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TRIBUNA

Semana de dolor y de vacaciones

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 30 de marzo de 2018, 10:34h

Escribo este texto el Domingo de Ramos, y estoy de vacaciones, fuera del domicilio habitual, como miles y miles de compatriotas. A pesar del mal tiempo atmosférico, la gente se está moviendo con ganas de divertirse y descansar. La detención del huido presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, es también signo de mal tiempo, sólo que no concretamente atmosférico. Otros conciudadanos nuestros, en Cataluña, se manifiestan contra la detención de Puigdemont, frente a las delegaciones del Gobierno y los consulados de la República Federal de Alemania.

Pero no habrá una insurrección o una revolución. Pocos catalanes alterarán sus planes de vacaciones, y serán aún menos en el resto de España. En Alemania, el juez que se ocupe del expresidente Puigdemont estará preocupado sólo por las leyes que debe aplicar a un ciudadano europeo al que su Estado de origen le exige que responda ante su Justicia por varios graves delitos.

Hace más de ochenta años, cuando otro president de la Generalitat, Lluis Companys, se vio comprometido con parecidos delitos, en España había un clima político que alentaba opciones revolucionarias, incluso con dirigentes muy poco revolucionarios como, por ejemplo, Indalecio Prieto. El reformista Prieto, enfrentado, dentro y fuera del PSOE, con el radicalizado Francisco Largo Caballero, sin embargo, buscó que Companys fuese indultado, lo que sucedió después de las elecciones de 1936.

Europa en aquellos años era un continente abocado a un conflicto, una guerra civil entre europeos, y España sería el campo de pruebas de la venidera confrontación mundial.

Nada de esto ocurre ahora. Llevo tiempo opinando que la Revolución y la Nación Soberana, dos conceptos que definen la Edad Contemporánea, en Europa ya no sirven para entender lo que está sucediendo en nuestros días, y por eso pienso que nuestra época carece aún de nombre -y de ahí procede en parte el malestar cultural y político de estos años-.

Pero al igual que en aquellos lejanos años, en nuestro tiempo, la calidad de la democracia empeorará, sin llegar a su destrucción completa, como sucedió durante la II República. Los índices que miden la calidad de las democracias, como el reciente y acreditadísimo de “The Economist”, indican que España está retrocediendo en la lista de “democracias plenas”, una minoría de países que tienen la fortuna de disfrutar un Estado de Derecho de máximo nivel.

La interrupción en el progreso de nuestras libertades fundamentales y de justicia social es una noticia preocupante. Del mismo modo que Alemania, de tener el máximo rango cultural y científico de su tiempo, cayó, socialmente entusiasmada, en la barbarie nazi, en España podemos, en poco tiempo, perder sus actuales rasgos de país tolerante y con una democracia avanzada.

Esa es la responsabilidad de los dirigentes del “procés” independentista catalán. La máxima responsabilidad, sin duda, aunque existan también responsabilidades de menor grado en los demás actores del sistema político, o sea, el Gobierno, los partidos políticos, los creadores de la opinión pública y publicada, etcétera.

Que España sigue siendo una democracia plena, una full democracy según el catálogo de “The Economist”, se comprueba por la actuación de instituciones que son neutrales ante la política, en primer lugar, el Rey, y después, los jueces, los cuerpos y fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia del Estado.

Cataluña no será independiente, pero la democracia española corre el riesgo de empeorar bastante, por culpa de la política nefasta de los nacionalistas catalanes de los casi veinte últimos años.

El encarcelamiento de los principales dirigentes del separatismo catalán, y la detención de Puigdemont han producido oleadas de satisfacción en la sociedad española. Pero junto a la natural alegría de un pueblo que se ha sentido insultado y menospreciado por diversos portavoces nacionalistas, en España está creciendo una reacción contraria a la misma Cataluña, y desde luego, contraria a valores con los cuales se edificó nuestra democracia avanzada. La Red está abarrotada de mensajes oprobiosos contra los catalanes y contra la idea del autogobierno. Coincidiendo con la detención de Puigdemont, circuló este eslogan: “Fuera autonomías solo sirven para dividir y robar a los españoles”. Cuando se encarceló en 1981 a Tejero y a los demás golpistas, no se puso en duda al Ejército y a la Guardia Civil. ¿Por qué hoy se reacciona contra las autonomías y la pluralidad de los sentimientos regionales? Es una pregunta que debe ser contestada por la política democrática.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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