Murió con 82 años, pero hasta sus últimos días siguió haciendo vida activa de poeta. En los últimos años participó en los Cursos de Verano de la Complutense, en seminarios sobre literatura y República, o literatura en el tiempo de posguerra, de la que él fue uno de los máximos exponentes, dentro de esa Generación del 50 que plasmó su hastió antifranquista en forma de verso.
Cada verano pasaba una semana en San Lorenzo de El Escorial, integrado con los alumnos, como un joven de ochenta y pico años muy desgastados, por una vida de exilio, universidades americanas, periodismo a ratos y mucha poesía. Leía sus poemas más conocidos, como "Muerte en el olvido", "El campo de batalla" o el famoso "Para que yo me llame Ángel González". Muchos le conocieron por primera vez en las aulas de los Cursos, donde solía trasnochar en buena compañía con hielos y sus eternos cigarrillos.
Este jueves no será el mismo quien lea los poemas, sino Benjamín Prado, Luis García Montero o Juan Cruz, que en años anteriores le secundaban en las lecturas poéticas. Este jueves, a las 12 del mediodía, en la
Sala Europa del Euroforum Infantes, sonará de nuevo aquello de:
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo