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ENTREVISTA

Natalia K. Denisova: “El problema de Hispanoamérica es ontológico”

Natalia K. Denisova: “El problema de Hispanoamérica es ontológico”
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(Foto: Juan Pablo tejedor)
Jorge Casesmeiro Roger
martes 10 de abril de 2018, 08:54h
Las reflexiones de la historiadora Natalia K. Denisova tras su tesis sobre la Filosofía de la Historia en América.

Como columnista de esta casa es una francotiradora excepcional. Maneja un castellano rotundo, clásico, bien barbado; es decir, sin pelos en la lengua. La historiadora Natalia K. Denisova se define como estudiosa del pensamiento español y lectora del Quijote. Y sólo su indomable heterodoxia explica que no esté en la academia o en la universidad. Me encuentro en la Biblioteca Nacional con esta española de Voronezh, para entrevistarla sobre la impresionante tesis en Filosofía Política que ha confirmado su doctorado: Filosofía de la Historia de América: Los Cronistas de Indias en el pensamiento español (serie “cum laude” de la Fundación Universitaria Española 2017). Licenciada en Relaciones Internacionales y Máster en Estudios sobre América por la Universidad de San Petersburgo, Natalia K. Denisova se enamoró de la cultura española durante su paso por la Complutense, donde estudió Derecho Indiano y Filosofía Política, materias que también cursó durante una estancia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente escribe e imparte conferencias mientras sigue estudiando lo que considera su proyecto vital: comprender la historia y el pensamiento de España.

Pregunta: Su tesis doctoral, calificada de auténtico latifundio histórico, ha tenido el raro honor de ser publicada, y de verse agotada, el mismo año de su defensa. ¿Cuál es su aportación?

R: Principalmente, la actualización de toda la bibliografía sobre Hispanoamérica relacionada con los Cronistas de Indias de los siglos XVI y XVII. O sea, la renovación de un acervo documental que empezó a formarse durante el Renacimiento.

P: El tronco de la tesis es el “Diccionario de Cronistas”.

R: Ellos son los protagonistas. Cada uno es presentado con su biografía, seguida por una relación de sus obras y ediciones, y por un listado con la recepción crítica que se les ha dedicado.

P: Recepción que ordena cronológicamente.

R: Para trazar a golpe de vista el tratamiento que se les ha dado a lo largo de la historia. Y entonces ves cómo cambia el enfoque, el tema.

P: Su investigación recoge unos trescientos autores, que se dice pronto.

R: Casi trescientos, sí, desde el Descubrimiento hasta el 1700, con alguna excepción.

P: Parece que ha hecho usted el canon de los Cronistas. No creo que muchos historiadores puedan citar de memoria ni a diez.

R: La historiografía indiana del siglo XX siempre recoge a los mismos: Hernán Cortés, Las Casas, Bernardino de Sahagún, Motolinía… Todos los demás quedan apartados para el uso académico, como si no existieran.

P: Seguro que detrás de cada uno de ellos hay una película por hacer.

R: La historia de los cronistas está llena de personajes y episodios fascinantes. Por eso el diccionario discrimina la entrada biográfica del aparato bibliográfico. Para que el lector no especializado pueda disfrutar de las vidas de estos hombres. Que son de un interés enorme para comprender la historia y la imagen de España.

P: En qué sentido.

R: ¿Cuál es el factor que más ha afectado al pensamiento y la historia de España? La “leyenda negra”. Un fenómeno que aparece y se desarrolla desde el siglo XVI, cada vez con nuevos matices y rebrotes, como explicaba Julián Marías.

P: Por ejemplo.

R: Hable usted a cualquiera de “pensamiento español”. Le dirán que eso no existe. Que España no tiene filosofía, ni filósofos. Verá desconocimiento, rechazo, y hasta ocultamiento por parte del mundo académico. Y está, por supuesto, el problema del indigenismo.

P: La visión de los vencidos.

R: Es el problema de la “historia monumental”, que decía un autor mejicano. La historia sin matices. Todo en blanco y negro, héroe o villano. ¿Y qué nos da hoy la historiografía? La visión de los vencidos, sí, la de los indios buenos que perdieron ante los malvados españoles. Oiga, ¿podemos matizar? No. Pues entonces, lo único que nos queda es ideología y manipulación.

P: Pues sí que parece un problema monumental.

R: Yo misma estoy ahora matizando, ampliando el Diccionario. Piense que ningún Estado, ningún imperio, ha tenido nunca a su disposición tantos documentos como el español. Nunca los ciudadanos de un imperio escribieron tanto como los hispanoamericanos. Todavía no se han visto ni la mitad de los documentos existentes de aquella época; y no hablemos ya de los escritos particulares.

P: Y de un imperio unificado emerge, claro, una historia común.

R: Es difícil separar España de América, sobre todo en aquella época. Pero esa historia, hoy, no se hace ni en España. Se construye, en cambio, una leyenda de vencedores y vencidos.

P: Deme el nombre de un vencido.

R: Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. ¡Oh!, dirán, un indígena, un vencido, su crónica debe ser fiable... Luego vemos que es un indígena con tres abuelos españoles, que fue gobernador y pleiteó por la herencia de un señorío para incrementar su patrimonio.

P: O sea, un terrateniente.

R: Entonces, ¿de qué vencidos estamos hablando? Como el Inca Garcilaso, cuya crónica está escrita en Montilla, entre la nostalgia por la tierra a la que no volverá, y la frustración hacia la España que no ha colmado sus pretensiones aristocráticas.

P: Más que de indígenas hablamos de mestizos.

R: Garcilaso es el hijo de la princesa inca y el capitán español, el “héroe” mestizo, sí. Es el icono de la independencia del Perú, una encarnación de la fórmula traslatio imperii. Pero en el siglo XX es sustituido en el imaginario peruano por otro cronista “héroe”: Felipe Huamán Poma de Ayala.

P: ¿Y qué cambia con eso?

R: Poma de Ayala es un indígena escasamente educado. La “historia monumental” nos lo muestra como un auténtico vencido, cuyos tropiezos personales reflejan el fracaso del sistema virreinal, que discriminaba a los indígenas, etc. Y resulta que la crítica más dura que hace Huamán es a la existencia de los mestizos.

P: Pero si el mestizaje es el triunfo de todo aquello.

R: Pues para Poma de Ayala no hay nada más terrible que un mestizo. No deberían existir. El mestizo es la confusión total. Y el buen gobierno separar a los indígenas de los españoles, para que los mestizos desaparezcan. El matrimonio interracial, aceptado desde el principio por los Reyes Católicos, Huamán lo considera el peor de los crímenes.

P: Primero un terrateniente, y ahora un racista.

R: Si vamos a tachar a otros cronistas españoles por expresiones desafortunadas hacia los indígenas, entonces podemos decir que Poma de Ayala, más una pobre víctima del sistema, es un personaje peculiar, con una vida personal bastante desgraciada, que propone su propio gobierno a partir de un cierto racismo; por no aplicar anacrónicamente, como hacen otros, el término holocausto.

P: Menos mal que fue vencido.

R: Pero esta información, que se puede leer, no aparece prácticamente en ninguna investigación actual. Lo que te cuentan es la canción del vencido, del injustamente tratado, la víctima del sistema.

P: Usted ha estudiado mucho a otro cronista, cuya obra en términos de “leyenda negra” es la madre de todas las bombas: Bartolomé de Las Casas.

R: Un personaje muy tergiversado por la historiografía actual. La última biografía de Las Casas, la de Bernat Hernández, no referencia ni una cita, ni un documento. Imposible de estudiar. Yo diría que muchos de sus argumentos salen de la obra de Menéndez Pidal.

P: Que según usted sigue siendo una de las mejor documentadas.

R: Es una lástima que la gran aportación lascasiana de Menéndez Pidal haya sido despreciada. Un trabajo tan inmenso, tan bien hecho. Pero claro, hay que difamar la historiografía de la época franquista, aunque luego se reconozca su riqueza.

P: No salimos de ahí.

R: Es el mayor daño que se le ha hecho al estudio del pensamiento español. Si intentas comprenderlo no tienes cabida: eres un facha. Pero es que las mejores ediciones, las mejores biografías y análisis de las obras de Sepúlveda, Vitoria, la Escuela de Salamanca, etc., fueron realizadas durante el franquismo.

P: Y ahora hay tirarlas a la basura.

R: Eso parece. ¿Y por qué? Porque al autor le tocó escribir en aquella época. Pero es un hecho que las obras mejor documentadas sobre el Imperio e Hispano-América son las de entonces –años 60, 70, 50 incluso–, no las de ahora. Vale que habrá algunos autores un poco machacones con la idea de la grandeza de España. Pero oiga, usted es un investigador, tenga en cuenta esto y siga adelante.

P: Anda que si nos juzgan a todos por el mismo rasero…

R: Podríamos coger el prólogo de Martínez Torrejón a la Brevísima… de Las Casas –editada por la Real Academia en época de Rodríguez Zapatero–, y desecharlo como hijo de un contexto histórico de manipulación y revanchismo izquierdista.

P: ¿Qué visión se tiene en Rusia de todo esto?

R: La heredada del comunismo. Cuando estudiaba en la Universidad San Petersburgo todavía quedaban profesores de la época soviética. La gente no se hace a la idea de hasta qué punto se ha publicitado allí la leyenda negra española. Claro, para hacer una América soviética tenían que destruir la obra de España.

P: El suyo es un trabajo interdisciplinar, de Filosofía de la Historia.

R: Esa parte crítica es la requiere un mayor desarrollo. El historiador acopia datos. Pero debe intentar reconstruir la Historia. ¿Qué es el hombre?, se preguntaba Ortega: razón histórica. Cuando viajas por Hispanoamérica y hablas con la gente lo que te encuentras es un problema existencial.

P: La escucho.

R: O están reñidos con el mundo, o no quieren aceptar lo que son. Hablan español, muchos hasta son creyentes, católicos. Pero tienen un conflicto para reconocerse como parte de la historia de España, con lo que se rechazan a sí mismos. ¡Es un problema ontológico!

P: Ahí el papel de la filosofía en la historia.

R: ¿Cómo vas a entenderte a ti mismo, si tu historia colectiva la empiezas en el siglo XIX, y sobre la negación de los tres siglos anteriores? Vale, se puede aceptar como un proceso para la construcción del Estado nacional. Pero es que ya estamos en el siglo XXI. Si no asumimos lo que hemos sido, es muy difícil entender lo que somos ahora.

P: Se nota que son hijos de la marca España.

R: La leyenda negra es como el jamón ibérico, producto nacional. Mire, cuando se produce el levantamiento de 1642 en Cataluña, un editor de Barcelona publica una Brevísima relación de la destrucción de las Indias con un pequeño cambio en el texto: donde Las Casas decía “españoles”, él pone “castellanos”.

P: Pues no ha cambiado mucho, la cosa. Pero ¿ayuda seguir denunciando hoy la leyenda negra, o ensucia todavía más?

R: Es difícil responderlo. Yo no estoy interesada en hacer apología. No voy diciendo por ahí que el español era un imperio idílico. Lo que me interesa es despertar cierto interés por la realidad histórica. Esto es algo muy complejo en cualquier país. Pero en España mucho más, precisamente por la leyenda negra, los regionalismos, etc.

P: Por eso hacen falta grandes síntesis.

R: Si mi tesis se hubiera ceñido a medio siglo no habría podido ver nada. He necesitado abarcar doscientos años. Y entonces obtengo una síntesis que me sirve para entenderme aquí y ahora.

P: Y ya que lo menciona, ¿qué está investigando ahora?

R: He entrado de lleno en siglo XVIII. Llevo ya unos ciento veinte cronistas. Es un siglo muy importante, la Ilustración, que por supuesto estudié para la tesis. Aunque no lo incluí como parte del diccionario. Será como un tercer volumen.

P: Adelánteme alguna idea rectora de esa etapa.

R: Es un momento de rechazo del pensamiento español. Muchas ideas de los siglos XVI y XVII son vigentes hoy en día. Y lo eran en el XVIII. Pero la Ilustración necesita rechazarlas porque es pensamiento católico.

P: De nuevo la historia monumental, la falta de matices.

R: Otra vez. Como lo del franquismo. Pero ¿qué culpa tiene uno de haber escrito durante Zapatero, o durante Rajoy? Pues los pensadores del 1500 y del 1600 eran teólogos, influidos totalmente por la visión religiosa del mundo. Y eso los ilustrados no podían tolerarlo y los rechazaron.

P: ¿Qué idea tenían de América los ilustrados?

R: Se divulga una idea denigratoria y atrasada de la América española, que por supuesto protestaron algunos americanos muy cultivados. El concepto que los ilustrados tienen de Hispanoamérica es bastante intolerante y manipulador.

P: La ignorancia ilustrada es muy osada.

R: Así es. Una visión muy ilustrada, muy racionalista, pero totalmente alejada de la realidad. El pensamiento va por un lado pero desprecia la realidad, como si no la necesitara.

P: Pero habría debate.

R: La Real Academia de Historia se funda en 1738. Pero la respuesta urgente que demandaban los ataques al imperio y al pensamiento español se diluyó entre las luchas intestinas que había entre los propios académicos. O entre estos y el Consejo de Indias, que llegó a prohibirles el acceso a los archivos, impidiéndoles elaborar el atlas del Nuevo Mundo.

P: Usted sí participa activamente en el debate ciudadano como columnista. Y hable del Brexit, de Putin o de tauromaquia, siempre lleva consigo un caudal de historia viva.

R: Entender la actualidad sin la historia es tan inútil como conocer la historia sin aplicarla al aquí y ahora. La erudición, en sí misma, no me interesa. Yo a veces confundo datos, me pierdo en nombres. Pero eso se corrige. Para mí lo importante es la tendencia, hacer de un hecho las transformaciones a lo grande, que diría Ortega, durante siglos y siglos.

P: ¿Y qué le dice a la Dra. Denisova, aquí y ahora, el libro que Dostoievski consideraba el gran compendio del hombre la tierra?

R: Recuerdo, en la casa de Dostoievski, una balda llena de ediciones del Quijote. Es una obra tan entrañable que no sé por dónde empezar. La he leído varias veces. Y cuanto más la releo más me gusta. Gracias a ella, por ejemplo, hablo español.

P: ¿Y qué podemos aprender, del Quijote? ¿Qué le ha enseñado a usted?

R: Es que es todo, la visión del mundo, la propia lengua… Yo tiendo a utilizar palabras del Quijote, y a veces la gente no me entiende. Hay un autor, no recuerdo, que dice: el Quijote es una visión magnífica del hombre durante el reinado de Felipe II.

P: Explíqueme.

R: Es una obra del siglo XVII, pero Cervantes ha vivido la época de Felipe II. Y es en esta época que el imperio está hecho y derecho. En su funcionamiento plenario. ¿Cuál es la gran creación de este tiempo? Es difícil de decir, porque es un momento de tanta plenitud, que sólo puede dar pie a la decadencia.

P: Y el Quijote es el símbolo de esto.

R: Hay dos símbolos de este periodo. El símbolo tangible, material, es el Monasterio del Escorial. Y el inmaterial, si dejamos a un lado el soporte, es el Quijote.

P: Símbolo de plenitud y decadencia.

R: El Quijote es aventura, entusiasmo. Pero la verdad del Quijote llega cuando muere. ¿Y cuándo muere? Cuando pierde la ilusión. Como es durante Felipe II, después de conquistar el mundo, cuando España pierde la ilusión. Piense en aquella España del Renacimiento, del Estado hecho, de los hombres en busca de grandeza.

P: Y todo se vuelve demasiado grande.

R: Ya no puede serlo más. Sólo queda caer, retirarse tras los muros de El Escorial. Y es cuando el Quijote se dice: ¿Qué pinto yo en este mundo, si ya no puedo ir por ahí de caballero andante? Y la melancolía lo mata.

P: Es una síntesis magnífica.

R: No se supo sostener la ilusión en los hombres, en las instituciones. Y despertaron los particularismos. Como ahora: que si Cataluña, que si Andalucía, que si yo quiero más… Se pierde de vista el interés general, el proyecto común, la nación, la solidaridad. Al final tendremos que sacar un visado hasta para ir a Alcalá de Henares.

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