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ENTREVISTA

Evgeny Morozov: "Debemos unir lo tecnológico con lo político si no queremos fracasar"

Evgeny Morozov, durante la entrevista en el Museo Centro Nacional de Arte Reina Sofía.
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Evgeny Morozov, durante la entrevista en el Museo Centro Nacional de Arte Reina Sofía. (Foto: Juan Pablo Tejedor Ansón)
martes 27 de marzo de 2018, 20:09h
Hablamos con el pensador bielorruso durante su viaje relámpago a Madrid, donde ha impartido una conferencia sobre los peligros del sistema tecnofinanciero actual.

La revolución digital no espera a nadie. En apenas dos décadas la sociedad humana ha experimentado probablemente la mayor transformación desde que el homo erectus se hizo sapiens. Internet está cambiándolo todo: desde nuestras pautas de conducta, sensaciones y sentimientos a la forma en que nos vemos a nosotros mismos, a los que nos rodean o a la propia realidad. En un trayecto de unas pocas paradas de metro, una persona puede desarrollar todo tipo de actividades al alcance de un tap: consultar su correo, comprar acciones en bolsa, ver el último capítulo de su serie favorita, contratar un viaje para las vacaciones, pedir la cena o sumergirse en una novela de aventuras.

Si por algo se ha caracterizado este proceso de digitalización del mundo es por su vertiginoso ritmo. En unos pocos lustros hemos pasado del Nokia 3310 al iPhone X, de Altavista a Google, de Terra a Twitter... Este meteórico desarrollo ha provocado que muchas personas se hayan dejado seducir por los cantos de sirena de la red, entregándose al bit y al hercio en alabanzas casi mesiánicas. Para ellos, la tecnología se ha convertido en una suerte de nueva religión, con profetas llamados Jobs, Page o Zuckerberg y templos de peregrinación con sede en Cupertino, Mountain View o Menlo Park.

Existen varias ventajas con respecto a los cultos tradicionales: puede comulgarse desde cualquier lugar, a cualquier hora, de forma instantánea y tantas veces como se quiera. El principal inconveniente es que para estos gigantes tecnológicos no se trata de una religión, sino de un negocio. Un negocio basado en vender la vida de los clientes al mejor postor...

En los último años Evgeny Morozov (1984, Soligorsk, Bielorrusia), se ha convertido en una de las voces más críticas con el avance arrollador de las grandes compañías digitales de Sillicon Valley. Desde que publicase su libro El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red, en 2011, este escritor, informático teórico y gurú del tecnoescepticismo, se ha convertido en uno de los mayores azotes de los gigantes de la red. Como un troyano en el PC de Jeff Bezos...

En su primera obra Morozov ya da muestras de su escepticismo con respecto al potencial carácter liberador de la red, combatiendo a los ciberutópicos y rehuyendo de aquellos que comienzan a mirar al mundo única y exclusivamente desde el prisma digital. Con La locura del solucionismo tecnológico (2013), Morozov va un paso más allá y critica abiertamente que "la tecnología se haya convertido en una especie de polvo mágico capaz de solucionar cualquier problema".

En los últimos tiempos las ideas de este escritor bielorruso han tomado un cariz más político, más real, más activo, como ha demostrado en la reciente conferencia que ha ofrecido en el Museo Reina Sofía: si no queremos fracasar debemos "unir lo tecnológico con lo político". En caso contrario, advierte, "las empresas tecnológicas adquirirán el control de todas las infraestructuras" y la política se marchitará.


-En los últimos tiempos ha pasado de advertir de los peligros de la revolución digital a proponer soluciones para cambiar las cosas ¿cree que los gobiernos se están dando cuenta de lo que pasa o llegan tarde, como ha sucedido con el caso de Facebook?

No todos valoran este tema en su complejidad y no todos pueden articular los pasos necesarios para desafiar al sistema actual. Dicho eso, si conectamos esta realidad con el sistema financiero global, con la crisis del estados del bienestar y de las democracias representativas, podríamos formular una nueva ideología que se plantee qué hacer con asuntos como el comercio, la industria o los derechos de los ciudadanos. Si logramos empaquetar esto correctamente, podría ayudar a muchas fuerzas en la izquierda, la cual ha estado bastante perdida en las últimas décadas.

-¿Cuál es su objetivo?

Mi intención es que la gente empiece a darse cuenta de las intervenciones tecnocráticas que vivimos todos los días.

-Sin embargo, los políticosy los ciudadanos siguen sin preocuparse por estos asuntos...

Parece que no se dan cuenta porque quizás no hayan reparado todavía en las profundísimas connotaciones del asunto. Pondré un ejemplo. Hace poco, Noruega, (un país europeo de éxito con toneladas de dinero) sufrió un ciberataque y los datos médicos de la mitad de la población acabaron en poder de una banda de hackers. De repente hemos pasado de un aburrido debate sobre el entorno digital a un importante asunto de ciberseguridad. El problema es que la mayoría de la gente no cae en lo mucho que están cambiando sus vidas las compañías digitales y en lo mucho que pueden cambiar todavía si el poder de estas empresas continúa creciendo.

-¿De qué formas puede modificarse eso?

En Inglaterra, ya vimos a personas muy asustadas cuando el NHS dio a Google datos de 3 millones de personas. Hay gente que solo presta atención a mi trabajo cuándo comienzan a preguntarse qué va a pasar con los datos de sus hijos. Siempre hay formas de llegar al individuo.

-En su conferencia de este lunes proponía que los ciudadanos animen a los políticos a tomar el control de las infraestructuras creadas por los gigantes digitales ¿Quién vigilaría entonces a los Estados?

Aunque sea una posibilidad, uno debe estar de acuerdo con el capitalismo contemporáneo y yo no lo estoy. Las emociones, el comportamiento, los deseos... están siendo manipulados por los actores privados, aunque no de una forma centralizada, como sucede en China. Muchas de nuestras acciones están fuertemente condicionadas por estos grandes agentes. Quizá sea muy ambicioso querer resolver el problema del bienestar, la burocracia y el sistema financiero de una sola vez, pero precisamente por eso creo que es el único programa que tiene alguna oportunidad de éxito porque supone un resurgir de la política. No se trata solo de vigilar el sistema actual, sino de emprender una verdadera y radical renovación democrática para afrontar las crisis a las que nos enfrentamos.

-Las leyes de la robótica de Asimov planteaban que un robot jamás podría matar a un ser humano. Sin embargo, aunque la robótica todavía atraviesa un estadio embrionario, ya hemos desarrollado aviones y tanques no tripulados, drones, e incluso grandes robots de batalla ¿Hemos fracasado incluso antes de empezar?

Yo no diría que hemos fallado. Que los militares utilicen todos los medios a su alcance para la guerra es un hecho incontrovertible. La propia dinámica bélica siempre provocará que se quieran reducir costes humanos a la vez que se creen armas cada vez más poderosas. No veo que esas barreras éticas puedan suponer problema alguno para la expansión militar.

En la imagen, Evgeny Morozov (Foto: Juan Pablo Tejedor Ansón)

-Algunos científicos y filósofos tecnólogos postulan que cuando una máquina tome conciencia de sí misma (lo que se denomina singularidad) ésta actuará de forma abnegada y solidaria con el ser humano, su creador ¿Comparte este punto de vista?

Intento permanecer fuera de este tipo de discusiones porque creo que se alejan del problema principal. La idea de invertir tanto tiempo pensando en lo que sucederá cuando una máquina despierte es en mi opinión una creación de la industria tecnológica para distraernos de las discusiones económico-políticas, porque todo se ver reducido a la moral y la ética. Gran parte de ese, aparentemente profundo, debate filosófico es imaginario.

-Según el director de ingeniería de Google, Ray Kurzweil, dentro de 20 años podríamos tener máquinas capaces de superar un test de Turing ¿Qué sucederá entonces?

Simplemente no comparto esa idea de que vayamos a experimentar una especie de profundo cambio existencial. La IA de Google no puede adquirir consciencia. Podría adquirir algún tipo de inteligencia, que le permitiese aprender (algo que ya se está haciendo). Pero para mí la cuestión fundamental no es filosófica. No es que necesite comenzar a reflexionar sobre lo que es ser humano, una vez que Google se vuelva inteligente. La pregunta que debemos hacernos es qué consecuencias políticas tendrá que la IA de Google aprenda más rápido que ninguna otra.

-Existen ciertas corrientes de pensamiento que consideran que la especie humana se encuentra estancada y la única forma de que se produzca un nuevo salto evolutivo será a través de la tecnología ¿Comparte esta idea?

Puesto que no vivo en el bosque, sí (risas). El problema es que algunas personas no saben distinguir entre tecnología y capitalismo. Google o Facebook innovan constantemente y nos hacen llegar nuevas herramientas para facilitar nuestra vida. Mi preocupación es cómo estas grandes empresas las vinculan con los actuales modelos económico-políticos. No me preocupan los escenarios que manejan algunos filósofos: deshumanización, gente convertida en autómatas, etc. Si terminamos viviendo en un sistema que acabe reduciendo al mínimo al individuo, sí que podría considerarse un autómata, pero no sería consecuencia de la tecnología en sí misma, sino de la deriva política que ha motivado un uso concreto.

-Entonces no ve problema alguno en el uso de chips o implantes para mejorar nuestras capacidades...

No veo un problema que se implanten ciertos chips, siempre que sirvan para mejorar nuestra calidad de vida y no la de nuestros jefes. No tengo ningún problema con las prótesis (risas). Sin embargo, si necesitas esas piernas porque tienes que trabajar más rápido en Amazon, entonces sí, sí tengo un problema. Si quieres reducirme a datos para controlar todo lo que hago, en ese caso, también.

-Hay quien incluso persigue la forma de descargar una conciencia humana a una máquina...

En ese caso tampoco sería una cuestión necesariamente tecnológica, sino más bien un loco proyecto que se ha salido de madre. No me lo tomo muy en serio, la verdad.

-¿Cómo cree que se producirá la singularidad?

Seremos afortunados si tenemos el lujo de preocuparnos por eso. Suele presentársenos como una especie de cuestión entre dos opciones alternativas: ¿llegará o no llegará? Me pregunto quién define ese punto exactamente... ¿Cuánto tendrá que predecir Google para que digamos que ya tiene ese poder? ¿Contaría eso como singularidad? Mucho de ese debate se basa en avanzar sin tener clara la definición de qué es eso a lo que denominamos singularidad. Por supuesto, si no existe una definición completa, cada nuevo paso en esa dirección podría contar potencialmente como un acercamiento. Pero mi mente está más centrada en los fondos de inversión que en Ray Kurzweil.

Sobre Evgeny Morozov

Evgeny Morozov es autor de El desengaño de internet. Los mitos de la libertad en la red (2012), La locura del solucionismo tecnológico (2015) y Capitalismo Big-Tech, ¿welfare o neofeudalismo? (2018).

Publica mensualmente una columna sobre cuestiones de tecnología y política en The Observer (Reino Unido) y sus contribuciones aparecen con regularidad en diversos medios europeos y estadounidenses como The New Yorker, The New York Times, The Wall Street Journal o el Financial Times.

Antiguo editor jefe de The New Republic (EE.UU.), ha enseñado en las universidades de Georgetown y Stanford, en las Fundaciones Open Society y New America, y en la American Academy de Berlín.

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