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NOVELA

Gaël Faye: Pequeño país

domingo 22 de abril de 2018, 18:25h
Gaël Faye: Pequeño país

Traducción de José Fajardo González. Salamandra. Barcelona, 2018. 224 páginas. 18 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Paulo García Conde

No es sencillo tratar la guerra (cualquiera que esta sea) en una novela. No lo es desde el punto de vista del escritor ni tampoco del lector. El primero se lanza a un terreno cenagoso, diluyéndose en un proceso que difícilmente le proporcionará complacencia; el segundo juzgará sin condescendencia no solo el relato, sino la potestad del autor para creerse capaz de convertir en ficción una realidad imposible de aplacar. Pero cuando quien, letra por letra, construye el discurso narrativo es una de las víctimas de ese conflicto, la posición respecto a la novela puede cambiar. Desde el punto de vista del lector, probablemente; desde el escritor, con plena certeza.

Gaël Faye no solo deslumbra por la lucidez que atesora a sus treinta y seis años. De madre ruandesa y padre francés, tuvo que abandonar su Burundi natal para refugiarse en Francia a una edad en la que la imposibilidad de despedirse de un hogar se convierte en una huida nada fácil de asimilar, nada fácil de mantener a raya en la memoria. En Pequeño país, este joven escritor llegado del mundo del rap cuenta la historia de Gabriel (posible alter ego), un niño tranquilo e inocente que recorre las calles de Buyumbura en compañía de sus amigos. Gaby es mestizo, vive rodeado de algunas comodidades que levantan un cerco alrededor de otros paisajes menos esperanzadores. Sin embargo, él es parte de ese pequeño país, parte de sus paisajes, de sus costumbres, de sus rutinas.

Como retazo de la Historia que ya ha quedado señalado con letras rojas, la guerra parte en dos la infancia de este niño que representa a tantos miles, a tantas familias que se vieron sacudidas por un huracán de odio y violencia que nadie acertaría a explicar. La pelea entre tutsis y hutus que, en realidad, enmascaraba otros conflictos menos visibles, o que dejaba a la vista los intereses de otros países que tomaban decisiones en un territorio donde sus ciudadanos parecían importar más bien poco, convertidos todos ellos en simples piezas de ajedrez.

Gaël Faye narra desde la mirada de un niño superado por las circunstancias. No hay pretensión en sus líneas, solo una voz íntima que logra hacernos avanzar de la mano de ese crío, percibiendo las pequeñas alegrías escondidas en las aventuras más banales en compañía de los amigos, sintiendo los miedos que pueden agitar un cuerpo demasiado pequeño como para entender los horrores de una guerra. Hay belleza y hay dolor en el camino que traza, y ambos provienen de la honestidad con la que el autor de la obra se ha decidido a contar, a través de una novela, unos hechos que no ha tenido más remedio que conocer de primera mano.

Pequeño país habla así de la grandeza que hay, en efecto, en las cosas pequeñas. De la grandeza de los actos más sinceros, más sencillos, pero también de la grandeza referente al tamaño. A la magnitud de un conflicto capaz de inflamarse por culpa de la más pequeña y devastadora de las llamas. Sin olvidar que, en medio del caos, la vida continúa latiendo.

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