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ARGENTINA

¿Se lesionó Carlos Tévez jugando un partido en la cárcel?

¿Se lesionó Carlos Tévez jugando un partido en la cárcel?

jueves 29 de marzo de 2018, 04:42h
El jugador atraviesa su momento más bajo como jugador de Boca Juniors.

Carlos Tévez tiene en su mochila un currículo marstodóntico. El delantero argentino ha ganado casi todo como futbolista en la esfera de clubes y levantó algún trofeo en todos los países en los que compitió. Ha sido protagonista de tres títulos de la Liga argentina (2003, 2015 y 2017), de una Copa Libertadores (2003), una Copa Sudamericana (2004) y una Copa Intercontinental (2003), todo ello para Boca Juniors. Además, acumula una Liga de Campeones (2008, para el Manchester United), un Mundial de Clubes (2008, para los de Old Trafford), tres Premier League (2008 y 2009 con los red devils y 2012 con el City), un campeonato brasileño (2005, para Corinthians), dos Scudetti (2014 y 2015, para la Juventus) y hasta una Copa de China (2017, para el Shanghái Shenhua).

Así de pomposa luce su sala de trofeos. Pero el Apache también arrastra la presión de ser el último ídolo de Boca, tras la hornada de Riquelme, Palermo y su actual entrenador, Guillermo Barros Schelotto. El caso es que este corajudo atacante, dotado de técnica, pegada y competitividad en ratios notables, tiene ya 34 años y cuenta con la exigencia de tirar del carro de un conjunto Xeneize que no enamora y que, a pesar de liderar en el campeonato de la regularidad argentino, vive en una crisis constante, acuciado por sus desatinos continentales y por el último infortunio.

La Supercopa argentina perdida en el segundo mano a mano en una final ante River Plate -en toda la historia de los torneos importantes del país latinoamericano- le ha señalado, junto a Edwin Cardona, como uno de los presuntos aristócratas que no rindieron, ni por asomo, como se esperaba de ellos. El 2-0 industrial que refutó la pericia de Marcelo Gallardo para refrescar la mística de los Millonarios en las fases eliminatorias señaló a un Tévez que lució desacertado e, incluso, desenchufado. Lejos de la garra que se le presupone.

Volvió a La Bombonera para amortizar la lesión del delantero titular, Darío Benedetto. Regresaba de las "vacaciones" que vivió en China -según narró literalmente toda vez que puso pie a tierra en Buenos Aires- para retomar las riendas del equipo cuya hinchada le venera. O le veneraba. Boca convive con una urgencia y presentismo abrasivas, que destruye jugadores potenciales con una rapidez asombrosa y llena de dudas a entrenadores, ensuciando a todo lo que no triunfa en la trinchera bostera.

En ese encuadre hasta el nuevo 10, el talentoso e internacional colombiano Cardona, es puesto en tela de juicio. Nada sirve si el equipo no es capaz de reconquistar la Copa Libertadores. O, al menos, cae con honor en las rondas postreras. Por ello la eliminación ante el ecuatoriano Independiente del Valle en 2016 (perdió 2-3 en casa, en la vuelta de las semifinales del máximo torneo americano de clubes) es una herida que empuja a la sospecha perenne a cualquiera que salga al verde del recinto del coloso como local.

Tévez jugó los 90 minutos en la ida, celebrada en el estadio Atahualpa de Quito. No pudo anotar ni influir en la derrota de su delegación por 2-1. De vuelta a la Bombonera, con el pase a la final de la Libertadores que ganaría Atlético Nacional de Medellín en juego, disfrutría de otros 90 minutos, pero no resultaría trascendente. Pavón, joven extremo que presumiblemente irá al Mundial 2018, anotaría dos goles insuficientes y el fútbol ecuatoriano tomaría el templo argentino por excelencia para tocar techo histórico. Fue el síntoma más sangrante de la decrepitud del Apache.

Desde entonces, sólo la corte de amigos que le acolchan en los medios de comunicación y los hinchas más románticos de épocas pasadas le son fieles. Y, para más inri, hace sólo unas semanas que perdió ante River una final. Sin aparecer. Eso sí, en el post-partido emergió ante los micrófonos para atacar de forma indirecta a algunos de los compañeros que naufragaron con él en otro hito que le pasa de largo en esta recta final de su carrera deportiva. Desde ese aparente punto de inflexión los rumores sobre la retirada de Carlitos arrecian. Desde que dejó Turín su nivel ha entrado en barrena, en rima con el declinar biológico. Y la posición de delantero referencial, que nunca le benefició, ahora tampoco le es favorable.

La ruptura con el técnico Barros Schelotto y con su vestuario es un fantasma carareado por sus detractores tanto como se expanden los argumentos que defienden su titularidad y vigencia por el mero hecho de la jerarquía, de ser un mito viviente que las ha visto de todos los colores. Y, en paralelo, también pesa sobre sus hombros la condición de 'jugador del pueblo'. A pesar de que hace tiempo que abrazó el lujo y la pompa explícita, codeándose más con la jet set argentina que con los pibes que le formaron uan canción en pleno auge de cumbia villera.

Sus gestos decontextualizados son casi la única reminiscencia de ese apelativo que queda. Aunque tengan un dudoso cariz moral. Porque ha mostrado los nombres de algunas de las villas miseria más empobrecidas del país cuando jugaba para la Juve, en las celebraciones de sus goles, o ha permitido que salga a la luz un rosario de fotografías compartiendo mesa con los jefes de La Doce (barra brava de Boca). Mauro Martín y Rafael Di Zeo -exconvictos y ejemplares que sintetizan el poder de las barras en Argentina- brindan con él.

Y en ese ir y venir de legitimidad en el que se maneja este jugador de fútbol se le ha atravesado un cruce de dimensiones. Porque se ha lesionado mientras jugaba un partido en la cárcel. El estrambótico episodio ocurrió hace días, en el presidio de Bouwer, sito en la provincia de Córdoba. Allí acudió el Apache a visitar a su hermano, Juan Alberto Martínez, que cumple una pena de 16 años por asaltar un camión blindado. Tévez acostumbra visitar a su hermano en ese recinto penitenciario, pero en esta ocasión se llevó al otro delantero de Boca, Wanchope Ábila, y todo salió mal. Los dos atacantes profesionales están tocados de cara al duelo liguero del domingo ante Talleres de Córdoba, segundo en la tabla clasificatoria. Y el fuego que consume al ídolo se dispara.

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