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NOVELA

Elsa Morante: La historia

domingo 01 de abril de 2018, 19:29h
Elsa Morante: La historia

Prólogo de Juan Tallón. Traducción de Esther Benítez. Lumen. Barcelona. 2018. 928 páginas. 28,40 €. Libro electrónico: 10,44 €.

Por Daniel González Irala

La tarea que viene haciendo Lumen para rescatar la figura de Elsa Morante (Roma, 1912-1985) es encomiable, siendo La historia su tercer gran trabajo (tras Belleza y sortilegio y La isla de Arturo) que, tras una edición ya antigua de Gadir, acerca este enorme (en todos los sentidos) texto revisado al actual público lector.

Ya en el prólogo de Tallón se nos advierte de dos anécdotas de interés: por un lado, el hecho de que la propia autora tuviese clarísima su estrategia a la hora de vender su libro, que consistió en ofrecerlo a una editorial que cobrase por él menos que por sus otras obras, lo que hizo que inmediatamente se hiciese popular; y por otro, hacer patente su modernidad literaria (la influencia de la Trilogía USA de John Dos Passos parece clara) estando igualmente emparentada con el más complejo Tolstói y Víctor Hugo e influenciada indirectamente por ese cine neorrealista italiano de De Sica y Roberto Rossellini - de hecho la historia de Ida y sus dos hijos fue adaptada a este medio -a pesar de ciertos sinsabores del mismo libro por parte de la crítica de la época-, por Luigi Comencini en un filme protagonizado por Claudia Cardinale.

Hablamos, pues, de una novela ambiciosa que tiene en la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias un contexto que se vuelve texto en virtud no solo de lo no lineal en el desarrollo de un argumento fragmentado no en tanto juega con el tiempo de la historia tramposamente, sino en el sentido de que lo que aquí se nos ofrece es, con un afán lo más totalizador posible (llegando en muchos casos a la omnisciencia) la vida en un sentido coral e individual de una familia que hasta la conferencia de Potsdam entre Churchill, Stalin y Truman, vive el horror del hambre y la necesidad de esconderse de los ataques de unos y otros, para después pasar a contarnos cómo esas ideas tras las que consiguieron esperanza para tiempos mejores eran pura filfa.

Dar voz a los sin-voz es lo que se consigue en el sentido que aquí en España tan bien entendieron Miguel de Unamuno (con su concepto de “intrahistoria”) o el mismísimo Luis Buñuel en Los olvidados. Esa mirada es precisamente la que enmarca ese contexto de destrucción, horror y barbarie, hoy tan identificable por otras razones y que nos recuerda cómo el ser humano en este aspecto está lejos de evolucionar.

Ida es una maestra de educación especial que habita en el romano barrio de san Lorenzo. Sin sentirse una mujer especialmente bella y viviendo alguna que otra aventura con Giuseppe, un anarquista que juega en el plano amoroso a dos bandas con Nora, tiene con él un hijo llamado Ninuzzu, para después separarse de ella. Conoce a Günther, soldado alemán que está de paso, que la violará y desaparecerá para siempre. La voluntad insobornable de tener el hijo fruto de esa estéril relación (por más que ella en su ingenuidad, no se dé cuenta de que lo es), caiga quién caiga, hará que el niño Usseppe permanezca en sus faldas pegado hasta los seis años, mientras Nino se hace soldado partisano. Es el primero de los hijos un chico que crece en la calle, de una espontaneidad abrumadora y una viveza de carácter que le hace valorar ya desde bien pequeño las ideas revolucionarias como engendros que encienden su soberbia obrera.

Resultando muy trágica en todo su proceso la trama que así empieza, Morante la consigue encauzar hacia un tono por el que el olor a lavanda de la ropa tendida al sol, la presencia de Bella, esa perra que defiende todo lo propio, aunque en realidad pueda bien poco, o personajes como los de Piotr, Davide Segre y tantos otros, nos hagan disfrutar de lo lindo con Ida y su reconocible, pero no por ello menos original, mundo.

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