su principal opositor, Alexei Navalny, por organizar una manifestación de protesta en las calles de Moscú. Desde su llegada al poder, Putin maniató la oposición al Kremlin hasta el punto de que no hay ningún partido opositor con representación parlamentaria y cuando regresó al poder en 2012 aprobó unas draconianas leyes contra la libertad de manifestación que estrangularon las protestas antigubernamentales. Después de ganar cuatro elecciones presidenciales (2000, 2004, 2012 y 2018), Putin ya no compite con nadie, sino consigo mismo y con la historia, convencido de que ésta le absolverá por haber hecho frente al imperio estadounidense y a Europa.

Al margen de las sospechas de manipulación y de las denuncias de irregularidades en los colegios electorales, el ultranacionalismo de Putin ha sido su principal arma para ser reelegido. Sin duda, en las urnas le benefició electoralmente la reciente escalada de las tensiones con Occidente debido al envenenamiento en Londres del espía Serguéi Skripal, suceso por el que el Reino Unido culpa a Moscú. Poco importa que, una vez superada la bonanza petrolera, Rusia siga siendo un país atrasado con más de 20 millones de pobres y que la economía esté estancada desde hace una década. Lo importante para Putin es la imagen de Rusia en el mundo. Para los rusos, la sangrienta guerra de Chechenia le coronó como el salvador de la patria; la intervención militar en Georgia le consolidó como un líder temible; la anexión de Crimea le consagró como el nuevo zar de todas las Rusas y la cruzada en apoyo de su aliado sirio Bachar al Asad le convirtió en un líder universal.

Aunque era más que previsible, la reelección de Putin resulta una mala noticia para los intereses europeos. Su extraña alianza de amor-odio con Trump se basa en el interés mutuo de frenar el poder de la UE. El presidente americano ya ha comenzado sus ataques al anunciar elevadísimos aranceles a las exportaciones europeas, mientras y, como se ha demostrado, el autócrata ruso mantiene en todo lo alto su batalla en Internet para desestabilizar con las “fake news” la construcción europea. Sigue adelante el sueño del antiguo coronel del KGB de resucitar el antiguo imperio soviético.

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